Últimamente se
han llevado a cabo ciertas investigaciones interesantes sobre la sonrisa.
Parece ser que cuando las personas sonríen (aunque digan que no quieren
sonreír ni tengan motivos poderosos para hacerlo) se sienten más felices, y
las regiones de su cerebro que están relacionadas con los sentimientos de
felicidad se activan, según los instrumentos de medida de laboratorio. Yo
albergo ciertas reservas sobre este tipo de cosas, pero me parece que
algunas situaciones están pidiendo a gritos una sonrisa. Si usted siente
Compasión, es probable que le apetezca sonreír, incluso aunque deba sonreír
entre sus lágrimas. En esos momentos, procure no reprimir la sonrisa. Cuando
estamos practicando la Compasión, y la estamos practicando con éxito, pero
no tenemos sentimientos compasivos, a veces una sonrisa puede marcar la
diferencia.
Usted no tiene por qué sonreír a nadie. Eso
depende de usted. No fuerce la sonrisa. Dé la bienvenida a la sonrisa cuando
llegue. Sonría interiormente al principio y vea si se le extiende hasta la
cara. Tenga paciencia: puede tardar un momento. Si quiere levantar
voluntariamente la comisura de la boca, sólo un poco, adelante; pero hágalo
despacio y delicadamente. Por causas neurológicas complicadas que no voy a
explicar aquí, a la mayoría de las personas les resulta más eficaz levantar
sólo la comisura izquierda de la boca: la comisura derecha la seguirá
involuntariamente, produciendo una sonrisa completa. Para mí, una sonrisa
compasiva es como el sello de correos de una carta de amor.