LA ZORRA Y EL CUERVO

Encaramado en un árbol, el señor cuervo sujetaba con su pico un rico queso. Y la señora zorra, atraída por el olorcillo, le habló de esta manera:

-¡Buenos días, señor cuervo! ¡Cuan bello sois y me lo parecéis! Si fuera vuestro canto igual a vuestras plumas, sin mentir, os digo, que seríais el fénix (1) de cuantas aves viven en los bosques.

Oyendo el cuervo tales palabras, desborda de alegría, y abriendo el pico para lucir su voz hermosa, deja caer el queso. Lo atrapa la zorra al instante, y le dice:

-Sabed, señor cuervo, que todo adulón es un parásito de aquel que sin más lo escucha; esta lección bien vale un queso.

Avergonzado y confundido, juró el cuervo, aunque algo tarde, que nunca más le engañarían.



(1) El ave única y fabulosa que, después de vivir varios siglos en el desierto, moría en el fuego, para renacer de sus cenizas.
 

 

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