El Banco Vaticano lava más blanco Según se
desprende de las investigaciones realizadas por Yallop, Gurwin, Sisti,
Modolo, Di Fonzo, Piazzesi, Bonsanti, Doménech y Rupert Cornweil, la mafia
italonorteamericana utilizó las instituciones financieras del Vaticano para
blanquear dinero sucio procedente del tráfico de drogas y otras actividades
delictivas. Semejante operación fue concebida por Michelle Sindona, que
comienza su carrera reciclando la fortuna de los Gambino, conocidos hampones
neoyorquinos, a través de un holding. Lentamente, va forjando un verdadero
imperio financiero de dimensiones internacionales. Tras entregar al cardenal
Montini, el dinero necesario para la construcción de un asilo, y que
realmente fue donado por la CIA y la Mafia, se convierte en su amigo y
consejero financiero. Por mediación de quien años después se convertiría en
el Papa Pablo VI, conoce a Massimo Spada, director del Banco Vaticano. A
través del Continental Bank of Illinois, la cuarta, parte de cuyas acciones
han sido adquiridas por Sindona, se canalizarán cuantiosas inversiones
vaticanas a lo largo del continente americano. Sindona traba una estrecha
amistad con Licio Gelli, un poderoso empresario textil que ha combatido
contra la República durante la guerra civil española, alistándose luego en
las SS nazis y trabajando finalmente como agente del KGB soviético para
salvar el pellejo, actividad a la que pronto viene a sumarse la de agente de
la CIA, al tiempo que se enriquece ayudando en su huida a Sudamérica a
numerosos nazis como el famoso Klaus Barbie. Acusado de haber torturado a
partisanos, viaja a Argentina, donde entable amistad con el presidente Perón
que le convierte en el primer agraciado con la doble nacionalidad
italoargentina y le nombra consejero de su país en Italia. Teje toda una red
de contactos en Iberoamérica, similar a la que elabora en Italia entre
empresarios, políticos y militares. A partir de 1966, anima a muchos de
estos a ingresar en la agrupación P-2, a través de la cual Gamberini, Gran
Maestre del Gran Oriente de Italia, pretende contar con un grupo de
personajes eminentes que fuesen favorables y útiles a la Masonería, pero que
pronto escapa a su control. El poder de convicción y la creciente influencia
de Gelli -convertido ya en Gran Maestre de la Logia P-2- llevan a muchos a
ingresar en ella convencidos de que les resultará de gran ayuda en sus
carreras. Gelli se dedica a acumular secretos que le permiten incrementar su
poder y chantajear a otros para que se integren en su logia, convirtiéndose
así en el epicentro donde confluyen las más confidenciales informaciones del
país, gracias a las cuales manipula las más diversas instancias. Las
amistades argentinas de Gelli Para centralizar sus actividades en
Iberoamérica, Gelli compra una mansión en Montevideo, jactándose de ser
amigo de poderosos hombres de negocios y de dirigentes derechistas de todo
el continente. Contribuye al retorno de Perón, en 1973 asiste como invitado
de honor a la inauguración de su presidencia y Andreotti comenta, asombrado,
el respeto reverencial que el general le profesaba, asegurando que vio cómo
Perón se arrodillaba ante Gelli. Su influencia en Argentina estuvo asegurada
sucesivamente por el ministro-ocultista López Rega, y - tras el golpe
militar- por el General Suárez Masón y por el Almirante Massera, ligados a
los escuadrones de la muerte y miembros de la P-2. Junto a ellos, Gelli hace
suculentos negocios, comprando principalmente petróleo y armas. Gelli y
Sindona se introducen en las más altas esferas vaticanas de la mano de
Umberto Ortolani, abogado y Gentilhombre de Su Santidad, que se convertirá
en el lugarteniente de Gelli dentro de la P-2, conociendo así a monseñor
Paul Marcinkus. Hijo de lituanos y criado en Chicago, en 1963 éste se había
convertido en el corpulento guardaespaldas e intérprete predilecto de Pablo
VI, salvando su vida en Manila y ganándose su plena confianza. Cuando es
encargado de dirigir el Instituto para las Obras de Religión (IQR), aparato
financiero del Vaticano, el obispo Marcinkus utiliza los consejos y la red
bancaria internacional de Sindona para invertir buena parte de la fortuna
del Vaticano, al tiempo que Sindona utiliza la estructura bancaria de la
Santa Sede para evadir impuestos y blanquear el dinero de la Mafia y Gelli
garantiza la cobertura política de las operaciones. Los escándalos
financieros En 1973 Sindona se ha convertido en el banquero más importante
del país. El primer ministro le saluda como el salvador de la lira y el
embajador norteamericano le califica el hombre del año. Pero la crisis del
petróleo, sus operaciones especulativas y los rumores sobre sus relaciones
con la Mafia contribuyen a que su imperio se derrumbe en menos de un año.
Sindona huye a Estados Unidos y el Vaticano pierde una cifra considerable en
la operación, hecho desmentido por Marcinkus, quien niega conocer a Sindona.
Roberto Calvi, que conoció a Pablo VI cuando era arzobispo de Milán, trabó
relación con Sindona -probablemente por intermedio de Spada y Marcinkus-
cuando era subdirector general del Banco Ambrosiano. Había razones sobradas
para este encuentro: el IOR era propietario de buena parte de las acciones
del Ambrosiano y de la mitad del Finanbank, uno de los bancos suizos de
Sindona. Gracias a estos apoyos en 1971 Calvi se convierte en presidente del
banco y no tardará en ser tesorero de la P-2. Tras el crack Sindona, el IOR
encarga a Calvi de sus inversiones en el extranjero, prestando su nombre
para que éste compre la mitad de las acciones de la Banca Mercantile
florentina y Marcinkus forma parte de la directiva de la sucursal en Bahamas
del Ambrosiano. Gelli viaja a Nueva York, donde Sindona había sido detenido
acusado de fraude y testifica que su amigo era víctima inocente de una
intriga comunista. Allí, Sindona le presenta a Phil Guarino, director de la
campaña electoral de Reagan, a cuya inauguración presidencial le invitará.
