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ALIMENTOS CON ALTO
CONTENIDO DE AGUA
Es necesario llevar un estilo de vida adecuado, basado en la comprensión
de la Naturaleza. El agua, igual que el aire o el alimento, es un
requisito indispensable para nuestra vida. Necesitamos agua para la
nutrición y para la limpieza del organismo, y para ello no basta con beber
agua. El agua transporta las sustancias nutritivas contenidas en los
alimentos a todas las células del cuerpo, y además las limpia de los
desechos tóxicos. Nuestro organismo está formado en un 70% de agua y
necesita agua para vivir, el que se encuentra en las frutas y las
verduras. La única manera de nutrirnos y limpiarnos interiormente es
consumir alimentos con alto contenido de agua, lo que quiere decir que en
nuestra dieta deben predominar las frutas y las verduras. Lo ideal es
ingerirlas en un 70 %, y dejar el resto, el 30 % para los demás alimentos.
Cualquier cosa que comamos que no sea fruta o verdura es un alimento
concentrado. “Concentrado” significa que su contenido de agua es inferior
al de las frutas o verduras, o que el agua le ha sido retirada, ya sea
mediante la cocción u otro procesamiento. Estos alimentos son obstructivos
y producen gran cantidad de desechos en el interior del organismo. Por
ello, si queremos estar vibrantes, vigorosamente vivos y en la mejor forma
posible, debemos alimentarnos de alimentos vivos. Un cuerpo vivo se
construye con alimentos vivos, y los alimentos vivos son los alimentos con
un alto contenido de agua. Si un alimento no tiene un alto contenido de
agua quiere decir que no está vivo. Si el 70 % de la dieta, o más, de una
persona está constituida por alimentos muertos, procesados y
desnaturalizados, podemos imaginarnos lo que será su ser.
Cualquier planta, verdura, fruta, nuez o semilla cruda, en su estado
natural, está compuesta de átomos y moléculas. Dentro de esos átomos y
esas moléculas residen unos elementos a los que llamamos enzimas. Las
enzimas no son cosas ni sustancias, son el principio vital que existe en
los átomos y moléculas de toda célula viva. Las enzimas que hay en las
células del cuerpo humano son exactas a las existentes en la vegetación, y
cada uno de los átomos del cuerpo humano tiene su correspondiente afinidad
con los átomos semejantes que se encuentran en la vegetación. Por
consiguiente, cuando son necesarios ciertos átomos para reconstruir o
reemplazar células del cuerpo, entra en juego una atracción de tipo
magnético que atraerá hacia las células correspondientes de nuestro cuerpo
el tipo y género exacto de elementos atómicos que hay en los alimentos
crudos que consumimos.
Cada célula de nuestro organismo y cada célula de los alimentos naturales
contienen y están animadas por la vida silenciosa de las enzimas. Sin
embargo, esta atracción de tipo magnético sólo se encuentra en las
moléculas vivas. Las enzimas son sensibles a las temperaturas superiores a
los 54 °C, por encima de la cual mueren. Cualquier alimento que haya sido
cocinado por encima de 54 °C ha perdido sus enzimas, y no es más que
alimento muerto. La materia muerta no puede efectuar el trabajo de los
organismos vivos y, por ello, los alimentos que han sido sometidos a estas
temperaturas han perdido su valor de nutrición viva. Por más que puedan
sostener la vida en el organismo humano, y de hecho es así, lo hacen a
expensas de una degeneración progresiva de la salud, la energía y la
vitalidad.
Las personas que ingieren alimentos con alto contenido de agua no tienen
la necesidad de beberla y, al contrario, quienes en su alimentación
predominan los alimentos concentrados tienen continuamente sed y beben
mucha agua. Y esto es así porque los alimentos pierden parte del agua que
contienen al cocinarse, y no pueden proporcionar toda el agua que un ser
humano necesita.
Muchas personas beben agua mientras comen, aunque beber agua en las
comidas puede ejercer un efecto debilitante. No suele ser una buena
práctica, porque en el estómago hay jugos digestivos que están actuando
sobre la comida. Si al comer se bebe agua, se diluyen estos jugos y se
impide una correcta digestión de los alimentos. Además se obstruye
muchísimo tanto el ciclo de apropiación como el de asimilación, lo que a
su vez afecta negativamente al importantísimo ciclo de eliminación, al
mismo tiempo que se desperdicia mucha energía.
Ingerir los alimentos en su estado natural, sin conservantes, sin
cocinarlos ni fermentarlos es la única forma de alimentación que no
desvirtúa o destruye sus propiedades naturales. Al cocer los alimentos,
las enzimas que tienen se pierden, y éstas son necesarias para la
digestión y para la vida. A la vez, el agua que contienen se evapora
quedando el alimento sin esta parte líquida necesaria y los minerales
cambian de su estado orgánico cuando están crudos a inorgánicos al
cocinarlos. Además, al ingerir alimentos cocinados, como entran en el
cuerpo productos ajenos a la fisiología humana, el sistema inmunológico se
ve obligado a activarse y a recurrir a los leucocitos
Una alimentación adecuada mantiene el equilibrio energético que garantiza
la salud y la vitalidad. Puede ser muy beneficioso ingerir los alimentos
crudos, pues nuestro organismo está perfectamente preparado para
digerirlos y asimilarlos, y realizar una dieta cruda, natural y sencilla
basada en el consumo de frutas y verduras, en la que se incluyen frutos
secos y semillas germinadas. Esta dieta resulta natural porque se basa
principalmente en alimentos de temporada, lo que es muy importante porque
cada variedad aparece en su período correspondiente, ejerciendo así una
determinada acción en el organismo de quien los consume. Además, este tipo
de alimentos no lleva productos tóxicos.
Con esta práctica se obtiene también un ahorro significativo de tiempo y
de trabajo. Para preparar la comida sólo es necesario lavar la fruta o la
verdura y colocarla sobre una fuente, ya que no hay que pelar, trocear,
cortar, cocinar, sazonar... ni incluso fregar. |
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