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PROTOCOLO XXIV.
Consolidación de la estirpe del rey David.- Preparación del rey.-
Exclusión de los herederos directos.- El rey y sus tres mentores. - El
rey-destino. - Intachabilidad de costumbres exteriores del rey de los
israelitas. Pasaremos ahora a tratar de los medios de asegurar las raíces
dinásticas del rey.
1.- Paso ahora a los métodos para confirmar la dinastía del REY DAVID
hasta los últimos estratos de la tierra.
2.- Para dar seguridad completa a la dinastía, aplicaremos en general, los
mismos principios que colocaron el manejo del mundo en manos de nuestros
sabios, vale decir la dirección y la educación de toda la humanidad.
3.- Ciertos miembros de la estirpe de David prepararán los reyes y sus
herederos, escogiendo estos últimos, no según el derecho hereditario, sino
teniendo en consideración sus cualidades sobresalientes; los iniciarán en
los más ocultos secretos de la política; en los planes de gobierno,
siempre bajo la condición de que nadie llegue a penetrar esos secretos. El
objeto de esta manera de proceder es que todo el mundo sepa que el
gobierno no puede ser puesto en otras manos sino en las de aquellos que
están iniciados en los misterios del arte de gobernar.
4.- Sólo a estas personas se les enseñará la aplicación de los planes
políticos, las enseñanzas de la experiencia de los siglos; todas nuestras
observaciones sobre las leyes político-económicas y sobre ciencias
sociales; en una palabra, todo el espíritu de estas leyes que la
naturaleza misma ha establecido como infalible para normalizar por ellas
las relaciones de la humanidad.
5.- Muchas veces los herederos directos serán excluidos del trono, si en
el tiempo de sus estudios dan pruebas de ligereza, de dulzura de carácter
y de otras de esas cualidades o defectos que son perjudiciales en el poder
y que hacen ineptos a los hombres para gobernar y dañan la actuación
propia de un jefe de Estado.
6.- Sólo a estas personas se les enseñará la aplicación de los fines,
firme e inflexiblemente, hasta cruelmente, si es necesario, y recibirán de
manos de nuestros sabios las riendas del poder.
7.- En caso de alguna enfermedad que pudiera ser causa del debilitamiento
de la voluntad, los reyes deberán, conforme a la ley, abdicar en otras
manos que sean capaces de sostener con la firmeza necesaria las riendas
del gobierno.
8.- Los planes de acción del rey, planes inmediatos que haya de trazar por
razones imperativas de inmediata necesidad, sus planes más remotos todos
quedarán ignorados aun de aquellos que se le asignen como primeros
consejeros.
REY DE LOS ISRAELITAS
9.- Sólo el rey y sus tres mentores conocerán lo por venir.
10.- En la persona del rey, dueño de sí mismo y de la humanidad, gracias a
una voluntad inquebrantable, todos creerán ver el destino con sus caminos
desconocidos. Nadie sabrá qué es lo que el rey pretende como objeto de sus
mandatos, y así tampoco nadie se atreverá a atravesársele en un camino que
es para todos desconocido.
11.- Es necesario sobrentender que la inteligencia del soberano ha de
corresponder al plan de gobierno que tiene encomendado. Por esto es que no
subirá al trono sino después de haber dado pruebas satisfactorias de su
capacidad a nuestros sabios de que ya hemos hablado.
12.- Para que el pueblo conozca y ame a su soberano, es necesario que
trate al pueblo y se comunique con él en los lugares públicos. Esto
producirá la unión necesaria entre las dos fuerzas que hasta hoy nosotros
hemos conservado distanciadas por el mutuo terror.
13.- Este terror nos era absolutamente necesario en otro tiempo, para que
estas dos fuerzas, separadamente, cayeran bajo nuestro poder e influencia.
14.- El rey de Israel no debe estar bajo el dominio de sus pasiones,
especialmente bajo el de la voluptuosidad, ni debe, por alguna flaqueza de
su carácter, dar lugar a que sus instintos animales se sobrepongan a su
razón. La sensualidad obra de manera demasiado nociva sobre las facultades
intelectuales y la clarividencia de las cosas, inclinándose hacia el lado
peor y más bestial de la actividad humana.
15.- El sostén de la humanidad en la persona de la semilla sagrada de
David, debe sacrificar a su pueblo y por su bien, todos sus gustos
personales. 16.- Nuestro soberano tiene que ser de una irreprochabilidad
ejemplar. |
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