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Sentido de identidad
El sentido de la propia identidad, sencillo, natural, libre y profundo,
independiente de la opinión de los demás, hacen inútiles la búsqueda de
aprobación y la necesidad de realizar acciones fuera de lo común. Procura
una gran serenidad interior y elimina el estrés ligado a la importancia que
se concede a la opinión de los demás. Deja uno de juzgarse a sí mismo, pues
la comparación y la evaluación es un sistema de defensa desconocido para el
alma.
Además, es una identidad naturalmente original. En cuanto al ego, no somos
originales. Todos tenemos más o menos los mismos mecanismos de defensa, es
decir, las mismas programaciones en el ordenador, programaciones que
proceden del pasado de la humanidad. Pero el Ser, en cambio, tiene una
originalidad propia que no necesita ser probada, pues existe en su misma
esencia.
Podríamos incluso ir más lejos, porque identidad evoca en cierta forma la
idea de separación. Pero, en lo que respecta al alma, ya no existe la
experiencia de «tu identidad», «mi identidad». Es una experiencia distinta.
Más que identidad, podríamos decir que, para el Ser, hay un sentido profundo
de existencia que hace que nos sintamos existir por nosotros mismos, sin
necesidad de considerarnos diferentes o separados de los demás. Ya no
necesitamos conceder importancia a nuestra propia persona. Ese sentido
profundo y natural de la existencia proporciona una gran paz y una enorme
libertad.
Luego, hay muchas personas que andan en busca de su identidad. La búsqueda
es sincera, pero el ego, muy hábil, sabe utilizar esa búsqueda para reforzar
sus propios mecanismos y encontrar justificaciones para mirarse el ombligo.
“Quiero saber quién soy”. La respuesta última es muy sencilla: con respecto
al ego, no somos “nada”, nada más que una máquina que desaparecerá al cabo
de algún tiempo e irá a unirse con la energía universal. En cuanto al alma,
somos todo, somos “Dios”. La única forma de responder a la pregunta de saber
quiénes somos es entrar en contacto con el alma. Aunque, entonces, no nos
planteamos siquiera esa pregunta porque tenemos un sentido directo de
nuestra propia existencia, libre de toda referencia a los demás.
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