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El rechazo. Duele ser rechazado
Los seres humanos somos notablemente sociales. Desde que nacemos el instinto de
gregarismo, de ser parte de un grupo social, forma parte de nuestros códigos
genéticos y de los sentidos de conservación.
Podemos sentirnos rechazados o discriminados por razones de raza, género, edad,
nacionalidad, sexo, religión o por otras condiciones políticas, económicas y
sociales. Asimismo, nos podemos sentir excluidos por nuestros compañeros de
estudio, trabajo e inclusive dentro de nuestras familias por hermanos, padres o
hijos o por el propio cónyuge cuando se presenta la separación en la pareja. En
todos estos casos el sentimiento que se experimenta es de minusvalía y dolor.
En una investigación realizada en la Universidad de California en los Estados
Unidos se determinó que el rechazo produce la misma reacción en el cerebro que
el dolor físico. Los investigadores utilizaron tomografías cerebrales de
individuos para observar los cambios del cerebro que se activaban durante una
situación de rechazo o discriminación. Los sujetos participaban de un juego de
pelota electrónico con dos personas más que en realidad eran figuras animadas y
controladas por la computadora, pero se les decía que eran personas en otras
computadoras conectadas a distancia. En el juego, de pronto, los otros dos
"jugadores" decidían dejar fuera a la persona real o se burlaban de ella. La
tomografía estableció que el área del cerebro, de la persona discriminada, que
se iluminaba y movilizaba era la asociada hasta ahora al dolor físico.
Esto demuestra que el "dolor del alma", el dolor psicológico, sacude al
organismo igual que el dolor físico.
Cuando una situación de rechazo se hace presente, el proceso de reacción y
sanación de esta herida psicológica se da prácticamente igual al de una herida
física.
Si este rechazo incluye odio e ira se agravará el dolor, tal y como si una
herida física se infectara.
Si se evade este dolor con el alcohol o las drogas es como si una herida física
o una enfermedad sólo se trataran con calmantes y no se aplicaran curas y
medicamentos. Las consecuencias serían que la herida o el padecimiento físico no
se aliviarán.
Igualmente sucederá si asumimos la misma actitud ante el dolor psicológico. Si
nos deprimimos o nos aislamos ante un dolor mental, psicológico, el sistema
inmunológico se debilitará y surgirán otras enfermedades.
Debemos asumir la sanación psicológica poniendo en práctica nuestros recursos
espirituales: el conocimiento espiritual, la reflexión, el discernimiento, la
relajación y el equilibrio... También debemos desarrollar nuestra autoestima y
el poder de nuestra mente para superar los obstáculos buscando, por supuesto y
hasta donde sea conveniente, apoyo en familiares y amigos. |
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