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Preguntarse a uno mismo.
Existe otra forma de meditación que amplía la exploración de la naturaleza
de las cosas. Es ideal para los niños más mayores, y en especial los
adolescentes.
Sería un error introducirles en la meditación de la autopregunta antes de
realizar todos los ejercicios anteriores, ya que hasta que la práctica
meditativa no está bien asentada, tanto los niños como los adultos se pueden
distraer con la novedad de la técnica y, como resultado, no sólo fracasan en
el dominio de las técnicas de meditación más básicas, sino que, además, sólo
consiguen encontrar respuestas a sus preguntas a nivel consciente. Al final,
terminan por menospreciar el ejercicio, ante la escasa utilidad que les
reporta. |
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