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LA RANA QUE QUISO SER COMO EL BUEY.

Una rana vio a un buey, y ella, poco más grande que un huevo, sintió envidia de su corpulencia. Se estira, se hincha y se fatiga para alcanzar la talla de aquel animal, diciendo a otra que la veía:

-Mira, hermana, y dime: ¿soy ya tan grande como el buey?

-No lo eres.

-¿Y ahora?

-Tampoco ahora.

-¿He llegado?

-Aún no llegas.

Y la infeliz se hinchó de tal manera, que al fin, acabó reventando.

Lleno está el mundo de gentes no mucho más discretas. Quiere el burgués portarse como los grandes duques, cualquier principito tiene sus embajadas y no hay marqués que no luzca paje.

 

 

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