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Me pregunto, ¿qué va a suceder ahora?

En los acontecimientos cotidianos, muchas veces nos parece que lo único predecible es lo impredecible. Para atravesar bien las aguas turbulentas y tempestades que se desencadenan en esas épocas que pasamos y que nos cambian la vida y, quizás, la manera de ser, el ser consciente y ecuánime, alimentarnos con ese alimento que es el conocimiento (que se encuentra en esta Web) y obrar apropiadamente será lo mejor que podamos hacer

Toda persona que piense que tiene derecho a una navegación más calmada, a un alojamiento mejor o a una compañía distinta, encontrándose en la plena transición que es la vida, será mejor que deje de maltratarse con tales ideas. De otro modo, se lamentará, pero no se preparará para aprender, para crecer y cambiar.

En esta etapa, que es la última y definitiva transición de la vida hacia la misma vida que viene después, debemos trabajar con mayor ahínco si cabe en nuestra labor espiritual, en ese ser conscientes y obrar apropiadamente, porque todo va a transcurrir muy rápido y nos encontraremos con sorpresas maravillosas. El final de la etapa de anciana es un misterio o un velo que cada una de nosotras atravesará sola para dirigirse hacia el conocimiento y el amor verdadero.

Las tres fases de la luna se parecen a los tres períodos de la vida de una mujer: creciente, llena y menguante. La luna pasa por una fase final del ciclo; la luna menguante de la anciana en la que va perdiendo definición, hasta que desaparece y se convierte en la oscura luna nueva. Esta oscuridad es el misterio final que sobreviene al final de la etapa de anciana de nuestras vidas.

Como seres espirituales que recorren un sendero humano, lo que hagamos en el terreno del alma durante la tercera etapa será, sin lugar a dudas, lo más importante. La sabiduría, la compasión, el carácter, lo que hagamos con la vida que nos dieron, lo que aprendimos, y aquello en lo que nos hemos convertido, todo eso importa.

Sabemos además, la ciencia lo confirma, que formamos parte de un universo interconectado. En este universo, el más ínfimo movimiento del ala de una mariposa influye realmente en el sistema entero. Y cada una de nosotras genera ondas de influencia a través de la persona que somos, de lo que hacemos, de si amamos y oramos y, cuando llegue ese día, sabremos lo que hemos dado al conjunto de la vida.

Es nuestro deber ser conscientes y obrar apropiadamente en todas las circunstancias que la vida nos trae, con bravura, con firmeza, con virtud. Como ancianas, ya nos va quedando menos tiempo antes de que llegue el fin de esta última etapa, y debemos aprovecharlo haciendo ese bien que tanta falta le hace a la humanidad.

 

 

 

 

 

 

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