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Más sobre la práctica de la meditación.
 

La atención es un requisito previo fundamental para que el aprendizaje sea eficaz y eficiente. Representa la capacidad de la mente centrarse en lo que está haciendo, sin distraerse en otras cosas o en el maremágnum de ideas, recuerdos, ensoñaciones y expectativas que exigen concentración y que, muy a menudo, se interponen entre nosotros y la tarea que tenemos entre manos. La atención asegura que la mente sea consciente al cien por cien de lo que se vive y de lo que se hace. La mayoría de nosotros hemos pasado por la experiencia de leer una página de cualquier libro y luego no recordar ni una sola palabra. Es como si la mente hubiese funcionado con el piloto automático activado. Hemos leído las palabras con sumo detenimiento, y si lo hemos hecho en voz alta, cualquiera nos hubiera podido responder desde el otro extremo de la casa. Pero aun así, la zona de la mente encargada de identificar las palabras no ha realizado ninguna transferencia a la zona responsable del recuerdo y de la comprensión del significado de las mismas.

El "vuelo" con el piloto automático activado resulta especialmente manifiesto, por ejemplo, cuando estamos conduciendo y efectuamos unas maniobras complicadísimas sin concentrarnos en ellas en lo más mínimo. Circulamos con seguridad desde un lugar hacia otro sin ni siquiera recordar el más pequeño de los detalles de la ruta. Aceleramos, cambiamos de marchas, percibimos la presencia de otros automóviles, nos detenemos ante un semáforo en rojo, hacemos adelantamientos y dejamos que otros nos adelanten, y siempre sin pensar en ello. En cambio, cuando el tráfico es muy denso o intentamos encontrar el camino correcto en carreteras peligrosas o que no nos son familiares, ejercemos más la atención en la acción de conducir que en la avalancha ininterrumpida de pensamientos que discurren libremente por la cabeza.

"El piloto automático nunca es útil, pues es necesario ser conscientes de todas las acciones que realizamos. Incluso cuando tocamos un instrumento musical o cuando escribimos con una máquina, como lo estoy haciendo yo ahora, no nos hace falta pensar cuidadosamente en lo que estamos haciendo con los dedos, pero sí que es muy imortante ser consciente y estar atento. De lo contrario, eso iría en detrimento de la calidad de nuestro trabajo y mi propia vida se esfumaría en la inconsciencia.

La mayoría de nosotros nos habremos fijado en la absoluta atención con la que los niños pequeños se enfrascan en una actividad, por muy sencilla que ésta sea, si les llama realmente la atención. Están totalmente absorbidos por lo que hacen, y ajenos a cualquier distracción interna o externa. Esto también nos ocurre a veces a los adultos, pero es imprescindible que, por muy concentrados que estemos en realizar cualquier actividad, jamás perdamos ese punto de cosnciencia, de espacio, de atención y de unidad que abarca la vida entera.

Cualquiera que sea la dirección que tomen los niños, encuentran cosas que otros les obligan a aprender, a hacer o a evitar. Al llegar a la edad escolar se incorporan a una rutina de actividades, muchas de las cuales nunca las habrían elegido voluntariamente, de haber podido hacerlo, y no les generan un interés inmediato. Entonces es cuando el aburrimiento empieza a adueñarse de ellos, y la mente decide ir en busca de otras cosas más interesantes en las que ocuparse, tanto si se hallan en el mundo exterior como en el mundo interior de las fantasías y ensoñaciones.

Casi todo el aprendizaje que se realiza en las escuelas es extremadamente ineficaz. Y esto es una severa crítica a los profesores, al sistema escolar y a la egoísta y cruel mundo que hemos creado. Los niños sólo consiguen retener una pequeña porción del material que estudian, y con ese sistema de vida antinatural se les aleja de la verdadera felicidad. A todas las edades y a todos los niveles de capacidad, el grado de entusiasmo que muestra la mente ante la mayoría de las cosas que se le exigen es mínimo, y busca refugio en algo más inspirador.

Ahí entra en juego el conocimiento espiritual. En Oriente, dicen que la mente se asimila a un caballo salvaje que hay que atrapar y domar para poder utilizarlo de un modo eficiente. Si se deja sola, disipará sus energías en objetivos mal planificados y, en consecuencia, inútiles. Sin embargo, mediante el conocimiento espiritual, la mente se convierte en una herramienta extraordinariamente beneficiosa, capaz de retener grandes extensiones de información, de ejercitar la creatividad, la originalidad y la intuición, y de terminar todo lo que emprende con economía y eficiencia.

Básicamente, el adiestramiento de la mente requiere aprender a ser conscientes, tanto si la tarea que hay que hacer genera un interés automático como si no. Y aprender a ser atentos forma parte del aprendizaje de la meditación. De entre todos los métodos de adiestramiento mental, ninguno supera a la meditación en cuanto a su potencial para ayudamos a fijar la atención en la actividad que estamos desarrollando. Y la capacidad para ser atentos facilita la generación y el posterior mantenimiento del interés. Muchas veces, las tareas se dejan inconclusas antes de que la mente haya logrado concentrarse completamente en ellas y haya podido evaluar su verdadero potencial, pero incluso las cosas más mundanas pueden atesorar una fascinación intrínseca si nos absorbemos, nos fundirnos, nos diluimos en ellas y no perdemos la sensación de frescura e innovación de cada uno de los momentos de la experiencia. Por lo tanto, la atención es una poderosa defensa contra el tedio, y al ser atentos al realizar una tarea, reducimos las probabilidades de que la mente emita un juicio sobre ella y llegue a la conclusión de que es aburrida e insulsa. La actividad simplemente se transforma en algo que hay que hacer, y eso nos permite intentar llevarla a cabo lo mejor posible según nuestras posibilidades.

