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La practica de los valores fundamentales del alma en la vida cotidiana II
6) La
buena voluntad, de la que ya hemos hablado, es una de las cualidades
características del alma. Si uno se esfuerza en comprender en qué consiste
esta cualidad y la pone en práctica en la vida cotidiana, la buena voluntad
iluminará su vida.
Sugerencia práctica; Elija un día determinado (sólo para probar...) a lo
largo del cual va a dar prueba de buena voluntad en todos los momentos que
pueda, y observe cómo reacciona cada vez su personalidad y en qué
circunstancias esa cualidad lo abandona.
Si uno está aprisionado en una de las estructuras de la personalidad rígida
o maso, le resultará especialmente difícil llevar a la práctica esa
cualidad. Esas dos estructuras, apoyándose fuertemente en la insatisfacción
y en la arrogancia, respectivamente, generan por lo común una actitud
permanente de mala voluntad. Mediante un acto de voluntad consciente se
puede empezar a desactivar ese mecanismo, intentando acostumbrarse a la
buena voluntad.
La buena voluntad es la primera tentativa del hombre para expresar el amor
de Dios. Su resultado en la Tierra será la paz. Es tan sencillo y tan
práctico que no se aprecia su fuerza o su efecto científico y dinámico.
7) La humildad, que acompaña a la impersonalidad. El ego trata siempre de
darse importancia, de desempeñar algún papel. En particular, cuando uno está
en el Camino y empieza a adquirir ciertos conocimientos y a desarrollar
ciertos poderes, el ego puede apoderarse de inmediato de todo eso para
desempeñar el papel de instructor, de salvador, de la persona que ayuda a
los demás, etc. En realidad, es la trampa del poder, que se hace cada vez
más presente a medida que se avanza en el camino. Cultivar desde el primer
momento la humildad y el verdadero olvido de sí mismo en la impersonalidad
favorece muchísimo el acceso a las energías puras del alma, o mejor dicho,
que las energías puras del alma puedan llegar a uno. De hecho, la pureza de
esas energías es la que dará el verdadero poder de ayudar a los demás,
impulsándolos a que encuentren por sí mismos su propio poder.
8) Saber elegir lo esencial. Si uno quiere vivir un auténtico proceso de
transformación, debería observar conscientemente en qué gasta su energía:
tiempo, dinero, acciones concretas de la vida de cada día.
Mediante una reflexión inteligente sobre su modo de vida, puede uno definir
con claridad lo que es esencial para él y lo que no lo es tanto. Ese simple
ejercicio le permite definir con precisión cuáles son sus valores reales.
Pues, a menudo, tenemos hermosas teorías, pero podemos llevarnos una
sorpresa al constatar que nuestras acciones, es decir, aquello en lo que
decidimos gastar concretamente nuestra energía, no da necesariamente
prioridad a esos valores. Con frecuencia nos dejamos llevar por rutinas, por
costumbres de consumo materialista, por la hipnosis colectiva o por
mecanismos emocionales que hacen que muy poco de nuestra vida esté
consagrado a lo esencial.
Cada uno es el que tiene que definir qué es para él lo esencial, porque
depende del nivel de evolución de cada persona. Para algunos, será esencial
hacer la experiencia de la personalidad, y, por lo tanto, dedicarse a
actividades materiales siguiendo la corriente de la consciencia colectiva
ordinaria. Para otros tendrán prioridad el estudio, la meditación, el
desprendimiento material, la búsqueda interior bajo distintas formas y la
calidad de la colaboración en el seno de sus actividades profesionales. No
todo el mundo vive según los mismos criterios. Cada uno ha de tomar
consciencia, simplemente, de lo que subyace en sus acciones para ver si su
conducta es coherente con su manera de ver las cosas. Lo que uno considera
esencial va cambiando a medida que avanza por el sendero y, por lo tanto,
sus prioridades van cambiando también. Cuando se hace este pequeño trabajo
interior, a menudo se sorprende uno al constatar que hace inconscientemente
una enorme cantidad de cosas en función del comportamiento de sus padres o
del condicionamiento de la sociedad. Hoy en día es muy fuerte el
condicionamiento colectivo, que los medios de comunicación potencian al
máximo. Es muy importante liberarse de esa influencia para poder elegir con
toda claridad y libertad lo que uno considera esencial en función de sus
propios valores.
