El
amor.
Esta es
una de las palabras más cargadas de matices de cualquier diccionario de la
lengua. Tiene muchos usos y significados. Vamos a sistematizarlos en cuatro
vertientes:
1. El
amor en el lenguaje popular: aquí hacemos alusión a un inventario de
significados que circulan en la calle y que ahora tratamos de ordenar: a) la
relación de amistad y simpatía que se produce hacia otra persona, que culmina en
un cierto grado de compenetración y entendimiento; b) la amplísima gama de
relaciones interpersonales: amor a los padres, a los hijos, a los familiares, a
los vecinos, a los amigos, a los compañeros de trabajo, etc.; c) puede referirse
también a cosas u objetos: amor a la literatura, al arte antiguo, al
romanticismo, etcétera; d) también a temas ideales: amor a la justicia, al bien,
al orden, a la verdad; e) puede hacer mención de ciertas formas de vida: amor al
trabajo, a la tradición, a la vida en contacto con la naturaleza, a la riqueza,
etc.; f) el amor al prójimo, entendido éste en el sentido más literal de la
palabra, a los que están más cerca de uno en la vida ordinaria; g) el amor entre
un hombre y una mujer: éste cobra un relieve muy especial y a él nos vamos a
referir más adelante; h) finalmente, el amor a Dios, que para el creyente puede
ser un punto fundamental que articula y da sentido a su vida.
2. En el
lenguaje filosófico existe una larga tradición de autores que se han ocupado de
él. Bien podríamos decir que no hay pensador, filósofo u persona dedicada a la
vida intelectual que no haya pretendido esclarecer su significado y sus
componentes.
3. En el
lenguaje psicológico, el amor es una pauta de conducta de aproximación, de
tendencia a estar con otra persona, gracias a un intercambio recíproco de
gratificaciones.
4. En el
lenguaje social se puede decir que es donde ha sido peor tratada esta palabra.
Se ha abusado tanto de ella que se la ha cosificado. Y con frecuencia se
equiparan amor y sexo, de forma que no se concibe una sin la otra.
El punto,
quizá de más interés en este campo, es el del amor humano que descansa en el
enamoramiento. ¿Qué es enamorarse? Ortega decía que el enamoramiento es «una
enfermedad de la atención», mediante la cual una persona se centra en otra, se
dirige a ella una y otra vez, con el corazón y con la cabeza; la atención que
habitualmente está dispersa, vertida en muchos temas, en el enamorado se fija en
una dirección muy precisa: la figura de la persona de la que queda prendido. Por
otra parte, Stendhal, hablaba de la cristalización: cuando uno se enamora tiende
a ver en el amado todo lo bueno, noble y positivo que puede haber en un sujeto,
de manera que no se enamora de él, sino de una figura ideal, sirviendo la otra
de base; a esto deberíamos llamarlo «enamorarse del amor».
Pero lo
definitivo del enamoramiento, lo que lo califica de una forma tajante es «el no
entender la vida sin la otra persona a su lado». En una palabra: proyectarse
juntos hacia el futuro. Encontrarse con alguien que va a ser parte fundamental
de su vida. Del enamoramiento se pasa al amor conyugal o de la pareja, que debe
estar presidido por la donación, la entrega, la necesidad de compartir y mirar
juntos hacía delante y en la misma dirección. A la larga, ese amor humano va a
necesitar de la voluntad (para mejorar) y del compromiso (para guardar la
fidelidad y perseverar).