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Ser apasionados
Ser apasionados es estar poseídos de algún afecto o aficionarse con exceso a
alguien o algo. La palabra pasión viene del latín "passio" asociado con la
acción de padecer o sufrir. Así, cuando hablamos de pasión podemos hablar del
amor muy intenso de una persona por otra o del sufrimiento extremo de alguien
como es el caso de la Pasión de Cristo.
En el campo de la psicología, la pasión es una expresión de la conducta,
vehemente, entusiasta y frecuentemente incontrolada que ocupa la atención de la
persona y lo predispone hacia un comportamiento en pro del objetivo de su
excitación.
Ser apasionados no es una perturbación o un trastorno. Se encuentra
estrechamente vinculado a comportarnos de manera más emocional que racional. No
en vano un refrán popular dice: "Lleno de pasión, vacío de razón". Esto implica
que cuando una persona se siente apasionada tenderá a reaccionar más con sus
emociones que razonando objetivamente, pensando o planificando acciones para
alcanzar sus metas.
En la vida común las personas absolutamente apasionadas sufren en demasía,
porque actúan sin recapacitar y generalmente fracasan. Cuando el equilibrio
entre la razón y la emoción se pierde surgen los desengaños, las frustraciones,
la amargura, el desconsuelo, la consternación, el abatimiento, la tristeza y el
tormento. Por último, la depresión.
La mayoría de las personas cuando hablan de ser apasionados se refieren al amor,
al sexo, a la relación de pareja. Ser apasionados está emparentado al corazón,
al alma. No obstante, se puede ser apasionado de alguna causa, de una forma de
ser o de alguna tarea, oficio o profesión. Sin apasionamiento el arte no
existiría, los poetas, escritores y literatos no nos hubieran legado sus
maravillas. Historiadores y científicos no hubieran hecho sus aportes a la
humanidad. "Ser apasionados" es vital siempre que se establezca el contrapeso
con el "ser racionales", a la vez.
Si eliminamos la pasión perdemos el disfrute de estar enamorados, la sensualidad
y la voluptuosidad del sexo, el goce de la belleza, el agrado y el regocijo de
crear, la satisfacción de andar el camino espiritual y de hacer el bien, la
dicha de trabajar por la paz. Sin pasión perderemos la diversión, la ventura, la
felicidad. Pero, si excluimos la racionalidad, la pasión nos puede llevar al
camino equivocado, al sufrimiento, al dolor. Sin consciencia, reflexión ni
discernimiento, a veces la pasión nos arrastra a su lado oscuro, a la lujuria,
al crimen "pasional", a la desgracia y al infortunio.
La fórmula es combinar la pasión y la razón, mente y corazón, en la
proporción que tú mismo/a sientas o juzgues que es apropiada y,
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