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Sexualidad humana y práctica de los métodos naturales

Para vivir con responsabilidad y madurez los Métodos Naturales, se precisa de un esfuerzo educativo que comienza por clarificar algunos conceptos fundamentales y eliminar conocimientos erróneos que distorsionan el análisis -y por consiguiente el diagnóstico- sereno y objetivo de cada situación. Por ello, es necesario precisar algunas ideas básicas para "iluminar" a cuantos se inicien en esta parcela de la educación sanitaria.


Conceptos básicos

Métodos Naturales.

Son aquellos que la OMS define como "Métodos basados en el autodiagnóstico de los días fértiles e infértiles del ciclo y en la abstinencia periódica de relaciones sexuales en las fases de fertilidad, cuando lo que se busca es posponer un embarazo". Conviene repasar esta definición en el contexto real de la pareja. Después de un tiempo de reflexión y diálogo esta definición podrá ser asumida y convertida en soporte del camino en común que se realizará poniendo en práctica los métodos naturales.

Así los cónyuges, de mutuo acuerdo y según sean las circunstancias de cada momento, en su relación interpersonal podrán llevar a cabo la relación sexual-genital o bien prescindirán de ella, lo que no significa prescindir de la relación sexual-amorosa, sino sólo de una de sus manifestaciones.


Planificación Familiar Natural

Llamamos Planificación Familiar Natural a aquel estilo de vida que incorpora a la vida conyugal el respeto, la responsabilidad común y el autodominio, que conducen a adaptar el ejercicio de la sexualidad masculina y femenina a los biorritmos de la mujer. Es evidente que este planteamiento resalta la paternidad consciente frente a la paternidad "instintiva", automática o exclusivamente biológica. En otras palabras, se trata de lograr que ambos cónyuges ejerciten su capacidad intelectual en un terreno que, hasta hace poco, algunos habían considerado fuera del arbitrio de la inteligencia.

 

La Sexualidad Humana

Este es otro concepto que, en el curso del aprendizaje de los Métodos Naturales, se debe asumir adecuadamente. La sexualidad humana entendida como "aquella serie de connotaciones biológicas, psicológicas e intelectuales que hacen que el ser humano se manifieste como hombre o como mujer".

Nos detendremos en analizar la necesidad de la armonía en el desarrollo equilibrado de la sexualidad dentro del conjunto de la persona, así como las diferencias entre la sexualidad humana y la animal, y la dualidad sexual. Es importante detenerse a pensar en la sexualidad porque, en el ser humano, es un bien de orden superior que permite engendrar nuevas personas. No puede haber finalidad más trascendente y por tanto más necesitada de conocimiento y reflexión.

 

Armonía sexual y madurez humana

La facultad sexual del ser humano debe ser integrada en el conjunto de sus otras facultades, y el uso de esta facultad sexual requiere una valoración equilibrada en el contexto de toda la personalidad humana.

En la actualidad estamos sumergidos en una ola de deshumanización de la sexualidad que obliga a recordar, a menudo, que el ser humano no es un cerebro con tripas y sin corazón ni unos genitales descabezados, sino una persona con todos sus atributos: inteligencia, voluntad y sentimientos.


Aspectos de la sexualidad

Forman parte de la sexualidad humana, como aspectos fundamentales e inseparables los siguientes aspectos:

La faceta afectiva: sentimientos, sonrisa, ternura, gestos.

La fafaceta cognitiva: amistad, complementariedad, conversación, compañerismo.

El placer: resorte vital que anima a la realización sexual por encima de otros reclamos, tan numerosos en la actualidad.

La procreación: Obviamente, la procreación es el objetivo primordial de la naturaleza al hacer al hombre y a la mujer fértiles. Es también la más "palpable" de las ilusiones compartidas de dos personas que, porque se aman, en un mismo acto libre pueden comunicar amor y dar vida.


La integración de todos estos aspectos de la sexualidad es una tarea indispensable en el proceso evolutivo de la persona hacia su madurez y premisa inexcusable para conseguir la salud sexual.

