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Las motivaciones de
la búsqueda interior
La humanidad, empujada por la gran fuerza de evolución, avanza hacia un
cambio radical de la consciencia colectiva, un cambio que nos hará pasar del
cuarto reino de la naturaleza, el reino humano, al quinto, el reino
espiritual. El término «espiritual» no hace referencia a ninguna religión en
particular. Es cierto que todas las religiones han trabajado más o menos
eficazmente para despertar la naturaleza espiritual del ser humano. También
es cierto que los principios fundamentales de cualquier religión sirven para
iniciar el camino interior. En general son excelentes, y todos coinciden en
lo esencial, es decir, en el deseo de que el ser humano se encuentre a sí
mismo como ser espiritual.
Lo que ocurre es que,
por desgracia, la forma en que se han presentado la mayoría de las
religiones ha tergiversado su fondo; el ego separador las ha utilizado a
través de la mente, y lo que debía llevar en principio a la liberación de
las cadenas del ego no ha hecho sino reforzarlas. Aunque, dado el nivel de
consciencia en el que se encontraba el ser humano, probablemente no podía
hacer nada mejor; a través de esos caminos que a veces nos parecen
tortuosos, sin duda ha aprendido las lecciones que tenía que aprender.
Pero ahora, reconociendo el valor de todas las religiones, podemos emprender
un itinerario espiritual sin necesidad de adherirnos a ninguna. La ciencia
esotérica permite comprender la naturaleza espiritual del ser humano y su
destino sin entrar en dogma alguno; su perspectiva es tan amplía que incluye
todas las enseñanzas religiosas o espirituales precedentes.
Por encima de cualquier enseñanza religiosa o conocimiento esotérico, lo
cierto es que el proceso de evolución de la consciencia está tan acelerado
hoy en día, que muchas personas buscan en su vida algo fundamental. Intentan
que su existencia tenga algún sentido, que sea algo más que un simple vivir
y consumir bienes materiales. Es la forma de empezar un verdadero trabajo de
transformación. Las razones que uno se dé a sí mismo para iniciar ese camino
pueden ser muy variadas; pero la razón fundamental es que, aun sin ser
necesariamente conscientes de ello, respondemos al empuje del alma que
quiere manifestarse con mayor plenitud.
A veces empezamos la búsqueda interior porque parece que la vida se nos cae
a pedazos: todo va mal; en nuestras relaciones, que son cada vez más
difíciles (con los compañeros de trabajo, con el cónyuge, con la familia);
en el trabajo, que parece no tener sentido (desde luego no puede uno
sentirse satisfecho de un trabajo que sólo sirve para ganar el sustento); en
el propio cuerpo físico, que pierde energía y se pone enfermo. A veces es
sólo una crisis en una parcela concreta de nuestra vida; otras, parece
derrumbarse todo al mismo tiempo. Esos momentos de tensión no tienen por qué
ser mala señal, ni mucho menos. Con frecuencia son advertencias que nos da
el alma para hacernos despertar, es decir, para hacernos salir del
entorpecimiento relativamente cómodo del mundo materialista que hace de
nosotros unas máquinas, a fin de que podamos volver a encontrar nuestro
poder creador y nuestra libertad. En cuanto el alma despierta, no puede
tolerar que vivamos la vida como si fuéramos robots, entumecidos en los
mecanismos y manipulados por los poderes establecidos. El alma quiere que
volvamos a encontrar nuestro poder y nuestra libertad. Y, si no nos
despertamos de buen grado, lo haremos a la fuerza, gracias a las crisis que
el alma nos envía, que son auténticas bendiciones aunque puedan resultar muy
dolorosas en el momento. Es importante considerar las cosas desde esa óptica
para no bloquear el proceso intentando adormecerse otra vez en la vida
ordinaria. Porque es difícil resistir a la fuerza de evolución que
actualmente es cada vez más intensa en el seno de la humanidad. Por eso es
cada vez mayor el número de personas que buscan en su interior algunas
respuestas que den sentido y armonía a su vida a fin de poder hacer de ella
una experiencia auténtica. (Es interesante observar que la palabra crisis
deriva del griego krisis, que significa «decisión», «elección»).
Otras veces no es necesario que haya crisis; sólo se busca la transformación
interior porque la vida ordinaria ya no es satisfactoria. Parece faltar algo
fundamental incluso si, y sobre todo si, materialmente parece ir todo bien.
Pues, de hecho, la verdadera búsqueda comienza cuando la vida ordinaria está
suficientemente dominada, porque es entonces cuando de verdad nos damos
cuenta de que la verdadera felicidad y la auténtica libertad están por
encima de una vida material relativamente cómoda, y se empieza a tener la
sensación de que no se ha alcanzado lo esencial de la vida. Ese sentimiento
de insatisfacción es muy positivo y favorable, porque empuja a salir de la
hipnosis colectiva en la que el mundo materialista mantiene atrapados a los
individuos. Y entonces se empieza a buscar lo esencial.
Es un sentimiento que se acentúa a medida que el individuo evoluciona. El
impulso del alma es cada vez más intenso y empuja a la búsqueda por todos
los medios. Hasta ahora eran pocas las personas que sentían claramente esa
llamada interior. Pero, hoy en día, el alma colectiva, preparada por todos
aquellos que han abierto el camino hacia la plena realización de sí mismos,
está recibiendo tal impulso espiritual que crece de continuo el número de
individuos que siente esa llamada más o menos claramente. En todo el mundo
hay un despertar de la consciencia que se manifiesta con tranquilidad, pero
con toda evidencia, en todos los campos de la actividad humana —político,
social, económico, sanitario, educativo— y a través del interés del gran
público por una multitud de actividades —cursillos, conferencias, talleres,
libros, revistas— que tratan de manera más o menos profunda del desarrollo
interior y de las realidades sutiles. Todo esto es vivido a diferentes
niveles de consciencia, por supuesto, pero es un signo patente de que la
humanidad ha entrado en una dinámica de búsqueda para salir del materialismo
estrecho que la asfixia, y está en vías de encontrar su camino hacia una
consciencia mayor y, por lo tanto, hacia una mayor libertad.
