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La constancia.
La quinta condición
es la constancia en realizar toda decisión, una vez que se la haya tomado.
Nada debe inducir al discípulo a abandonar una decisión tomada, salvo la
comprobación de que se había equivocado. Toda decisión equivale a una fuerza
que obra a su manera, aunque no produzca los resultados inmediatos dentro
del ámbito de la intención primaria. El éxito constituye el factor esencial
únicamente cuando la acción surge de un apetencia, de un deseo; pero toda
acción engendrada por la apetencia carece de valor ante el mundo superior.
El único factor determinante ha de ser el amor que induce a la acción. En
este amor deben converger todo cuanto induzca al discípulo a obrar. Entonces
tampoco cesará en sus esfuerzos para realizar lo decidido, por numerosos que
hayan sido sus fracasos. Así aprenderá a no esperar los efectos exteriores
de sus acciones sino a encontrar satisfacción en la acción misma. Aprenderá
a sacrificar, en beneficio de la humanidad, sus propias acciones y hasta su
ser entero, sin importar como ese mundo reciba su sacrificio. A tal
sacrificio debe estar dispuesto quien aspire a ser discípulo de la ciencia
de lo oculto.
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