Le invito a que se haga esta pregunta: «¿Qué es lo realmente esencial para
mí? ¿A qué le concedo verdadera importancia?» Todo aquello a lo que concede
importancia condiciona su vida... Le puedo dar un criterio, uno entre otros,
para distinguir lo esencial de lo que no lo es: todo lo que se destruye con
el tiempo, no es esencial...
Sugerencia práctica: Haga una lista con todo lo que considere esencial o
importante en su vida, junto a los valores fundamentales que cada una de
esas cosas lleva vinculados; después haga otra con todo aquello en lo que
gasta su energía en la vida diaria: tiempo, dinero, creatividad, etc., y
compare ambas listas. Puede que la comparación le haga tomar consciencia de
algo interesante, y tal vez a partir de ese momento decida cambiar algo.
Seguramente podrá desprenderse de algunos condicionamientos automáticos o de
ciertos mecanismos emocionales que limitan su vida y la hacen
insatisfactoria; a la hora de tomar decisiones, será sin duda más consciente
y estará más en paz con la vida.
No nos
falta tiempo; lo que
tenemos son demasiados deseos
inútiles.
9) El
dominio del tiempo. Mucha gente se queja de que no tiene tiempo, y eso le
causa un gran estrés y frustración. Las generaciones precedentes no parecían
tener ese problema. ¿Qué es lo que ocurre? Ocurre que la humanidad está
pasando en la actualidad el test del dominio del cuerpo emocional, es decir,
del dominio de los deseos. Está muy bien querer crear más y contribuir más;
pero, si uno está frustrado porque «no tiene tiempo», es porque el número de
sus deseos es mayor que su capacidad para llevarlos a cabo; en realidad,
porque el número de sus deseos es demasiado grande. Activados por la máquina
de consumo y de gratificación personal que es nuestra sociedad, se nos
requiere una y otra vez para tener o hacer cosas. Ese condicionamiento
colectivo potencia en grado sumo la parte emocional con todos sus deseos.
Para liberarnos de esa influencia, volvemos a la necesidad de decidir
conscientemente ir a lo esencial. Si uno quiere tener tiempo de vivir y de
estar muy satisfecho al final de cada uno de sus días, lo que necesita no es
más tiempo, sino menos deseos de la personalidad. Miguel Ángel y Einstein,
por ejemplo, no tenían más tiempo a su disposición que el común de los
mortales. Tenían las mismas obligaciones. ¿Qué hicieron de su tiempo?
Decidieron ir a lo esencial.
Lo esencial es lo que sirve al propósito de nuestra alma, es decir, a
nuestras actividades de creación y de servicio. Por eso no está de más que
uno se plantee esta pregunta: ¿Cuánto tiempo dedico a satisfacer mis deseos
personales? ¿Y cuánto tiempo dedico a crear, a colaborar, a servir?
Para la estructura maso, en particular, el tiempo es una fuente de lamentos
y de sentimiento de impotencia. Para deshacerse de esa dinámica, puede uno
tomar las riendas de su destino y decidir conscientemente a qué quiere
dedicar su tiempo. Nuestra alma nos ha dado cierto número de horas para que
las pasemos en este planeta, ¿qué decidimos hacer con ellas?
Sugerencia práctica: Para salir de ese callejón sin salida que es la
frustración frente al tiempo, en lugar de decir «no he tenido tiempo de
hacer tal cosa», diga «no me he tomado el tiempo de hacer tal cosa». Eso le
pondrá constantemente frente a sus decisiones, y podrá ver mejor cómo
organiza su vida. ¿Es a partir de lo esencial?
También puede hacer una lista con todas las cosas que querría hacer y que
«no tiene tiempo de hacer», y decidir conscientemente romper las ataduras
que le ligan a ciertos deseos. Elija los que usted puede llevar a cabo, y
pase a la acción. A los otros, déjelos dormir en paz; suelte las ataduras, y
así también usted podrá dormir en paz.
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