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LA FORMA EN QUE EL SER
HUMANO CONTEMPLA SUS REPETIDAS VIDAS PASADAS
Cuando hemos llegado a un punto, en nuestra evolución psíquica, que llevamos
en nosotros como "memoria" lo que llamamos "nosotros" o nuestro yo en la
vida física, y nos experimentamos nosotros en otro ego recién nacido,
entonces somos capaces de ver nuestra vida extendiéndose más allá de los
límites de la vida terrestre.
Ante nuestros ojos
espirituales se presenta el hecho de que hemos tomado parte en otra vida, en el
mundo espiritual, antes de nuestra existencia actual en el mundo de los
sentidos; y en esa vida espiritual es donde se encuentran las causas reales que
modelaron nuestra existencia física. Nos familiarizamos con el hecho de que
antes de recibir un cuerpo físico y antes de que entráramos en la existencia
física, vivíamos una vida puramente espiritual. Vemos cómo ese ser humano en que
nos hemos convertido, con sus facultades e inclinaciones, fue preparado durante
una vida que tuvimos en un mundo puramente espiritual, antes del nacimiento. Nos
vemos como seres que vivieron espiritualmente antes de su entrada en el mundo de
los sentidos, y que ahora están tratando de vivir como seres físicos con
aquellas facultades y características psíquicas que quedaron unidas a ellos
originalmente y que se desarrollaron después de su nacimiento.
Sería un error decir:
¿Cómo es posible que en esa vida espiritual yo haya aspirado a poseer facultades
e inclinaciones que ahora que las tengo no me gustan absolutamente ? Nada
importa que en el mundo de los sentidos una cosa guste al alma o no. Ese no es
el punto. El alma tiene puntos de vista completamente diferentes para sus
aspiraciones en el mundo espiritual que los que tiene en el mundo de los
sentidos. El carácter de la sabiduría y de la voluntad es completamente
diferente en los dos mundos. En la vida espiritual sabemos que para beneficio de
nuestra evolución total necesitamos cierta clase de vida en el mundo físico, la
que una vez que la tenemos puede parecer desagradable o deprimente para el alma;
y a pesar de ello luchamos por ella, porque en la existencia espiritual no
preferimos lo que es simpático o agradable, sino lo que es necesario para el
debido desarrollo de nuestro ser individual.
Y lo mismo sucede con
respecto a los acontecimientos de la vida. Los contemplamos y vemos como los
hemos preparado en el mundo espiritual, tanto lo desagradable y antipático, como
lo simpático y agradable, y como hemos sido nosotros mismos los que hemos
provocado los impulsos que dieron origen tanto a nuestras experiencias dolorosas
como felices en la existencia física. Pero aún así puede parecernos
incomprensible, mientras sólo vivamos en el mundo físico, que hayamos sido
nosotros mismos los creadores de tal o cual situación en la vida.
En el mundo espiritual,
sin embargo, hemos tenido lo que pudiéramos llamar visión o percepción
suprasensible, que nos hizo decir: "Tendrás que pasar por tal experiencia
desagradable o antagónica, porque sólo tal experiencia puede hacerte adelantar
un paso más en tu desarrollo total". Por otro lado, desde el punto de vista del
mundo físico solamente, no es posible nunca decidir cuánto hace adelantar a un
ser humano una vida terrestre en su evolución total.
Habiendo realizado la
existencia espiritual que precede a la terrestre, vemos las razones por las
cuales en nuestra vida espiritual hemos creado cierto destino para la siguiente
vida terrestre. Y estas razones nos conducirán más atrás aún, hacia una vida
terrestre anterior, vivida en el pasado. Del carácter de esa vida terrestre
anterior, de las experiencias vividas y las capacidades adquiridas en ella,
dependen los deseos en la siguiente vida espiritual de corregir las experiencias
defectuosas y desarrollar las capacidades descuidadas entonces, mediante una
nueva vida en la tierra. En el mundo espiritual uno siente una injusticia
cometida por uno mismo contra otro ser humano, como una perturbación de la
armonía del mundo, y entonces comprendemos la necesidad de encontrarnos
nuevamente con ese ser humano en la tierra en nuestra próxima vida
terrestre, con objeto de poder ponernos en tal relación con él como para poder
reparar el error cometido.
Durante el desarrollo
progresivo del alma, el límite de su visión se va extendiendo sobre una serie de
vidas terrestres anteriores. Y en esta forma llegamos mediante la observación al
conocimiento de la verdadera historia de la vida de nuestro Yo Superior. Vemos
que el ser humano va a través de su existencia total en una sucesión de vidas
sobre la tierra, y que entre estas repetidas vidas terrestres, pasa a través de
estados puramente espirituales de existencia, que están relacionados con sus
vidas terrestres de acuerdo con ciertas leyes.
De esta manera, el
conocimiento de existencias repetidas en la tierra se eleva a la esfera de la
observación. (Con objeto de evitar un error de apreciación muy frecuente, es
necesario llamar la atención al hecho siguiente: la suma total de la existencia
de un ser humano no se desarrolla en una repetición ilimitada de vidas. Cierto
número de repeticiones tienen lugar, pero tanto antes del principio como después
del fin de la serie se encuentran estados de existencia completamente distintos,
y todo esto muestra en su totalidad ser un desarrollo inspirado por una
sabiduría sublime).
El conocimiento de las
vidas terrestres repetidas puede ser también alcanzado mediante una observación
razonable de la existencia física. Con el conocimiento que encontramos en este
espacio se nos muestra el camino que lleva más allá de la comprensión mental a
la visión suprasensible de esta reencarnación. |
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