La sexualidad, siendo un aspecto importantísimo de la personalidad humana, debe armonizarse adecuadamente con todos los otros aspectos importantes de la personalidad. Si no existe esta armonía, aparecen seres desarmónicos con expresiones sexuales hipertrofiadas o, por el contrario, con graves apatías sexuales. Si se aísla la sexualidad, desvinculándola de las otras facetas y aspectos de la persona, se deforma la realidad, creando confusión e inseguridad ya que el propio sentido de la existencia –el ser consciente, amar y obrar adecuadamente- se confunde con la fugaz obtención de placer. Este placer que, cuando es buscado exclusiva y obsesivamente, no lleva más que al desencanto y a la insatisfacción e incluso puede conducir a diferentes patologías (neurosis, adicción al alcohol, drogas, disfunciones sexuales o perversión...)

Si el único objetivo de la sexualidad humana hubiera sido la obtención de placer, resultaría inexplicable la presencia en la mujer de un mecanismo tan complejo: una matriz que continuamente se renueva y prepara, como la tierra esperando la simiente, o en otro símil fácilmente comprensible, que "pone la mesa" esperando un posible invitado. Si el invitado no llega, se expulsa al exterior el ya innecesario endometrio (menstruación). Todos los cambios cíclicos que ocurren en la mujer durante su vida fértil no tienen mas objetivo que favorecer las condiciones óptimas para la procreación. Tampoco necesitaría el hombre unos órganos sexuales secundarios, como la próstata y las vesículas seminales, destinados únicamente a formar el "carburante" y adaptar el medio para que el gameto masculino pueda llegar a fecundar el óvulo, pero que de nada sirven para la obtención de un fugaz placer físico, que no justifica su existencia.

A poco que se profundice en el estudio de la anatomía y fisiología de los órganos sexuales masculinos y femeninos, analizando su compleja regulación, se verá cuan desatinado es pensar que un mecanismo, tan cuidadosamente estructurado por la naturaleza para la reproducción de la especie, pueda ser distorsionado de esta finalidad, sin gran riesgo, aprovechando únicamente la parte placentera y desdeñando el resto sin miramientos.

Si bien es verdad que el abrazo conyugal es sólo una de las formas de expresar el amor y que su ejercicio desvinculado del mismo pierde su sentido humano, también es cierto que la unión corporal tiene una función espléndida y debe realizarse de forma espléndida.

Hay un aspecto práctico en las relaciones íntimas conyugales que precisa de un aprendizaje conjunto. Al no tratarse de una acción individual, hay que ir adaptándose al ritmo del otro. Este empeño exige dedicación, aceptación y generosidad; si faltan estas virtudes, se empobrece no sólo el placer que pueda experimentarse, sino también la unión interpersonal.

Según recuerda el manual de la OMS para la Educación Familiar de la Fertilidad, es conveniente que los jóvenes, ya antes de casarse, sepan que tanto el placer como la armonía sexual no suelen conseguirse en las primeras relaciones sino que requieren tiempo, comprensión, cariño, paciencia y buen humor, hasta conseguir armonizar su sexualidad complementaria. Este afinamiento de la sexualidad humana evita que se caiga en la rutina y aleja la frustración, aunque no se alcance el -en muchos aspectos mitificado-clímax sexual.

Es conveniente, en este aspecto, planificar el viaje de novios para poder descansar y comenzar esta nueva etapa de la vida con suficiente sosiego e intimidad. El inevitable nerviosismo de los preparativos y del día de la boda, el cansancio, la separación de sus respectivas familias y la perspectiva de compartir la vida con otra persona son factores, entre otros, que aconsejan la necesidad de preparar el viaje para que aquellas condiciones de intimidad y sosiego puedan cumplirse.

Cuando la sexualidad parte del amor, el acto sexual conyugal es como un rito; no hay monotonía, ni zafiedad, ni brusquedad animal, sino ternura, miramiento, delicadeza. Para que la relación sexual tenga la categoría que merece, necesita ir precedida de una preparación previa -el cortejo- que la rutina de la vida en común no debe hacer olvidar. El ser humano psíquicamente sano expresa su amor con naturalidad, sin permitir acciones rebuscadas, raras o patológicas, más propias de una persona neurótica o que padece una desviación sexual.

 

 

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