Tener los ojos abiertos.

Es uno de los principios básicos de la verdadera ciencia de lo oculto que quien se dedique a ella lo haga con plena conciencia; no emprender ni practicar nada sin tener conocimiento de sus efectos. Un maestro de la ciencia oculta al dar un consejo o instrucción, advertirá siempre al mismo tiempo lo que, como consecuencia, pueda producirse en el cuerpo, alma o espíritu de quien aspire al conocimiento superior.

En este espacio, daremos a conocer algunos de los efectos en el alma del discípulo. Solamente quien conozca estas indicaciones podrá hacer con plena conciencia los ejercicios que conducen al conocimiento de los mundos suprasensibles, y sólo así será un verdadero discípulo.

En la genuina enseñanza oculta debe evitarse totalmente el andar a tientas en la oscuridad. Quien no quiera consagrarse al discipulado con los ojos abiertos, quizá se haga médium, pero nunca será un clarividente en sentido de la ciencia esotérica.

 

 

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