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LA TRANSFORMACIÓN A TRAVÉS DEL CUERPO

¿Por qué la mayoría de las religiones han condenado o negado el cuerpo? Parece que los buscadores espirituales siempre han considerado el cuerpo como un impedimento, e incluso algo pecaminoso.

¿Por qué son tan pocos los buscadores que han encontrado?

En lo relativo al cuerpo, los humanos estamos muy cerca de los animales. Compartimos todas las funciones corporales básicas: placer, dolor, respiración, alimento, bebida, eliminación, sueño, el instinto de procreación y, por supuesto, la vida y la muerte. Mucho después de bajar o caer del estado de gracia y unidad al de ilusión, los humanos despertaron en lo que parecían ser cuerpos animales, y este hecho les resultó muy inquietante. «No te engañes. No eres más que un animal»: ésta parecía ser la verdad que les miraba a los ojos, pero era una verdad demasiado molesta como para tolerarla. Adán y Eva vieron que estaban desnudos y tuvieron miedo. Rápidamente empezaron a negar de manera inconsciente su naturaleza animal. La amenaza de que pudieran ser dominados por impulsos instintivos y volvieran a caer en la inconsciencia más completa era muy real. Aparecieron la vergüenza y los tabúes en torno a ciertas partes del cuerpo y a ciertas funciones corporales, y de manera especial en torno a la sexualidad. La luz de la conciencia de aquellos primeros humanos aún no era lo suficientemente intensa como para reconciliarles con su naturaleza animal, permitirla ser y disfrutar de ese aspecto de sí mismos. Mucho menos probable era que pudieran entrar profundamente en ella y encontrar lo divino oculto en su seno. Por tanto, hicieron lo que tenían que hacer. Empezaron a disociarse de su cuerpo. Ahora consideraban que tenían un cuerpo, en lugar de ser un cuerpo.

Cuando surgieron las religiones, esta disociación se hizo todavía más pronunciada, tomando la forma de la creencia «Tú no eres tu cuerpo». A lo largo de los siglos, incontables personas en Oriente y Occidente han intentado encontrar a Dios, la salvación o la iluminación mediante la negación del cuerpo. Esta tendencia se plasmó en la negación de los placeres sensuales, en particular de la sexualidad, y también en ayunos y otras prácticas ascéticas. Se llegó a causar dolor al cuerpo en un intento de debilitarlo o castigarlo por considerarlo pecaminoso. En la cristiandad estas prácticas eran conocidas corno mortificación de la carne. Otros trataron de escapar del cuerpo entrando en estados de trance o buscando experiencias de salida del cuerpo. Y muchos lo siguen haciendo. Se dice que hasta Buda practicó la negación del cuerpo mediante el ayuno y algunos tipos de ascetismo extremo durante seis años, pero no obtuvo la iluminación hasta haber renunciado a dichas prácticas.

El hecho es que nadie se ha iluminado nunca negando el cuerpo, luchando contra él o experimentando con la salida del cuerpo. Estas experiencias pueden resultar fascinantes y pueden ofrecer un atisbo del estado de liberación de la forma material, pero, finalmente, uno siempre tiene que volver al cuerpo, que es donde ocurre el trabajo esencial de transformación. La transformación se realiza a través del cuerpo, no alejándose de él. Por eso ningún verdadero maestro ha abogado por luchar contra el cuerpo ni por salir de él, aunque sus seguidores, más mentales, puedan haberlo sugerido frecuentemente.

De las antiguas enseñanzas relacionadas con el cuerpo sólo han sobrevivido ciertos fragmentos, como la afirmación de Jesús: «Todo tu cuerpo estará lleno de luz»; o han sobrevivido mitos, como la creencia de que Jesús nunca renunció a su cuerpo y ascendió con él al «cielo». Hasta el momento presente, casi nadie ha entendido estos fragmentos o el significado oculto de los mitos, y la creencia «tú no eres tu cuerpo» ha prevalecido universalmente, ocasionando como consecuencia la negación del cuerpo y los intentos de escapar de él. De este modo se ha impedido la autorrealización espiritual de incontables buscadores, que no han llegado a convertirse en encontradores.

 

¿Es posible recuperar las enseñanzas perdidas sobre el significado del cuerpo o reconstruirlas a partir de los fragmentos existentes?

Eso no es necesario. Todas las enseñanzas espirituales tienen su origen en la misma Fuente. En ese sentido, hay y siempre ha habido un único maestro que se manifiesta de distintas formas. Yo soy ese maestro, y tú también lo serás en el momento en que puedas acceder a la Fuente interna. Y el medio para acceder a ella es el cuerpo interno. Aunque todas las enseñanzas espirituales tienen su origen en la misma Fuente, en cuanto quedan escritas y verbalizadas ya no son más que colecciones de palabras, y las palabras sólo son indicadores, como dijimos en espacios anteriores. Todas estas enseñanzas son postes indicadores que señalan el camino de vuelta a la Fuente.

Ya he hablado de la Verdad que yace oculta en el interior de tu cuerpo, pero volveré a resumir las enseñanzas perdidas de los maestros, de modo que aquí hay otro poste indicador. Por favor, esfuérzate por sentir tu cuerpo interno mientras lees.

 

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