RESPUESTAS PSICOLÓGICAS DE LA VÍCTIMA DE UNA VIOLACIÓN

Diversos investigadores han estudiado las reacciones psicológicas de las mujeres después de haber sido violadas. Estas investigaciones ponen de manifiesto que la violación constituye un momento crítico para la mujer y que los efectos sobre su adaptación pueden persistir durante un año o más. La expresión síndrome del trauma de la violación se ha utilizado para aludir a los cambios emocionales y físicos que sufre una mujer después de una violación o de una tentativa de violación.

Las reacciones emocionales inmediatas a una violación (la fase aguda) suelen ser graves. Las investigaciones han descubierto que, un mes después de producida, las víctimas están significativamente más deprimidas que las mujeres de un grupo control. Asimismo, las víctimas se muestran también aterrorizadas y muy ansiosas.

Algunas de ellas se culpan a sí mismas. La mujer puede pasarse horas atormentándose sobre lo que hizo para provocar la violación o lo que hubiera debido hacer para impedirla: "si no hubiera llevado ese jersey tan ajustado..."; "si no hubiese llevado la falda corta..."; "si no hubiese sido tan imbécil como para ir por esa calle oscura..."; "si no hubiera sido tan estúpida como para confiar en ese chico..." Todas estas expresiones son ejemplos de la tendencia, presente tanto entre las víctimas como en otras personas, de culpar a la victima (1).

Es posible que la mujer presente lesiones físicas a consecuencia de la violación, como cortes y magulladuras. Las mujeres obligadas a practicar sexo oral pueden padecer irritaciones o lesiones en la garganta, y las obligadas al coito anal presentan lesiones sangrantes y se quejan de dolores en la zona rectal.

Tras la fase inmediata, aguda, tiene lugar una fase de reorganización a largo plazo, durante la cual la mujer se esfuerza por superar el trauma y volver a llevar una vida normal, aunque aún experimenta graves consecuencias psicológicas. A los cuatro meses de la violación, la generalidad de las víctimas no está significativamente más deprimida que las mujeres de un grupo de control. No obstante, transcurrido un año desde la violación, el miedo y la ansiedad permanecen aún en niveles elevados. Los problemas de adaptación en el trabajo todavía están presentes a los ocho meses después de la violación. Y los relativos a las funciones sexuales pueden persistir durante un año o más. Cinco meses después de haber sido violada, una mujer manifestaba: "hay veces que me pongo histérica con mi compañero sentimental. No quiero que se me acerque; estoy aterrorizada".

Por otra parte, no todas las víctimas de violaciones quedan gravemente traumatizadas. Por ejemplo, en un estudio, el 26% no manifestaba síntomas depresivos dos semanas después de la violación.

Los investigadores han tratado de identificar los factores que determinan la aparición de las reacciones más graves. En contra de lo que podría suponerse, la magnitud del trauma provocado por la violación (p. ej., la gravedad de las lesiones físicas) no parece relacionarse con los síntomas psicológicos posteriores. Si la mujer tiene una historia de depresión y ansiedad, es más probable que experimente estos síntomas tras la violación. Asimismo, es importante el soporte social que proporcionen familiares y amigos; es más probable que las mujeres que reciben poco apoyo tengan problemas depresivos a largo plazo.

Los investigadores han descubierto también una reacción silenciosa a la violación, en cuyo caso, la mujer violada no sólo no denuncia el hecho a la policía, sino que no lo comenta con nadie. Por supuesto, ella experimenta los mismos problemas de adaptación que el resto de las víctimas de violaciones, pero no encuentra forma de expresar o manifestar sus sentimientos. Los asesores y los psicoterapeutas deben tener en cuenta este síndrome. Por ejemplo, una mujer puede llegar a la consulta quejándose de problemas muy diferentes (quizá, de su incapacidad para tener orgasmos o de ansiedad y depresión), cuando el verdadero problema es que ha sido violada pero es incapaz de hablar de ello.

Si una mujer denuncia la violación y decide presentar cargos, la investigación policíaca y el juicio mismo pueden suponerle nuevas crisis. Tiene que recordar con todo detalle la experiencia traumática. La policía y los tribunales tienen toda una historia de trato insensible e, incluso, abusivo de las víctimas de violaciones. Es posible que no se muestren muy simpáticos con la mujer y los policías pueden adoptar una actitud cínica, sugiriendo que ella aceptó tener relaciones sexuales, aunque después cambió de idea. Las actitudes de los policías no pueden sorprendernos demasiado, habida cuenta de que se han educado en una cultura en la que abundan los estereotipos sobre las mujeres, incluido el que sostiene que la violación sólo es una situación en la que la mujer cambia de idea. Sin duda, no puede acusarse a todos los oficiales de policía de ser tan cínicos, pero son demasiadas las víctimas que aluden a un trato así:

“Por último, manifestaron que creían que estaba mintiendo. Dijeron que, probablemente, yo había estado manteniendo relaciones sexuales con mi compañero y quizá tenía miedo de haberme quedado embarazada. También imaginaron que mi compañero me había abandonado por eso. Querían saber si alguna vez me había pedido que me acostara con sus amigos”.

O de éste:

“Fui a la comisaría y dije: "quiero denunciar una violación". Me dijeron: "¿a quién?", y dije: "a mí". El poli me miró y dijo: "¡je!, ¿quién iba a querer violarte?"

Aparte de estos informes anecdóticos, disponemos de pruebas científicas más sólidas de las actitudes negativas de oficiales de policía en diferentes estudios.

El abogado defensor, procurando salvaguardar al violador, puede tratar de hacer que la víctima parezca, en realidad, la delincuente (que ella lo sedujo, decidiendo después hablar de violación; que es una mujerzuela, por lo que no puede hablarse de violación, y cosas por el estilo). Pueden preguntarle por sus experiencias sexuales anteriores, con la idea de que, si ha tenido relaciones sexuales prematrimoniales o extramatrimoniales, la acusen de promiscua, sin que pueda aducirse violación. Como lo manifestaba una mujer:

“Sacaron a relucir toda mi vida pasada, haciéndome pasar por todas estas acusaciones, mientras el violador estaba sentado, callado, rodeado por sus abogados. Por supuesto, la ley le da ese derecho, pero parecía que era yo la juzgada”.

Varios países han aprobado nuevas leyes procesales que no permiten que la experiencia sexual previa de la mujer (salvo con el presunto violador) se utilice en un juicio por violación.

Durante el final del siglo pasado, debido en parte, quizá, a varios excelentes programas de televisión que mostraban las situaciones desagradables que pasaba la mujer que había sido violada, muchos departamentos de policía han intentado modificar el trato que reciben las víctimas de violaciones. Algunos cuentan con "brigadas antiviolación", formadas por oficiales femeninos que toman declaración a la mujer e investigan el caso; esto evita la vergüenza de describir el incidente a un hombre.



(1) Sin embargo, en realidad, en el 71 % de los casos, el violador planeó la violación con anterioridad; por tanto, cuesta creer que la víctima tenga la culpa.

 

 

 

 

 

 

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