Se observa, además, que los individuos que han entrado en el camino interior
están cada vez menos motivados por razones estrictamente personales; es
decir, que a medida que van entrando en contacto con la energía del alma, la
motivación natural y profunda del camino interior es un deseo de contribuir
al bienestar del conjunto. Tratan de manera espontánea de ayudar a los
demás, de crear de forma original, de manifestar de un modo u otro la
belleza y el amor con espíritu de servicio a la humanidad. Y hacen don de sí
mismos, libre y alegremente, aun a costa de la propia comodidad, abriéndole
así el camino al alma para que ponga de manifiesto el «reino de Dios» en la
Tierra.
Esa perspectiva es importante, porque evita desde el principio una especie
de egoísmo espiritual («yo me ocupo de mí mismo y lo único que me interesa
es mi realización espiritual») que es contrario al proceso de evolución y
desvía de todo camino posterior. Hay que estar también alerta para evitar el
orgullo espiritual («yo estoy muy avanzado espiritualmente y tengo una gran
misión que cumplir en el mundo...») o la culpabilidad espiritual («tendría
que ser mejor...»). Esas desviaciones provienen del ego, que intenta llevar
a su campo el proceso de la búsqueda interior.
No obstante, en el fondo de esas actitudes erróneas hay una parte de verdad.
Porque ocuparnos de nuestra propia transformación es, en cierto sentido, lo
único que podemos hacer. No podemos hacer nada en lugar de los demás; cada
uno tiene el camino y la responsabilidad espiritual que ha escogido. Podemos
servirles de inspiración, darles ejemplo y proporcionarles apoyo, pero cada
uno debe avanzar por sí mismo, con su propio esfuerzo, de la misma forma que
un gran músico puede inspirar a un estudiante de música, y un buen profesor
puede ayudarlo, pero es él quien tiene que practicar con su instrumento si
quiere llegar a dominarlo e interpretar hermosas melodías. Además, en la
gran orquesta de la humanidad, cada uno tiene su partitura: el pianista no
ha de tocar la del violinista. Los músicos pueden ayudarse y animarse
mutuamente mientras practican con sus respectivos instrumentos, pero, cuando
se trata de tocar, cada uno tiene la responsabilidad de su propia partitura.
Y, si cada uno la interpreta bien, el resultado será una maravillosa
sinfonía final. Y aún podemos decir más respecto a la transformación. Y es
que, como todos formamos parte de una gran consciencia colectiva, llegará un
momento en que el virtuosismo de algunos músicos impulsará la de otros,
haciendo que alcancen con más rapidez el dominio de su instrumento. Más
adelante describiremos esa dinámica. Llegará así un tiempo en el que,
gracias al trabajo individual y a la ayuda mutua, se interpretará en el
planeta una música maravillosa. No importará quién sea el que toque el
violín o quién el clarinete; lo importante será la armonía y la belleza de
la música del conjunto... Todos seremos felices, cada uno en su lugar.
Por cierto, los más avanzados no son los que se jactan de seguir un camino
espiritual, ni mucho menos. En todos los campos de la actividad humana hay
personas muy despiertas espiritualmente, aunque, con frecuencia, no saben
que están participando en una transformación global de la consciencia. Todos
ellos contribuyen de una u otra forma al bienestar de la humanidad: ya sean
artistas, mediante la expresión de la belleza, o científicos, a través de
sus investigaciones; ya sean ingenieros, mediante sus inventos, o madres de
familia, a través de su amor y de su ternura; ya sean profesores, mediante
la atención que prestan a sus alumnos, o mujeres de limpieza, a través de su
eficacia y su alegría; ya sean maestros espirituales, mediante la riqueza de
sus enseñanzas, o médicos, a través de su dedicación al prójimo... Son seres
generosos, íntegros, que destacan en su campo, y consagran su vida a servir.
No es una filosofía lo que hace avanzar espiritualmente, sino la calidad de
servicio y de amor que se es capaz de aportar al mundo, pues así es como se
manifiesta el alma.
La historia de la evolución de la consciencia nos muestra que se trata de un
proceso de transformación permanente. En la actualidad, el ego de la mayoría
de nosotros es dócil en parte, y en parte rígido, y tenemos los distintos
cuerpos más o menos coordinados. El vínculo con el Ser es más o menos
sólido. Nuestra consciencia está ya bastante desarrollada, pero, para
adquirir un dominio total de nuestro instrumento en los tres mundos, todavía
queda trabajo por hacer.
Por eso resulta útil conocer el funcionamiento del instrumento de
manifestación, condicionado en esencial por la mente inferior. Es importante
comprender por qué, a pesar de nuestras buenas intenciones, nos cuesta tanto
sentirnos realmente libres, dichosos y en paz con nosotros mismos y con los
demás.
En el espacio siguiente estudiaremos, pues, el funcionamiento de la mente
inferior. Conociéndolo, podremos empezar a dominarlo y estaremos en
condiciones de utilizarlo al servicio de nuestra alma.
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