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LA PERRA DE CAZA Y SU COMPAÑERA.

Una perra llegada a término, no sabiendo dónde soltar la carga de su vientre, de tal modo rogó a una compañera, que ésta le cedió su cabaña, donde la perra preñada se encierra. Volvió la compañera al cabo de algún tiempo, y la perra parida le pide aún una quincena: sus crías, dícele, no pueden andar todavía.

Obtiene este nuevo plazo, y a la fecha vencida la otra le pide nuevamente su casa, su alcoba, su lecho. Mas esta vez la perra madre enseña los dientes y dice:

-¡Estoy dispuesta a salir con toda mi prole, si es que nos puedes echar fuera! (Sus perritos ya eran fuertes).

Tarde o temprano hemos de lamentar lo que damos a los bribones. Para conseguir lo que se les ha prestado, hay que llegar a los golpes, pleitear y combatir. Dejadlos poner un pie en vuestra casa y bien pronto plantarán los cuatro.
 

 

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