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EL
TRÁFICO ILEGAL Y CRIMINAL
En la nueva era de la globalización las fronteras se han abierto, las
barreras comerciales han caído y la información se transmite rápidamente por
todo el mundo, con sólo pulsar una tecla. Los negocios florecen junto a la
delincuencia organizada transnacional.
Se están forjando enormes
fortunas a partir del tráfico de drogas, armas, personas, animales y todo un
conjunto de actividades transfronterizas. Nunca antes ha habido tantas
posibilidades de que las organizaciones criminales se beneficien del
sistema. Si en el pasado se la consideró una amenaza a escala local o,
cuando más, a escala regional, la delincuencia organizada se ha convertido
en una cuestión transnacional muy compleja. Comparándolo con lo que ocurre
hoy en día, Al Capone era un matón con horizontes estrechos, ambiciones
limitadas y un feudo meramente local.
Los grandes
grupos delictivos pueden imitar los negocios “legítimos” forjando alianzas
multinacionales para ampliar su alcance y aumentar los beneficios. Las
tríadas con base en Hong Kong y el grupo japonés Yakuza -una de las
organizaciones delictivas más poderosas del mundo- comercializan drogas
sintéticas y trafican con mujeres y niños con fines de esclavitud sexual,
participa en el contrabando de armas y se especializan en la corrupción a
escala mundial. Los poderosos cárteles de la droga también hacen negocios
con la mafia rusa y grupos delictivos de Europa oriental.
Como las
empresas “legítimas”, los grupos delictivos más grandes pueden también
diversificar sus actividades hacia una amplia gama de “productos”,
utilizando las mismas rutas, redes e incluso a los mismos funcionarios
corruptos para el traslado de mercancías y personas. Y así como las
sociedades “legítimas” se movilizan para llenar los vacíos en el mercado de
productos, los nuevos grupos delictivos organizados surgen de repente en los
lugares donde se puedan obtener ganancias.
Han surgido
nuevos grupos en Europa Oriental y los países de la ex Unión Soviética,
donde el fin de la guerra fría y el desmoronamiento del control del Estado
han constituido una invitación abierta a la delincuencia organizada. Los
grupos delictivos han actuado con celeridad para obtener beneficios de las
democracias en apuros, de las leyes poco firmes o inexistentes, de las
fuerzas de policía mal equipadas y corruptas y de las fuerzas vacilantes del
mercado.
El número de
grupos delictivos conocidos en Rusia se ha multiplicado por diez. Existen
unos 9.000, con un total de miembros que excede de 100.000. Cerca de 40.000
negocios rusos están controlados por la delincuencia organizada. Entre ellos
hay firmas de abogados, bancos y otras empresas que pueden blanquear dinero,
muchas de ellas con vínculos a escala mundial.
Los grupos
delictivos organizados también se han establecido en varios países de Europa
Central, donde se generan enormes sumas de dinero en armas, prostitución,
extorsión, robo de vehículos, petróleo del mercado negro y cigarrillos. La
región también es un importante punto de entrada de la heroína en Europa
occidental. Y juntamente con los países de la ex Unión Soviética, es una
región en que se incrementa con rapidez la trata de personas.
Ningún país o
conjunto de ellos, aunque se unieran todos en la labor, pueden hacer frente
al crecimiento de la delincuencia organizada. La combinación de corrupción,
delincuencia organizada y blanqueo de dinero inciden en los sistemas
políticos, económicos y sociales que existen en la actualidad.

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