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LA RELACIÓN CON EL
PODER
Como el
mecanismo del esquizo tiende a desconectar al ser humano de la realidad y
hacerlo huir de las relaciones humanas, lógicamente no induce una búsqueda de
poder, ni sobre las personas ni sobre las cosas. Lo lleva incluso a negar el
suyo propio, porque tener poder es estar en condiciones de crear en el mundo
cosas concretas, de actuar, solo y con los demás, de implicarse, de
manifestarse; y, como el miedo inconsciente es demasiado grande, la persona
permanece lejos de todo y de todos. Para no tener que afrontar las dificultades
de la vida, el esquizo se niega a tomar las riendas de su propio poder.
El de los
demás, autoritario o no, real o imaginario, lo esquivará, eso es todo. Es decir,
que o bien desaparecerá física, o al menos psicológicamente: se someterá en
apariencia, pero desconectará de la situación evadiéndose en sus sueños o
mediante una actitud de desprecio.
En un
grupo, una estructura esquizo es un peso muerto que se resiste a la creación y a
la manifestación concreta, a menudo con hermosas teorías o explicaciones que
justifican el hecho de no actuar. En ese sentido, se resiste al poder de
creación de los
demás.
En cualquier situación, el esquizo limita mucho el poder, el suyo y el de
los demás, pero a él eso le da exactamente igual.
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