| |
Introducción a la perspectiva esotérica
La ciencia esotérica enseña que el Universo es un vasto sistema energético
constituido por diferentes «mundos» o «planos», que no están estratificados
sino que se interpenetran. Cada uno de ellos vibra a una frecuencia que le
es propia. En cuanto nos concierne, el que vibra a nivel más bajo es el
plano físico-etérico, que es la materia de la que están hechos nuestros
cuerpos físicos. Después viene otro sistema energético, que obedece a leyes
distintas: se llama comúnmente plano emocional o astral. De esa «materia»,
de esa energía están hechos nuestros cuerpos emocionales. Después viene el
plano mental, y de esa «materia» mental están hechos nuestros pensamientos.
Existen todavía otros muchos planos, que vibran a frecuencias mucho más
elevadas, cuyos nombres difieren según las tradiciones, pero que representan
todos una misma realidad: un sistema de mundos o planos que se interpenetran
entre sí, aunque cada uno vibra a una frecuencia característica, y tiene sus
propias leyes y su propia razón de ser.

Los diferentes «cuerpos» del ser humano.
El ser humano se define como una unidad energética concreta en un campo
de energía universal. Su vehículo o medio de expresión está constituido por
diferentes cuerpos que provienen de los diversos planos de la materia.
¿De dónde proviene
la información concerniente a la historia de la humanidad?
¿Cómo podemos conocer
la historia de la consciencia de la humanidad? La ciencia esotérica dice que
existe un «lugar» en el mundo mental en el que quedan registradas todas las
memorias de la naturaleza, y donde está inscrita la historia de la humanidad
hasta en sus menores detalles. Es lo que la tradición oriental llama «los
anales akásicos». Son muy pocos los seres que tienen acceso a esos archivos
porque, para poder tomar consciencia de esos registros, hay que ser capaz de
elevar la consciencia a ese nivel. En cambio son muchos más quienes entran
en contacto de manera intuitiva con ciertos aspectos de esos recuerdos y los
traen a la consciencia ordinaria con mayor o menor distorsión. Hemos
estudiado diversas fuentes, tanto antiguas como recientes, en las que se
encuentra información procedente de esos anales. De esa información hemos
extraído los principios fundamentales comunes a las diversas fuentes, aunque
cada una de ellas los presenta de forma diferente. Hemos retenido también
aquellos aspectos que no sólo son coherentes con los descubrimientos más
recientes realizados en otros campos del conocimiento, en particular en la
física contemporánea, sino que los incluyen.
Haremos aquí un resumen muy sucinto, en términos que procuraremos sean
sencillos y muy generales, de unos principios cuya adecuada descripción
requeriría varios volúmenes. De modo que la presentación que hacemos aquí no
da cuenta de toda la riqueza y precisión de la información que existe
actualmente en ese campo, ni mucho menos, pero será suficiente para nuestro
propósito. Para un estudio serio y más profundo sobre el tema, se pueden
consultar las obras de Alice A. Bailey, en especial Tratado sobre el Fuego
Cósmico; o, para un enfoque más accesible, El concepto Rosacruz del Cosmos,
de Max Heindel.
Recordemos que no estamos considerando esta exposición como una verdad
final, sino como un modelo de aprehensión de la realidad del ser humano, del
mismo modo que cualquier campo de la ciencia describe su realidad a partir
de un modelo. Un modelo, en el campo científico, es válido siempre que sea
coherente con la observación concreta de las cosas y no esté en
contradicción con otros modelos previos; además, debe permitir una
comprensión más amplia y, por lo tanto, un dominio mayor de la realidad que
representa. Cualquier modelo de la ciencia se ha de considerar así, no como
una verdad absoluta, sino como una hipótesis de trabajo que, con espíritu
abierto y sin prejuicios, ha de ser constantemente contrastada con la
experiencia.
|
|