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Esquema del Árbol de la Vida

Esquema de los círculos de la manifestación del alma

Esquema del Árbol místico

DÉCIMA ESFERA: MALJÚT, REINO

Maljút, Reino, es el plano físico en general: el entramado de materia/energía que se extiende desde el mundo atómico y subatómico hasta el plano de las galaxias o del universo en su conjunto.

Experimentamos a Maljút mediante el cuerpo, que nos hace presentes en ese dominio y, en particular, mediante sus instrumentos de percepción: los sentidos, tanto los externos (vista, oído, etc.) como los internos (en músculos, visceras, etc.).

No quiere decir que en Maljút sólo exista aquello que se puede tocar, captar mediante los sentidos. De hecho, la energía es algo que pertenece a la parte abstracta del plano material, ya que es impalpable de forma directa si bien sus manifestaciones son bien conocidas. Lo mismo podría decirse de los campos físicos, como el electromagnético, el gravitatorio, etc. Sus líneas de fuerza -las tensiones que presiden y dirigen los comportamientos de las partículas materiales- pertenecen también a la región abstracta de lo físico.

Y esto considerando sólo aquella parte reconocida y estudiada por la ciencia. Existen, además, regiones sutiles, llamadas a veces etéricas, que se escapan por completo a nuestra percepción consciente ordinaria. De hecho, se afirma que sólo un uno por ciento del plano físico es materia. El noventa y nueve por ciento restante es Luz (¡la materia está prácticamente vacía!), solo que se halla en un estado muy contraído, constreñido, limitado. El concepto de contracción de la Luz aparece con frecuencia y debe ser estudiado cuando se avanza por el camino cabalístico.

Esta contracción de la Luz sucede por dos motivos: por la propia naturaleza del proceso emanativo y como resultado de la Caída del hombre.

Hay que tener en cuenta que Maljút, Reino, representa el estadio final, realizado, de cualquier proceso. Si se concibe toda la Manifestación como una gran vasija para contener la Luz del Infinito, en Maljút está enfatizado el aspecto de concreción de la vasija, y por tanto de recepción de la Luz. Puesto que Luz y vasija son, en principio dos fases opuestas - dar y recibir- eso hace que Maljút sea el punto más alejado de la Fuente Infinita y, por tanto, de mayor oscuridad relativa.

Recordemos que Dar es la característica esencial de la Luz y Recibir es el aspecto o característica principal de la vasija. Toda la creación consiste en formas de recibir y, por tanto, de manifestar, la Luz Infinita.

Así, Maljút es el estado de máxima resistencia, de máxima inercia. Se distingue por su estabilidad. Su función será hacer visible y definido lo que en esferas superiores es indefinido e intangible. Todos los procesos del Árbol de la Vida tienden en última instancia a buscar expresión y estabilidad en Maljút, el punto de mínima energía potencial, pero también, como hemos dicho, de mayor completitud – Maljút tiene la cualidad de estar completo.

Maljút es el Reino de Dios, la Creación terminada, el Séptimo día o Shabat, en el que Dios descansó de toda su obra. Dios no se retira de la Creación -eso es impensable- sino que permanece inmanente en la misma. Su Presencia constante es el aspecto divino que permea o empapa toda la Creación.

"Y bendijo Dios al séptimo día y lo santificó, porque en él descansó de toda su obra que creó Dios para hacer" (Gen. 2:3). Es decir, que a pesar de que no hallarse activo de forma directa y evidente (el aspecto de contracción de la Luz), Dios también hace de la Creación su morada (la bendice y la santifica) para que ésta alcance por sí misma su objetivo ("la obra que creó para hacer"), que no es otro que el reconocimiento y actualización conscientes, por todos los seres, en todos los mundos, del Reino de Dios, de esa Presencia Santa, que es la Luz colmando a rebosar el deseo de toda vasija.

Porque el plano físico puede existir en un estado exaltado, por nosotros impensable desde que reemplazamos nuestras vestiduras de luz por túnicas de piel, que representan el estado corpóreo actual. La Tierra fue maldecida, es decir, Maljút fue separada del resto del Árbol de la Vida (relativamente: se entiende una separación en nivel de conciencia) para caer bajo el dominio del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal, la conciencia de dualidad, fragmentación. Se ha creado con ello una discontinuidad (metafórica) en el propio seno de lo Divino, porque el aspecto femenino de Dios, su Presencia viva y actuante, ha ido al exilio con todas las criaturas.

