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Reflexiones.

Existen cuatro principios que debe respetar la mujer anciana.

1. Manifiéstate.

2. Presta atención.

3. Di la verdad.

4. Desvincúlate del resultado.

Cada etapa de la vida contribuye a que aprendamos lo que significan en realidad estos cuatro principios. Prestar atención, por ejemplo, engloba lo que no decimos y sus implicaciones, o incluso lo que señalamos de un modo inconsciente. La experiencia nos enseña que decir la verdad puede acarrearnos consecuencias dolorosas, razón por la cual es preciso ser valiente para decir la verdad delante de quien tiene el poder o de algún allegado. Aprender qué repercusiones tendrá no decir la verdad, en cambio, es una lección muy distinta que nos da la vida y que surge de permanecer en silencio y tener que vivir con una misma.

El supeditarnos al resultado se relaciona con las expectativas que tenemos con nuestra acción: las esperanzas que albergamos, o lo que damos por sentado, nos llevan a sentirnos decepcionados, molestos o sorprendidos según sean los resultados de la acción. No sentirse vinculado a un resultado es adoptar una posición espiritual de libertad que es la más eficaz y operativa.

A lo largo de los años, las personas que integramos la Página de la Vida hemos hecho oír nuestra voz. Como nuestra naturaleza y educación no nos han convertido en personas temerosas, para nosotros es más fácil que para otros decir la verdad a los que tienen el poder. Además, eso forma parte de la naturaleza de nuestro trabajo espiritual. Somos de las que "tiran de la manta", lo cual nos han acarreado ciertas consecuencias desagradables, pero jamás nos hemos cuestionado, ni racionalmente ni emocionalmente, si todo esto había valido la pena. Algunos de nosotros ya lo sabíamos, pero otros hemos descubierto que “di la verdad” y “desvincúlate del resultado” son frases sabias (sobre todo si queremos poner en claro ciertos temas y adoptar una postura con respecto a un principio, o bien al atestiguar algo).

La anciana es una persona que ama de verdad, es un ser humano superior que no se identifica con lo que experimenta, que ve a todos lo seres humanos como una parte viva de sí. Pero para la mujer mayor que todavía no a alcanzado esta forma superior de sentir la vida, cuando se trata de personas cercanas a ella, a quienes aman con cierto sentimiento de posesividad, no les suele resultar posible desidentificarse y desvincularse del resultado. Como mayores sabemos ver los problemas en los que, con toda probabilidad, tropezarán nuestros hijos adultos, nietos, o individuos a los que amamos, en el camino que tomen. En estas circunstancias, además de intentar desvincularnos del resultado, incluiremos un principio más: “Ora para que todo salga bien”.

En realidad, los seres humanos desconocemos qué es lo que les conviene a los demás. Es posible que se avecinen tiempos duros para aquellos que nos preocupan, sobre todo si estos últimos se empecinan en seguir una dirección determinada, y lo sabemos porque la experiencia nos lo dice muy claramente.

No obstante, si la persona realizara un cambio de rumbo también tendría consecuencias imprevistas. Cualquiera de los caminos a tomar les puede llevar a una crisis constructiva o destructiva. Sabemos que cada persona tiene un destino propio, su sino, y que tendrá que aprender a través de él lecciones específicas y comprender los condicionamientos de su mente, y que nosotros no podemos ni debemos controlar, ni siquiera podemos conocer todo el potencial que se oculta tras todo lo que sucede. En estas circunstancias ejercer la conciencia, desidentificarse, desvincularse de los resultados y orar para que todo salga bien es lo más idóneo que podemos hacer.

Orar para que todo salga bien tiene su propio peso, pues una confía y ya sabe que, ocurra lo que ocurra, todo irá bien y sucederá para lo mejor. Orar es como enviar energía, ángeles o sabiduría a la persona por la que estamos pidiendo. También, desvinculase de los resultados y orar para que todo salga bien es una expresión de sabiduría de anciana que se relaciona con el principio femenino o maternal, expresado espiritualmente. Tiene que ver con decir la verdad sabiendo que nuestro conocimiento de ella es limitado, y con educar y proteger a aquellos por quienes rezas espiritualmente, hagan lo que hagan. Consiste en desear y, por tanto, implicarse conscientemente para que todo les salga bien... sin perder de vista toda su vida y el viaje de su alma.
 

 

 

 

 

 

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