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El miedo. ¡Tengo miedo!
Unas de las cosas que más valoramos los seres humanos son nuestra vida y la de
nuestros seres queridos. Cuando sufrimos un hecho que ponga en peligro nuestra
integridad o la de nuestra familia nos afecta considerablemente y nos da miedo.
Si las autoridades no pueden garantizarnos la protección y la vida padecemos de
un profundo temor, temor que también se hace extensivo a la comunidad donde
vivimos.
Este miedo a la a la inseguridad puede darse de dos maneras. Una forma es el
llamado estrés postraumático que sobreviene después que se ha sufrido un suceso
que causó pánico, como un robo, atraco, violación, secuestro, guerra o desastres
naturales. Los síntomas son la repetición de la experiencia como si se estuviera
viviendo nuevamente, la evasión de las situaciones que le recuerden el suceso,
irritabilidad emocional, dificultad para dormir, problemas de relaciones con las
personas cercanas, rabia y problemas de concentración, entre otros.
La otra forma en la que se da el temor es el miedo a que nosotros nos pase algo
o que nuestros seres queridos no lleguen al hogar, creyendo a la propia morada
como el único lugar donde se pueden sentir medio seguros, pero sin saber dónde
protegerse de una bala pérdida producto de una refriega de pandillas, ante un
allanamiento de ladrones caseros o ante el rapto y violación o asesinato de
nuestra hija o esposa. El miedo puede convertirse en fobia que impida la salida
de la casa.
Aunque los jóvenes son los más expuestos a ser víctimas del delito son los
padres los que sufren más del miedo a la inseguridad.
El miedo como emoción paralizante no nos permite actuar enfocando todos los
sentidos. No debemos dejarnos invadir por el temor ya que tanto nosotros como
nuestros hijos podríamos ser victimas de él y no de la inseguridad, además de
crearse un ambiente de tensión familiar. Establezcamos un plan de seguridad
personal y familiar, y si es posible hacerlo extensivo a la comunidad y al
trabajo, de manera que estemos dotados de todas las herramientas para afrontar
una situación difícil. En este plan debemos contemplar cosas tales como no
transitar por lugares designados como peligrosos. Asimismo, mantengamos
informados a nuestros familiares de donde estamos y la hora que vamos a salir y
la de llegada. Durante las salidas nocturnas ir siempre bien acompañado. Antes
de llegar a la casa o al lugar donde nos dirigimos cerciorarse que no hay nadie
que nos este siguiendo, y si vemos algún movimiento extraño es preferible dar
una vuelta y verificar que no estén tras nosotros.
Hagamos simulacros de qué hacer en situaciones de peligro. En la medida que
estemos dotados de un plan defensivo podremos afrontar el miedo a la inseguridad
efectivamente y aprenderemos a convivir con la incertidumbre mientras dure.
En la medida que estemos dotados de un plan defensivo podremos afrontar el miedo
a la inseguridad y aprenderemos a convivir con la incertidumbre. |
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