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EL CONOCIMIENTO DEL CUERPO ASTRAL

Cuando experimentamos, por medio de nuestro cuerpo elemental, un mundo suprasensible que nos rodea, nos sentimos menos separados de ese mundo de lo que nos sentimos del mundo físico cuando estamos en nuestro cuerpo físico.

En esta vivencia del mundo suprasensible se establece una determinada relación con este mundo. Esta forma peculiar de relación la podemos intentar explicar considerando que hemos atraído hacia nuestra alma ciertas substancias del mundo elemental de la misma forma como en el mundo físico llevamos parte de sus energías materiales en la forma de nuestro cuerpo físico.

Vemos que sucede así cuando tratamos de abrirnos camino en el mundo suprasensible, estando fuera del cuerpo físico. Puede suceder que tengamos ante nosotros un hecho o un ser del mundo suprasensible. Puede estar allí, y podemos verlo, pero no sabemos lo qué es. Si somos bastante fuertes, podemos arrojarlo afuera, pero sólo retrayéndonos nosotros mismos al mundo de los sentidos, mediante enérgica concentración en las experiencias de ese mundo. Sin embargo, no podemos quedarnos en el mundo suprasensible y comparar con otros seres o hechos el ser o hecho percibido. Y no obstante, sólo así es como podríamos formarnos una idea correcta de lo que vemos.

En esta forma, nuestra "vista" en el mundo suprasensible puede estar limitada a la percepción de cosas individuales, sin la facultad de moverse libremente de una cosa a la otra. Entonces nos sentimos como aprisionados por esa cosa individual.

Veamos la razón de esta limitación. Esta sólo podrá ser encontrada, cuando mediante un ulterior desenvolvimiento, la vida anímica interna se haya fortalecido aún más, y lleguemos al punto en que ya no encontramos más esta limitación, y entonces descubriremos que la razón por la que no podíamos movernos de una cosa a otra, se encontraba en nuestra propia alma. Comprendemos que la vista en el mundo suprasensible difiere en esta forma de la percepción en el mundo de los sentidos. Uno puede, por ejemplo, ver en el mundo físico todas las cosas visibles si tiene ojos en buenas condiciones. Si uno ve una cosa, también puede, con los mismos ojos, ver todas las demás cosas. Pero no sucede así en el mundo suprasensible.

Uno puede tener los órganos de percepción suprasensible desarrollados en tal forma que sólo puede experimentar este o aquel hecho, pero si hemos de percibir otro hecho, el órgano perceptor debe ser desarrollado especialmente con este objeto. Este desenvolvimiento le da a uno la sensación de que un órgano se ha despertado a una región particular del mundo suprasensible. Uno siente como si el cuerpo elemental estuviera como dormido con respecto al mundo suprasensible y como si tuviera que ser despertado con respecto a cada cosa en particular. En realidad es posible hablar de estar dormido o despierto en el mundo elemental, pero estos no son estados alternados como el mundo físico. Son estados que existen en el ser humano simultáneamente.

Mientras no hemos logrado la facultad de percibir mediante nuestro cuerpo elemental, ese cuerpo, está dormido. Siempre llevamos este cuerpo con nosotros, pero es un cuerpo dormido. Con el fortalecimiento de nuestra vida anímica, comienza el despertar, pero al principio, de sólo una parte del cuerpo elemental. Cuanto más se despierta nuestro ser elemental, tanto más profundamente penetramos en el mundo elemental.

En el mundo elemental no hay nada que pueda ayudar al alma a producir este despertamiento. Por mucho que le sea dable contemplar, la percepción de una cosa no agrega nada a la posibilidad de percibir otra. La libertad de movimientos en el mundo suprasensible no puede lograrse con el auxilio de nada que se encuentre en el mundo elemental.

Cuando continuamos los ejercicios para fortalecer el alma, vamos adquiriendo más y más poder para movernos en regiones particulares. Y con todo esto, nuestra atención se va viendo atraída hacia algo en nosotros que no pertenece al mundo elemental, sino que descubrimos en nosotros mediante nuestra experiencia en ese mundo. Nos sentimos como seres particulares y separados en el mundo suprasensible. Mundo en el que los demás seres parecen ser los dueños y señores de sus cuerpos elementales; y que gradualmente están despertando sus cuerpos a la conciencia suprasensible.

Cuando hemos llegado hasta aquí, un sentimiento de intensa soledad sobrecoge al alma. Nos encontramos en un mundo que es elemental en todas direcciones; nos vemos a nosotros mismos dentro de un espacio elemental infinito, como seres que no pueden encontrar en parte alguna a su semejante.

No queremos decir con esto que todo desenvolvimiento de la clarividencia deba llevar a esta tremenda soledad, pero todo aquel que conscientemente y mediante sus propios esfuerzos, fortalezca así su alma, se encontrará con ella. Y si sigue a algún maestro que le va dando indicaciones, paso a paso, con objeto de facilitar su desenvolvimiento, se encontrará un día, quizás tarde, con que su maestro lo ha abandonado a sí mismo. Se encontrará con que lo ha abandonado en plena soledad en el mundo elemental. Sólo después comprenderá que aquél se vio obligado a abandonarlo a sí mismo, cuando llegó la oportunidad de que sólo en sí mismo confiara.

