La motivación para el éxito

En el tema de la motivación que motiva hacia el éxito ha aparecido una sorprendente paradoja. Las mujeres se abren a la vida dotadas de buenas capacidades; sin embargo, acaban en la edad adulta con categoría inferior a la de los hombres y se les reconocen menos éxitos que a ellos. También las niñas se desenvuelven mejor en la escuela. Sin embargo, en la edad adulta, las encontramos en ocupaciones no remuneradas, como la de ama de casa, o en otras carentes de estímulos, como la de oficinista. ¿Por qué?

En la actualidad, existe la conciencia clara de la discriminación en contra de la mujer que, sin duda, constituye uno de los motivos principales de su poco éxito.
Sin embargo, la discriminación sobre la base del género no explica por completo la distancia que existe entre capacidad y éxito. La sociedad cuenta con medios más sutiles de conseguir sus objetivos, formas de que las mujeres interioricen un impulso débil hacia el éxito, perpetuando esta pauta de comportamiento en otras mujeres. Algunos factores de personalidad que se han propuesto para explicar la distancia entre capacidad y éxito son la motivación para obtenerlo, el motivo para evitarlo y las expectativas de conseguirlo.

La motivación para el éxito es el deseo de obtener algo de valor o importancia mediante el propio esfuerzo, de alcanzar un nivel de excelencia en lo que hacemos. La mayor parte de la bibliografía clásica sobre las diferencias de género afirma que el nivel de motivación para el éxito de las mujeres es inferior al de los varones. Estas diferencias de género tienen considerable interés porque la motivación para el éxito se relaciona con las conductas de éxito, como la actuación en los tests y la elección de ocupación. Así, la inferior motivación para el éxito de las mujeres contribuiría a explicar su menor logro ocupacional y supondría, por tanto, una especie de "barrera interiorizada contra el éxito".

Se han construido teorías para explicar las fuerzas evolutivas, como la socialización, que pueden llevar a las mujeres a tener una reducida motivación para el éxito. Asimismo, se creía que, aunque las mujeres no estaban motivadas para el éxito, sí las influían las preocupaciones sociales o la necesidad de aprobación. Es decir, se creía que la motivación de las mujeres no se debía a normas de excelencia interiorizadas (motivación para el éxito), sino al deseo de la aprobación de otras personas. Algunos autores han sugerido, incluso, que la conducta de éxito de las niñas (por ejemplo, relativas al rendimiento escolar) no se debían a la motivación para el éxito, como en el caso de los niños, sino a la necesidad de aprobación (del maestro).

No obstante, sería preciso reevaluar estos resultados de investigaciones realizadas. La revisión de las investigaciones que se han llevado a cabo no parece presentar muchas pruebas de una inferior motivación para el éxito en las mujeres. Los resultados son complejos porque la motivación para el éxito puede probarse en diversas condiciones, e indican que, en general, ellas tienen un elevado nivel de motivación para el éxito, pero hay situaciones (por ejemplo, las competitivas) que no lo estimulan, como en el caso de los varones. Parece ser que las diferencias de género con respecto a la motivación para el éxito dependen de la situación en la que éste se mida.

Probablemente las diferencias de género en relación con la motivación para el éxito dependan también de la edad y de la etapa de desarrollo. Aunque, en general, las mujeres tengan un nivel elevado de motivación para el éxito, en diversos períodos de su vida, el éxito puede ser causa de ansiedad, de manera que suprima, durante algún tiempo, su motivación para obtenerlo. Por ejemplo, una chica que ha conseguido una media de sobresaliente en su año de acceso a la universidad gracias a su enorme deseo de ingresar en la facultad de medicina y llegar a ser médica, encuentra de repente al hombre de sus sueños. Él no ha pensado en casarse con una médica, sino que quiere una esposa, ama de casa y madre de sus hijos competente. Así, ella abandona todos sus planes sobre sus estudios de medicina. Sin embargo, cuando sus hijos vayan a la escuela, puede resucitar sus objetivos de formación y convertirse en una profesional relevante. Es probable que el éxito le provocase gran ansiedad cuando estaba en edad de casarse, pero, "cumplido" su papel femenino, puede expresar de nuevo su motivación para el éxito, convirtiéndose éste en fuente de satisfacción. Es probable que esta relación de la motivación para el éxito con la etapa de desarrollo, así como su nulo incremento en las mujeres en situaciones competitivas sean consecuencias de la incompatibilidad percibida entre feminidad y éxito.

También haría falta reevaluar la creencia respecto a la necesidad de aprobación de la mujer. Esta creencia se basaba en la idea de que las mujeres son más sensibles al reforzamiento interpersonal; sin embargo, las investigaciones disponibles no avalan esta idea. Lo que, en las mujeres, parecen necesidades de aprobación pueden ser, en realidad, necesidades de éxito expresadas de manera adecuada al género. Así, la tradicional ama de casa de clase media puede estar muy motivada para ser una cocinera extraordinaria y para preparar unas comidas fantásticas no por sus necesidades de aprobación social, sino porque es un medio socialmente aceptable y adecuado a su género de expresar una auténtica búsqueda del éxito. Exhibe un éxito adecuado al género de la mujer.

En resumen, las mujeres, en general, tienen un nivel elevado de motivación para el éxito. No obstante, esta motivación no se incrementa en las condiciones tradicionales de estimulación del éxito, como ocurre en los varones. Las diferencias de género respecto a la motivación para el éxito parecen depender de la situación en la que se prueban, así como de la etapa de desarrollo.

 

 

 

 

 

 

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