En 1977 Sindona le re- cuerda que considera propios la mitad de sus
negocios. Dado que éste no cumple su promesa de enviarle dinero, dos meses
después ordena empapelar el centro de Milán con llamativos carteles que
denuncian a Calvi como estafador, defraudador y traficante de divisas, y
finalmente hace llegar al gobernador del Banco de Italia una carta que
acorralará definitivamente a Calvi. En 1979 Sindona renueva sus ataques
contra Calvi y el Banco de Italia inicia una investigación sobre esta
entidad. En nombre del dividendo En medio de tales problemas, en agosto
muere Pablo VI y los cardenales no tardan en elegir sucesor suyo al
patriarca veneciano Albino Lucíani. Este Pontífice tan popular trae aires
decididamente renovadores. Y había demostrado ya su firmeza ante dos
escándalos económicos, uno de ellos relacionado con la venta de la Banca
Católica del Véneto a Calvi, por parte de Marcinkus en 1972. Tras la
operación, este banco cesó de hacer préstamos a bajo interés con los que
había favorecido a los menos privilegiados. A petición de sus obispos,
Luciani comenzó a investigar, no pudiendo dar crédito a lo que descubrió
sobre Calvi y Sindona. Cuando le comentó el problema a Benelli, sustituto de
la Secretaría de Estado, éste le explicó que sabía se trataba de una más de
las operaciones financieras urdidas por los banqueros y Marcinkus para
evadir impuestos y especular ilegalmente. Lucíani comentó: ¿Qué tiene que
ver todo esto con la Iglesia de los pobres? En nombre de Díos. Y Benelli le
replicó: «No. En nombre del dividendo». Así que Juan Pablo I sabe a qué
atenerse. Encarga al cardenal Villot la inspección financiera del IOR.
Entretanto, Calvi ha comenzado a desprenderse de todas sus acciones, cuando
se entera de que el Papa ha decidido reemplazar a Marcinkus e intentar
devolver a la Iglesia a una situación de pobreza evangélica. Se asegura que
el 12 de septiembre el Papa tiene en su poder una lista con los nombres de
121 funcionarios del Vaticano que presuntamente pertenecen a la masonería,
entre los que figurarían Villot, Casaroli y Marcinkus. El día 13 llama
urgentemente a G. Pattaro como consejero, confesándole su desconcierto ante
las relaciones de enfrentamiento entre los miembros de la curia. Marcinkus,
jurará a Cornweil que ni él ni nadie del Vaticano es masón, lo que se
contradice con muchas investigaciones. Tras la única audiencia que mantiene
con el Papa, comenta a sus ayudantes: «¡Qué barbaridad! ¡Parece agotado!» Es
peligroso expulsar a los mercaderes del templo Según diversos testimonios,
el Papa se propone sustituir a Villot por Benelli -gran adversario de
Marcinkus- como secretario de Estado, entre otros cambios. En la tarde del
28 tiene una larga conversación con Villot en la que le comunica su decisión
de realizar importantes cambios y de poner fin a las relaciones entre el IOF
y el Ambrosiano. Esa misma noche, Lucíani fallece. Alguno de los que estaban
informados del nuevo rumbo planeado por el Papa pudo informar de ello a
Calvi o a Gelli. Y alguien que tuviese acceso a la habitación de Lucíani
pudo provocar su muerte. Se conocen unos cuantos casos de pontífices que
murieron envenenados. Y tenemos además la lista de los atentados con la P-2
y de muertes relacionadas con la quiebra del Ambrosiano. El padre López Sáez
ha expuesto de forma sumamente clara y sintética las más destacadas
evidencias que le llevan a sostener la tesis de que se trató de una muerte
provocada, y que hasta ahora el Vaticano no ha acertado a refutar con
precisión. Por el contrario, además de que muchas de las relaciones
delictivas del IOR están más que bien fundamentadas, su entrega de más de
240 millones de dólares a bancos acreedores de todo el mundo, por sus
responsabilidades relacionadas con la quiebra del Ambrosiano, demuestran los
intereses comunes de ambas entidades. La extraña caída de la logia P-2 En
sus recientes declaraciones, Eduardo Lucíani, hermano del Papa, ha explicado
la extraña forma en que Juan Pablo I se despidió de él, tres días antes de
su muerte: Nunca nos habíamos besado ni abrazado, pero aquella tarde quiso
besarme y me abrazó con fuerza. Le pregunté si estaba bien y me dijo que sí.
Pero yo me fui con un misterioso presentimiento. Eduardo añadió que en sus
encuentros con el pontífice, nunca se refirió a los problemas de IOR, pero
antes de ser elegido Papa le confesó: «Por desgracia, hasta los bancos
fundados por católicos, que deberían disponer de gente de confianza, se
apoyan en personas que de católicas no tienen ni el nombre». Procesado por
65 delitos cometidos en Estados Unidos, Sindona es encarcelado en marzo de
1980, concediéndose su extradición a Italia donde fue condenado a cadena
perpetua por la muerte del fiscal encargado de investigar la quiebra de sus
bancos. A los dos días de estar encerrado en una cárcel de máxima seguridad,
sufre un extraño ataque descrito como infarto o derrame cerebral, pero que
parece fue producido por cianuro, falleciendo. Ortolani, acusado de
participar en la quiebra fraudulenta del Ambrosiano, permanece varios años
refugiado en Suramérica, antes de regresar a Italia, donde es procesado.