PARA QUÉ SIRVE LA
PSICOLOGÍA
1.
Todo saber implica alguna utilidad. El más especulativo, el más «porque sí»,
muestra que la especie más eminente de actividad mental, el pensamiento, resulta
ser, aun en sus formas más abstractas y divagatorias, algo instintivo, natural
y, en consecuencia, exigido por la vida misma.
La
psicología, se constituye precisamente como ciencia particular, en tanto el ser
humano trata de explicar ordenadamente ese saber intuitivo, connatural, que
utiliza de manera espontánea cuando intenta ser consciente de su comportamiento
y de sus relaciones con los demás hombres.
Más allá
de su diversidad teórica, la psicología se hace práctica como un medio, no el
único, pero sin duda posible, de comprensión de la vida humana. Es evidente,
además, que más allá de su misterio, la vida es algo tangible en el individuo
concreto. El ámbito de lo concreto, resultado natural de la «formalización»
operativa del psiquismo sobre lo meramente físico es, a la vez, el objeto de
estudio de la psicología contemporánea y el campo de sus aplicaciones. Y a la
vista está que, aparte de lo que pueda tener de moda, la psicología se ha
convertido simultáneamente en una de las ocupaciones más difundidas y en uno de
los requerimientos habituales de la sociedad de nuestro tiempo.
2. Las
aplicaciones de la psicología son tan variadas como las propiedades de la vida y
las circunstancias personales.
Hay una
psicología del desarrollo cuyo objeto se extiende de un cabo a otro de las
edades. Desde la primera infancia hasta la etapa terminal de la ancianidad,
pasando por los momentos críticos de la adolescencia y del acceso a la tercera
edad, existen pautas que permiten observar y orientar adecuadamente los procesos
de maduración.
Dentro de
la psicología evolutiva, pero con entidad propia en relación con finalidades y
métodos específicos, la psicología pedagógica es hoy instrumento indispensable
en la educación y la orientación profesional. En conexión con esta última está
la psicología de las actividades laborales.
La
psicología diferencial, base de las tipologías individuales y de los grupos
étnicos y culturales, y la psicología comparada del estudio del comportamiento
animal y su relación con la conducta humana, se fundan en la realidad de la
unión íntima, inseparable, de lo psíquico y lo material, dado, sin más, en los
hechos biológicos.
La triple
dimensión —individual, social y religiosa— constitutiva del ser personal, ofrece
también campos particulares de estudio y aplicación. La psicología social revela
la importancia del grupo como realidad generadora de las supremas realizaciones
de que el hombre es capaz, así como los riesgos de una extremada socialización
de los elementos característicos de lo social: publicidad, propaganda,
información, etc., capaces de articular ecosistemas gravemente condicionantes de
la libertad humana.
3.
Por último, es evidente que si el saber psicológico y sus aplicaciones resultan
inseparables del normal despliegue de la vida, su importancia se acrecienta
frente al hecho universal de enfermar y morir. Independientemente de la
patología específica del psíquismo, cuya clínica se había constituido, incluso
antes del psicoanálisis, en banco de datos de considerable interés, el progreso
de la psicología en general y la experiencia médica han puesto de relieve la
importancia de la personalidad —como infraestructura psicológica—, tanto en el
hecho como en la forma de manifestarse cualquier dolencia. La psicología médica
y su proyección clínica no son solamente una introducción a los problemas de la
salud mental o una propedéutica psiquiátrica, sino también una disciplina
fundamental de los profesionales de la medicina y de la asistencia.
A pesar
de la ambigüedad de sus límites y de la diversidad de sus ideas básicas, la
psicología clínica se ha constituido en medio auxiliar indispensable del
diagnóstico, la terapéutica, la prevención y la rehabilitación. El desarrollo de
las técnicas —test, encuestas, entrevistas— psicométricas (medida de aptitudes y
funciones) y proyectívas (evaluación de la personalidad y motivaciones), así
como la amplitud de las terapéuticas psicológicas, requieren una especialización
de rango universitario.