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CÓMO LIBERARSE DEL CUERPO DEL DOLOR
El comienzo de la libertad implica que para liberarnos del cuerpo del dolor
debemos, ante todo, reconocer que lo tenemos. Después, y más importante todavía,
es preciso mantenernos lo suficientemente presentes y alertas para notar el
cuerpo del dolor cuando se activa en nosotros, como un flujo pesado de emoción
negativa. Cuando lo reconocemos, ya no puede fingir que es nosotros, ya no puede
hacerse pasar por nosotros, ni vivir ni renovarse a través de nosotros.
La identificación con el cuerpo del dolor se rompe con la Presencia consciente.
Cuando dejamos de identificarnos con él, el cuerpo del dolor pierde todo control
sobre nuestra forma de pensar y, por tanto, no puede alimentarse de nuestros
pensamientos para renovarse. En la mayoría de los casos, el cuerpo del dolor no
se disuelve inmediatamente. Sin embargo, una vez roto su vínculo con nuestros
pensamientos, comienza a perder energía. La emoción ya no nubla nuestro
pensamiento; el pasado ya no distorsiona nuestras percepciones del presente.
Entonces, la frecuencia en la cual vibra la energía atrapada anteriormente
cambia y se transmuta en Presencia. Es así como el cuerpo del dolor se convierte
en combustible para la conciencia, y esta es la razón por la cual los hombres
más sabios e iluminados de nuestro planeta tuvieron también alguna vez un cuerpo
del dolor denso y pesado.
Independientemente de lo que digamos o hagamos, o del rostro que le presentemos
al mundo, no podemos ocultar nuestro estado mental y emocional. De todos los
seres humanos emana un campo de energía correspondiente a su estado interior, y
la mayoría de las personas lo pueden percibir, aunque su emanación se perciba
únicamente a nivel subliminal. Esto quiere decir que los demás no saben por qué
la perciben y, no obstante, esa energía determina en gran medida la forma como
reaccionan frente a la persona. Algunas personas, cuando conocen a otra,
perciben claramente su energía, incluso antes de cruzar palabra con ella. Sin
embargo, con el tiempo las palabras pasan a dominar la relación, y con las
palabras vienen los personajes y el drama. La atención pasa entonces al ámbito
de la mente y se disminuye considerablemente la capacidad para percibir el campo
de energía de la otra persona. Aun así, se continúa percibiendo a nivel del
inconsciente.
Cuando reconocemos que los cuerpos del dolor buscan inconscientemente más dolor,
es decir que desean que suceda algo malo, comprendemos que muchos accidentes de
tránsito son causados por los conductores cuyos cuerpos del dolor están activos
en ese momento. Cuando dos conductores cuyos cuerpos del dolor están activos al
mismo tiempo llegan a una intersección, la probabilidad de que ocurra un
accidente es mucho mayor que en circunstancias normales. Los dos desean
inconscientemente que se produzca el accidente. El papel de los cuerpos del
dolor en los accidentes de tránsito se aprecia más claramente en el fenómeno de
los conductores iracundos que se tornan físicamente violentos por nimiedades
como por ejemplo la lentitud del vehículo que va adelante.
Muchos actos de violencia son cometidos por personas "normales" que pierden la
cabeza transitoriamente. En los procesos judiciales del mundo entero se oye a
los abogados de la defensa decir, "esto no corresponde para nada con el carácter
de esta persona", y a los acusados decir, "no sé qué me pasó". Hasta donde yo
sé, ningún abogado, con el propósito de argumentar un atenuante, ha dicho nunca
que "el cuerpo del dolor de mi cliente estaba activado y no sabía lo que hacía.
De hecho no fue él quien cometió el acto sino su cuerpo del dolor".
¿Significa esto que las personas no son responsables de sus actos cuando están
bajo el control de su cuerpo del dolor? Yo respondo, ¿Cómo podrían serlo? ¿Cómo
podemos ser responsables cuando estamos inconscientes, cuando no sabemos lo que
hacemos? Sin embargo, en el gran esquema de las cosas, los seres humanos están
destinados a evolucionar hasta convertirse en seres conscientes, y quienes no lo
hagan sufrirán las consecuencias de su inconciencia. Estarán en disonancia con
el ímpetu evolutivo del universo.
Pero incluso ésta es una verdad relativa. Desde un punto de vista superior, no
es posible estar en disonancia con la evolución del universo, y hasta la
inconsciencia humana y el sufrimiento que de ella emana son parte de esa
evolución. Cuando ya no podemos soportar el ciclo permanente de sufrimiento,
comenzamos a despertar. Así, también el cuerpo del dolor ocupa un lugar
necesario en el esquema general de las cosas.
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