Las escuelas psiquiátricas y
psicológicas
La
psiquiatría científica nació con la medicina moderna a finales del siglo XVIII y
desde entonces ha recibido de ella sus mayores influencias, es decir, la
principal escuela de la psiquiatría es ciencia médica en general. Sin embargo,
la psiquiatría, desde antiguo, ha buscado en otras ciencias, biológicas,
psicológicas, filosóficas, sociológicas e incluso políticas, el modo de
enriquecer sus conocimientos, desgraciadamente a veces de un modo demasiado
unilateral. La pugna entre escuelas «psicológicas» y «somáticas» caracteriza al
siglo XIX y en gran parte a éste. El psicoanálisis de Freud irrumpió desde los
últimos años del siglo pasado y llegó a ser durante décadas la escuela de más
influencia en los Estados Unidos. En la actualidad, las escuelas más
descriptivas y las biológicas han adquirido el protagonismo, en parte como una
respuesta desde la investigación científica y médica a un movimiento dotado de
un ingrediente ideológico tan importante como ingenuo que se denominó a sí mismo
anti-psiquiatría y que tuvo su auge a finales de la década de 1960.
Por
aquellos años, la psicofarmacología que había nacido diez años antes, había
comenzado a dar sus frutos (reducción de la sintomatología más grave y
disminución de las necesidades de internamiento psiquiátrico), lo que permitió
una actitud contra el internamiento psiquiátrico y contra la psiquiatría en
general, que se basaba en la inexistencia de la enfermedad mental, en que el
llamado loco no es sino un individuo que de alguna manera inquieta o altera al
grupo familiar o social, y en la existencia de una actitud negativa,
segregadora, de la familia o la sociedad hacia estos individuos, que así son
designados como «enfermos mentales» (de acuerdo con esto, el diagnóstico es una
forma de etiquetar a una persona) en colaboración con una psiquiatría que
secunda a los poderes familiares y sociales constituidos.
Esta
ideología social llevó a muchos países al cierre de los establecimientos
psiquiátricos, a la disminución de los recursos asignados para la psiquiatría y,
lo que es peor, a convertir a antiguos enfermos acogidos y tratados, en
vagabundos. En algunas ciudades occidentales más del 50 por 100 de los que
carecen de hogar son enfermos mentales que han cambiado el techo de los
establecimientos por el de las estaciones de tren o metro, en los mejores casos.
Este movimiento, llamado «desinstitucionalización», se ha hecho, en muchos
casos, sin poner en marcha una asistencia comunitaria, ambulatoria, que es la
mejor alternativa al internamiento prolongado.
La
psicología nació al segregarse, como ciencia, de la filosofía y sus primeras
escuelas fueron ante todo médicas y psiquiátricas. No podía ser de otra manera
por la larga tradición de la medicina como profesión de estudio y servicio de
los individuos. Poco a poco la psicología ha ido desarrollando sus propias
escuelas (las que, a su vez, tienen repercusión en el desarrollo de la
psiquiatría y de la medicina en general), basadas en métodos diferentes y a
veces no es posible referirse a una psicología, sino a las psicologías.
Entre las
principales escuelas psicológicas hay que destacar a las conductistas, que se
basan en el estudio de la conducta manifiesta y que son las que más han servido
para el desarrollo científico de la psicología, tanto que ésta ha sido definida
como ciencia del comportamiento. Otras escuelas se mueven en un ámbito de
relación con la neurofisiología (psicología fisiológica o psicofisiología),
mientras que otras lo hacen en el campo fronterizo con la sociología
(psicosociología). De todas maneras no hay rama de las ciencias antropológicas
que no tenga relación con la psicología, ya que en cierta manera la psicología
es un tronco principal de las mismas.
Los
estudios de la conducta animal, en especial en su medio natural, tal y como hace
la etología, tienen una gran repercusión en la psicología actual, y del
psicoanálisis han derivado escuelas de psicología profunda, muy influidas por la
filosofía (en especial por escuelas fenómeno lógicas o existencialistas).
La
actividad clínica de la psicología ha permitido el desarrollo de técnicas de
estudio de la personalidad y de la medida de sus rasgos mediante exploraciones
objetivas (test), de gran trascendencia, incluso para la evaluación y
tratamiento de enfermos con lesiones cerebrales (neuropsicología). Lo mismo cabe
decir de la psicología del desarrollo, que ha permitido, con Piaget y su
escuela, describir las etapas de la adquisición de las capacidades intelectuales
y psicológicas desde el momento del nacimiento.