En el milenio -metáfora de la consumación de los tiempos- después de la instauración de la época mesiánica (época de transformación y despertar espiritual sin precedentes), tendrá lugar la llamada "resurrección de los muertos". Habrá entonces la posibilidad de experimentar el plano físico con un cuerpo perfeccionado, cuando Maljút, la Reina, que incluye en sí a todos los mundos creados, y el Santo, Bendito Sea, el Rey, el aspecto masculino de Dios -las Esferas por encima de Maljút (sobre todo Tiféret)- vuelvan a unirse en amor y comunicación perfectas, tal como narra el Cantar de los Cantares, para algunos el libro más santo de toda la Biblia.

Éste es el arquetipo del Reino de Dios, en el que la materia será plenamente transparente a lo espiritual. Entretanto, estamos en Maljút para aprender las lecciones de la vida, para rectificar nuestras vasijas personales de modo que nuestra divinidad pueda expresarse y resplandecer en el mundo físico. Puesto que, como hemos dicho, esta Esfera es el resultado final de todas las operaciones, todos los elementos y procesos del Árbol están representados en ella, y los distintos arquetipos están proyectados y encarnados por personas, instituciones, situaciones, eventos, etc. Maljút constituye en general eso que llamamos "la vida" y que se convierte así en una escuela completa de experiencia.

La conciencia humana opera en Maljút -el nivel corpóreo de inteligencia/energía- por medio del cerebro y del sistema nervioso. Estamos hoy en día lejos del optimismo científico que hacía presuponer que todos los fenómenos mentales serían algún día reducidos a procesos neurofisiológicos, si bien es cierto que cada día se profundiza más en el solape mente/cuerpo.

No hay, sin embargo, una teoría global o modelo sobre su dinámica. Ya funcione el cerebro como una complejísima computadora, ya tenga una estructura y función holográficas, ya sea un sistema regido por las leyes del caos determinista, el hecho es que la máquina cerebral transforma la intrincada pauta de frecuencias vibratorias que constituye el plano material en el mundo de objetos de nuestra experiencia familiar. Pero es de todos sabido que el cerebro tiene unas posibilidades insospechadas, que puede procesar otros "programas", por retomar el modelo informático, distintos a la película "mundo real" a la que estamos acostumbrados. ¿Dónde existe el mundo? ¿Ahí afuera, o en nuestro sistema nervioso?

Pero con estos razonamientos estamos dando ya el paso a la siguiente Esfera, Yesod, que es tanto el entramado de tensiones que sustenta lo físico como el almacén de imágenes que es la puerta de lo psíquico.

Una última palabra sobre Maljút. Las siete Esferas inferiores del Árbol -de Jésed a Maljút- están representadas por siete grandes figuras o arquetipos bíblicos, que son como su "carroza", el vehículo para la expresión de la esencia de las Esferas. En particular, en el caso de Maljút, el personaje bíblico es el Rey David.

David fue capaz de integrar en sí mismo las seis sefirot (Esferas) activas -Jésed, Guevurá, Tiféret, Nétsaj, Hod y Yesod- y expresarlas en la sefirá pasiva de Maljút. Esta integración armoniosa viene representada por la figura del hexagrama (dos triángulos equiláteros entrelazados) que se puede superponer sobre el diagrama del Árbol. Se ve entonces que las seis puntas se corresponden con las seis Esferas anteriores si se hace que Tiféret ocupe el lugar de Daát (Hay que tener en cuenta que Daát, en más de un sentido, es el alma de Tiféret). De hecho, el hexagrama o estrella de seis puntas recibe el nombre de Escudo de David.

Ahora bien, el rey David no alcanzó su estado sin una lucha y esfuerzo constantes, y sólo al final de su vida consiguió esa realización integrada, lo que aparece en el texto bíblico como el único versículo en el que son mencionadas explícitamente las siete Esferas inferiores (I Crónicas 29:11-12). En ese versículo se establece el reconocimiento de la soberanía divina sobre todas las dimensiones (Esferas) que actúan en el plano físico.

David no fue digno de construir el Templo, la morada de Dios en la Tierra, porque había derramado mucha sangre (el aspecto de lucha de Maljút, en guerra constante con la negatividad), pero fue quien posibilitó esa tarea, culminada por Salomón, hijo de David y Bat-Sheva (literalmente, hija de los siete, el alter ego femenino de David). Sólo Salomón, sobre su trono de asiento Tiferético, pudo consumar plenamente la unión de lo divino y lo humano.

David recibió un territorio deprimido y dividido, y fue capaz de construir un reino estable y duradero, fundamentado en lo espiritual (David, además de guerrero, era el dulce cantor de los Salmos que ocupaba las noches en el estudio de la Torá (La Ley, pero también la Enseñanza. En sentido estricto, la Torá es el Pentateuco, pero se generaliza a todo el texto del llamado Antiguo Testamento y, por extensión, a toda la Ley religiosa judía) Por todo esto, el Mesías, el redentor en el plano físico, es simbólicamente siempre descendiente de David.

 

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