Significado de la consciencia.

La consciencia es el pleno conocimiento de lo que sucede a cada instante, tanto fuera como dentro de uno. Los ejercicios para el ejercicio de la consciencia desarrollan la atención, mientras que a su vez el desarrollo de la atención favorece el crecimiento de la consciencia, y ambos potencian la memoria, dado que los niños recuerdan mucho mejor las cosas a las que han prestado la debida atención. Existen numerosos ejercicios, todos ellos muy atractivos, que contribuyen al crecimiento de la consciencia y que, en consecuencia, constituyen una excelente preparación para la futura práctica de ejercicios más intensivos. En este espacio proponemos aquellos que probablemente atraerán más a los niños. Pero primero es muy útil ayudarles a que comprendan hasta qué punto es fragmentaria su memoria.

¿Cuántas veces les decimos a nuestros hijos que sean atentos o les reñimos por su falta de atención? Y aun así, no hacemos absolutamente nada para ayudarles a desarrollar esa capacidad. Si nos paramos a pensar, es curioso que critiquemos a los niños porque no se comportan de un modo específico; precisamente aquel en el que más fracasamos cuando intentamos inculcárselo. ¡Cuántas veces nos enojamos con nuestros hijos porque no prestan atención! De ahí que, "atención" se convierta en un vocablo terrible para ellos y una vara más con la que el mundo de los adultos les puede derribar en el momento menos pensado.

Los ejercicios de este espacio son valiosísimos para la enseñanza de las técnicas de la consciencia (o mejor, para despertar nuestra capacidad innata para la consciencia). Nuestra supervivencia como especie durante milenios ha dependido de la capacidad de ser conscientes de lo que sucede a nuestro alrededor, tanto en la caza y en mantenerse alerta ante posibles señales de peligro, como al escuchar las enseñanzas vitales de nuestros mayores, cuando, mucho antes de la aparición de la escritura, había que retener cada palabra en la memoria. La consciencia es un don natural y placentero. Sólo necesita un espacio en el que florecer. En nuestro mundo moderno y artificial, rodeamos a los niños de tantas y tantas distracciones que, a decir verdad, somos nosotros quienes nos interponemos entre ellos y su capacidad natural de ser atentos en la vida real.
 

 

 

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