En esta estadía del camino evolutivo del alma, el discípulo se siente como un desterrado en el mundo elemental. Pero ahora puede seguir adelante si ha despertado en sí suficiente fortaleza, mediante su ejercitamiento interior. Puede comenzar a ver cómo emerge un nuevo mundo -no en el mundo elemental sino en sí mismo- un mundo que no está identificado ni con el mundo físico ni con el elemental. El discípulo en tal caso ve que un segundo mundo suprasensible se agrega al primero. Este segundo mundo suprasensible es al principio completamente un mundo interior. El discípulo tiene la sensación de que lo lleva consigo y de que está sólo con él. Para comparar este estado con algo del mundo de los sentidos, tomemos el siguiente caso. Uno ha perdido todos sus seres queridos, y ahora solo tiene consigo el recuerdo de ellos en su alma. Ellos viven para él solamente como pensamientos. El discípulo se encuentra frente a este segundo mundo suprasensible en tal forma como si lo llevara dentro de sí, pero sabe que se lo tiene separado de su realidad. No obstante, siente que esta realidad dentro de su alma, sea la que fuere, es algo mucho más real que un simple recuerdo del mundo de los sentidos. Este mundo suprasensible vive una vida independiente dentro de su propia alma. Todo lo que se encuentra está ansiando salirse del alma y llegar a algo diferente. Así siente uno como un mundo dentro de sí mismo, pero un mundo que no quiere permanecer allí. Esto da la sensación de ser partido en pedazos por cada uno de los detalles de ese mundo. Y se llega a un punto en que estos detalles se liberan, en que rompen algo así como una costra psíquica y se escapan. Y entonces uno se siente tanto más pobre por todo lo que en esta forma se ha escapado del alma.

Entonces aprende uno que esa parte de la realidad suprasensible que está en el alma, y que uno es capaz de amar por sí misma y no simplemente porque se encuentra realmente en el alma, se comporta de una manera particular. Lo que uno puede amar así profundamente no se escapa del alma, no fuerza su camino fuera del alma. Ciertamente, sino que se lleva al alma consigo. Y se la lleva a esa región donde vive en su verdadera realidad. Una especie de unión con la esencia real tiene lugar entonces, pues antes, uno sólo llevaba algo así como un reflejo de esa esencia real en el interior. El amor mencionado aquí, debe ser, sin embargo, de la clase que se experimenta en el mundo suprasensible.

En el mundo de los sentidos uno sólo puede prepararse para ese amor. Y esta preparación tiene lugar cuando uno fortifica su capacidad para amar en el mundo de los sentidos. Cuanto mayor es el amor de que uno es capaz en el mundo físico, tanto mayor capacidad subsiste para el mundo suprasensible.

Con respecto a las entidades individuales del mundo suprasensible este obra como sigue. Por ejemplo, uno no puede ponerse en contacto con los seres suprasensibles reales que están en relación con las plantas del mundo físico si uno no ama las plantas en el mundo de los sentidos, y así sucesivamente. Sin embargo, puede cometerse un error con respecto a estas cosas. Puede suceder que alguien en el mundo físico mire el reino vegetal con completa indiferencia y que, no obstante, haya una afinidad inconsciente con ese reino, oculta en el alma. Y luego, cuando se entre en el mundo suprasensible, puede despertarse ese amor.

Pero la unión con seres del mundo suprasensible, no depende solamente del amor. Otros sentimientos, tales como, por ejemplo, el respeto y la reverencia que el alma pueda sentir por un ser cuando por vez primera sienta la imagen de este ser surgir en ella tiene el mismo efecto. Sin embargo, estas cualidades deben pertenecer a las cualidades íntimas del alma. Y entonces en esta forma uno aprenderá a conocer esos seres del mundo suprasensible, a quienes uno mismo les abrió el camino con dichas cualidades internas. Una manera segura de conocer el mundo suprasensible, consiste en obtener acceso a los diferentes seres por medio de nuestra relación con sus reflejos. En el mundo de los sentidos amamos a un ser después de haber aprendido a conocerlo; en el segundo mundo suprasensible podemos amar la imagen de un ser antes de encontrarnos con el ser mismo, cuando esta imagen se presenta antes que el encuentro actual.

Lo que el alma en esta forma aprende a conocer dentro de sí misma, no es el cuerpo elemental. Guarda una relación con ese cuerpo como su despertador. Es un ser que mora dentro del alma; se siente en la misma forma que se sentiría uno mismo durante el sueño, si no estuviera inconsciente; o sea, lo que se sentiría uno mismo si estuviera consciente fuera del cuerpo, mientras éste está dormido y fuera uno a despertarlo para sacarlo del sueño. Y de esta manera el alma aprende a conocer un ser dentro de sí misma que es un tercer algo, aparte del cuerpo físico y del elemental. Llamemos a este algo el cuerpo astral, y esta expresión por el momento no significará nada más que aquello que, en la forma descrita, se experimenta dentro de este segundo mundo suprasensible.

 

 

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