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Las 8 actitudes
interiores.
El desarrollo interior se realiza de la siguiente manera. El hombre debe
concentrar su atención y cuidado en ciertas actitudes o conductas del alma
que comúnmente ejecuta en forma descuidada y desatenta. Estas actitudes son
ocho.
* La primera consiste en cómo el hombre se apropia sus ideas. Generalmente
deja que a este respecto intervenga la casualidad; oye tal o cual cosa, ve
este o aquel fenómeno y forma sus conceptos según estas percepciones.
Mientras proceda de esta manera, el loto de dieciséis pétalos permanece
inactivo; sólo empieza a ser activo cuando el discípulo se encargue de su
autoeducación a este respecto.
Para lograrlo, debe prestar atención a sus representaciones, cada una de las
cuales tendrá que adquirir para él el significado de un determinado mensaje
referente a las cosas del mundo circundante. Y no se dará por satisfecho con
ideas que carezcan de tal significación; tratará de formar sus conceptos de
tal modo que reflejen fielmente el mundo exterior, esforzándose en erradicar
de su alma las representaciones no correctas.
* La segunda actitud del alma se refiere, de manera similar, a las
decisiones del hombre. Aún a lo más insignificante, debe decidirse solamente
después de un examen bien fundado. Alejar de su alma toda acción
irreflexiva, todo acto insubstancial, actuando solamente por motivos bien
pensados.
* La tercera actitud del alma se refiere al hablar. De los labios del
discípulo sólo debe dimanar lo que tenga sentido y significado, pues el
"hablar por hablar" le aparta de su camino. Deberá evitar la conversación de
la manera habitual, la charla confusa y abigarrada. Esto no implica que deba
excluirse de la vida social, sino que precisamente en el trato con sus
semejantes sus palabras deben adquirir significado. Hablará y responderá a
todos, pero pensando en lo que dice y de una manera premeditada. Nunca dirá
nada sin fundamento. Tratará de no hablar ni demasiado poco ni en exceso.
* La cuarta actitud consiste en la regulación del actuar en lo externo de la
vida. El discípulo trata de armonizarlo con el actuar de sus semejantes y
con lo que sucede en torno suyo; se abstendrá de hacer todo cuanto moleste a
los demás o que esté en contradicción con lo que pasa a su derredor; tratará
de disponer su obrar de manera que se ajuste armónicamente al mundo
circundante y su propia situación en la vida, y lo demás.
Cuando un móvil exterior le lleve a actuar, examinará cuidadosamente el modo
de responder lo mejor posible a esa motivación. Al actuar por propia
iniciativa, considerará lo más claramente los efectos de su modo de obrar.
* El quinto punto consiste en la organización de toda su vida. El discípulo
tratará de vivir con arreglo a las leyes del espíritu y de la Naturaleza,
evitando por igual la precipitación y la indolencia. La actividad exagerada
y la desidia se encontrarán igual de lejos de él. Considerará la vida como
un medio para trabajar espiritualmente y se conducirá de acuerdo con esta
idea. El cuidado de su salud, sus hábitos, etc. los cultivará de manera tal
que resulte una vida armoniosa.
* El sexto punto se refiere a las aspiraciones y ambiciones humanas. El
discípulo examinará sus facultades y sus aptitudes y procederá siempre según
su conocimiento de sí mismo. No intentará realizar lo que esté fuera del
alcance de sus fuerzas; pero tampoco dejará de hacer lo que se encuentre
dentro de sus posibilidades. Por otra parte, él mismo se fijará objetivos
que concuerden con los ideales y los altos deberes del ser humano.
No se considerará, de manera irreflexiva, como una rueda del engranaje
social, sino que tratará de comprender su existencia cotidiana y descubrir
cuál es su vocación como ser humano. Se esforzará por cumplir sus
obligaciones cada vez mejor y con mayor perfección.
* La séptima característica de su vida anímica se refiere al esfuerzo de
aprender de la vida todo lo posible. Nada ha de pasar ante el discípulo sin
brindarle ocasión de acumular experiencias que le sean útiles para obrar
apropiadamente. Si realizó algo de una manera equivocada e imperfecta, esto
le dará motivo para realizar más tarde algo similar en forma más adecuada o
más perfecta. Y cuando ve actuar a otros, los observará con fines análogos.
Tratará de acumular un rico tesoro de experiencias, y de recurrir a él
siempre con especial atención. Nunca hará nada sin mirar atrás sobre
experiencias que puedan ayudarle en sus decisiones y en su actuar.
* Por último, el octavo punto consiste en que el discípulo deberá echar una
mirada, de vez en cuando, a su propio interior; debe entonces reconcentrarse
en sí mismo, hacer un cuidadoso examen de conciencia, formar y examinar los
principios que rigen su vida, pasar revista a sus conocimientos, considerar
sus deberes, reflexionar sobre el, contenido y el designio de su vida, etc.
Ya hemos hablado de todo esto en los espacios precedentes; aquí lo
enumeramos meramente con referencia al desenvolvimiento del loto de
dieciséis pétalos. |
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