|
Utilización de la mente inferior automática I.
Ya sabemos hasta qué punto la utilización de la mente
inferior deforma nuestra percepción de la realidad. Ahora deseariamos
precisar uno de sus mecanismos principales: el fenómeno del deseo, pues es
en ese aspecto en el que tendremos que trabajar en particular para tener
acceso a la mente superior.
I.
El mecanismo de los deseos y de las falsas necesidades procedente de la
construcción de los sistemas de defensa.
Cuando podamos ver todas las cosas como son, y no como
nosotros deseamos que sean, entonces no tendremos decepciones y rara vez nos
entristeceremos.
El iniciado
Durante una experiencia no integrada, no asimilada, la mente
inferior construye un conjunto de reacciones de defensa automáticas para
intentar evitar el sufrimiento en situaciones futuras más o menos
semejantes. A lo largo del estudio de las estructuras del carácter se pueden
observar cuáles son los principales sistemas de defensa que el ser humano
lleva en sí.
Todos
ellos tienen el mismo funcionamiento básico, un funcionamiento rudimentario.
Tomemos un ejemplo sencillo:
En una vida pasada, Betty era hijo de un señor de la Edad
Media. A pesar de su poca edad, le enseñan a montara caballo. Como le gusta
mucho, un día, estando ausente su instructor, decide ir a dar una vuelta él
solo. Al salir de las caballerizas, todo va bien. Se aventura un poco más
lejos por el campo y, como le agrada mucho el paseo, decide acelerar un poco
el paso; así que espolea al caballo, que empieza a galopar cada vez más
aprisa. Al principio lo encuentra muy divertido, pero enseguida se da cuenta
de que no sabe qué ha de hacer para refrenarlo. El caballo va a galope
tendido, y el niño empieza a tener miedo. El miedo se transforma en pánico
cuando llega a un puente, que una gran carreta está atravesando lentamente
ocupándolo de parte a parte. El niño es incapaz de dominar al caballo, que
se encabrita. Descabalga al niño bruscamente y lo lanza por encima del
puente; y cae en el desfiladero, muy malherido. Alguien acude en su socorro
y lo lleva al castillo, donde muere en medio de grandes sufrimientos.
En la vida presente, Betty tiene horror a los puentes. Evita
utilizarlos en lo posible, aunque tenga que dar grandes rodeos. Cada vez que
ha de atravesar un puente, se siente muy mal, muy angustiada, y desea llegar
rápidamente al otro lado.
Al vivir aquella experiencia, se grabó en ella una memoria
activa. Se registró el puente y, además, una conclusión: los puentes son
peligrosos. Una conclusión elemental, primaria si se quiere, pero es así
como funciona el inconsciente.
La dinámica del deseo

Los sistemas de defensa crean falsas necesidades y el
fenómeno del llamado deseo, que no es más que el apego al placer de ver
colmadas esas «necesidades». El término «deseo» incluye los deseos
conscientes y también los inconscientes (por cierto, más intensos y mucho
más activos), y abarca no sólo lo que entendemos en lenguaje normal como
deseo, es decir, lo apetecible, sino también las repulsiones, aversiones,
resistencias, miedos, etc.; o sea, todas las tensiones de la mente inferior
que empujan al cuerpo emocional del ser humano a comportarse de una forma
determinada. No olvidemos que el cuerpo emocional (Llamado, no sin razón, el
cuerpo del deseo en algunas tradiciones esotéricas) es el que da la energía
para actuar (el caballo sirve para avanzar), mientras que el cuerpo mental
da al deseo la dirección.
Algunos ejemplos que ilustran esta dinámica: Julie «desea»
entrar en relación con hombres guapos, rubios y con ojos azules, pero el
deseo está basado en una memoria y no en la realidad objetiva del momento
presente; a Benoit le da horror hablar en público, Jacques detesta los
espaguetis, Amélie es una apasionada de la astronomía, Michéle necesita que
aprecien su valía personal, a Mariette no le gustan los hombres...
Los ejemplos de las estructuras del carácter muestran el
mismo funcionamiento: a Fierre (oral) le encantan los bombones, Marc (oral)
necesita un empleo seguro, Sophie (maso) necesita que se ocupen de ella
constantemente, Paul (maso) sueña con tener una casita a donde nunca vaya
nadie a molestarlo, y detesta la autoridad, Yves (psicópata) desea la
gloria, Marie-Anne (psicópata) necesita sentirse amada.
El ser humano tiene necesidades verdaderas, es cierto:
necesidad de alimento, de seguridad, de relaciones, de apoyo, etc. Pero
cuando se está atrapado en el mecanismo de la mente inferior, esas
necesidades reales se deforman y se utilizan de tal modo que los deseos a
los que dan lugar acaban siendo opuestos a las verdaderas necesidades de
partida. Por ejemplo, la estructura psicópata utiliza el sano deseo de
superación de sí mismo para potenciar el ego; el esquizo utiliza el
verdadero contacto con las energías espirituales para huir; el oral utiliza
la necesidad natural de alimento físico para satisfacer su necesidad de
llenarse constantemente de algo; y así sucesivamente.
A
menudo lo que tememos
es muchísimo menos peligroso que lo que deseamos.
Anónimo
Cuando percibimos la realidad a partir de la mente inferior,
todas nuestras preferencias, aversiones, atracciones, etc., todas las
decisiones que tomamos son sólo expresión del mecanismo del ordenador.
Deseamos ciertas cosas y detestamos otras debido a la carga emocional que
existe en las memorias que tenemos acumuladas en el inconsciente, no en
función de lo que está en armonía con nuestra verdadera naturaleza.
Por eso, cualquier manipulador suficientemente hábil, puede
motivar a las masas inconscientes y hacerlas hacer lo que quiera.
De modo que, si queremos que la humanidad recobre su
verdadera libertad, es urgente conseguir que despierte su consciencia.
Cuando la consciencia está atrapada en el mecanismo de la
mente
inferior, el ser humano sólo está motivado por falsas
necesidades y por
deseos automáticos procedentes de esas falsas necesidades.
|