Habitualmente, a los niños les gusta la idea de mejorar su atención, y una de las formas más apropiadas de introducirles en este tema consiste en recordarles que todos los grandes deportistas poseen un extraordinario poder de atención. El futbol, el baloncesto, el tenis, el automovilismo y otros muchos deportes populares no se podrían practicar a un nivel de alta competición (y alto rendimiento) sin la capacidad de ejercer la atención individualmente durante largos períodos de tiempo. Las artes marciales, como por ejemplo el judo, el aikido y el kendo, donde el éxito se basa en la capacidad de centrar la atención en todos y cada uno de los movimientos del rival y en anticiparse a los mismos, dependen tanto de la atención como del dominio de las técnicas propias de cada modalidad. Lo mismo se aplica, en gran medida, a innumerables juegos de naipes, al ajedrez e incluso al dominó. Los fotógrafos, los ornitólogos (en especial los que se dedican a la observación de las aves), los presentadores de televisión, los locutores de radio, los pilotos comerciales, los controladores aéreos ylos conductores (la lista sería interminable) tienen que ejercer intensamente la atención durante períodos de tiempo más o menos prolongados, dependiendo de cada especialidad, para realizar satisfactoriamente su trabajo.

Los relatos cortos también contribuyen a generar y mantener el interés de los niños en el desarrollo progresivo de la atención. Un ejemplo que suele resultar del agrado de los adolescentes trata de la relación entre un maestro chino de artes marciales (maestro de técnicas tales como el aikido, el tai chi y el karate) y su discípulo. Cada vez que practicaban juntos, el alumno era incapaz de superar al maestro. Por mucho que fuese su empeño, el maestro, aparentemente sin esfuerzo, se movía antes e inmovilizaba al discípulo. Aquél no se cansaba de explicarle que un practicante experto de artes marciales tenía que ser capaz de ejercer una completa atención y sin el menor esfuerzo, hasta el punto de alcanzar un elevadísimo y permanente nivel de consciencia acerca de lo que sucedía a su alrededor, lo que le permitiría estar instantáneamente alerta ante cualquier intento de ataque, cualquiera que fuese la dirección de su procedencia. Un día, cuando el maestro y su discípulo conversaban, paseando por el bosque, aquél sugirió que se detuvieran en un claro y poder así preparar el arroz para el almuerzo. Cuando el agua empezó a hervir, el maestro se inclinó y levantó la tapa del cazo para echar el arroz. Creyendo que había llegado el momento de demostrar que nadie era capaz de permanecer siempre alerta ante un posible ataque, el discípulo, sin hacer ruido, cogió una gruesa rama y se abalanzó, con todas sus fuerzas, para descargar el golpe en la espalda del maestro. Pero antes de que pudiera completar la acción, éste, sin alzar la mirada o dejar de echar arroz en el recipiente, levantó la tapa y detuvo el impacto con una precisión milimétrica. La rama se partió en dos, y el discípulo, rojo de ira y de vergüenza al mismo tiempo, se quedó con un pedacito de vara en la mano.

En el caso de las artes marciales, la supervivencia puede depender del poder de la atención. La facultad del maestro para vivir atentamente era tan extraordinaria que no sólo estaba pendiente de echar el arroz en el cazo, sino de todo su entorno. Bastó un levísimo ruido del discípulo para alertarle de que algo iba a ocurrir. Ni siquiera necesitó mirar a su alrededor. La absoluta atención del maestro incluso le permitió detectar la dirección en la que se aproximaba su discípulo y el momento exacto en el que se iba a producir el golpe.

Este tipo de narraciones contribuyen a ampliar la perspectiva del niño sobre el concepto de "lo que es posible". La atención no sólo se puede desarrollar con la práctica, sino que además es valiosísima en la vida cotidiana. Aunque nuestra principal preocupación quizá no sea protegernos de un ataque por sorpresa, como en el caso del practicante de artes marciales, la capacidad de adiestrar la mente para que sea atenta a cualquier estímulo, para ensanchar nuestro campo de visión interior del entorno que nos rodea, mientras conservamos la profundidad de nuestro estado de consciencia, constituye un activo inapreciable. El secreto consiste en vivir la experiencia directa, en lugar de extraviarnos en la chachara mental de nuestros propios pensamientos.

También resulta de gran ayuda para los niños darse cuenta de que la atención no sólo les hace más eficaces en lo que están haciendo, sino que además les permite hacerlo de un modo más rápido y más eficiente. Cuando mayor es la tendencia a distraerse al estudiar o realizar una actividad, más tiempo se tardará en terminar, más probabilidades existen de que se haya hecho mal y, por consiguiente, de que se tenga que repetir. La atención permite a los niños hacer las cosas rápida y eficientemente, lo que les deja más tiempo libre para aquellas actividades con las que realmente disfrutan.

Por otro lado, la atención también les ayuda a comprender y a evitar que los sentimientos negativos de frustración y resentimiento se apoderen de la mente y alteren su equilibrio. Es muy fácil que caigan en el hábito de decirse a sí mismos que sería mejor dedicarse a lo que les apetece y sentir hostilidad hacia la tarea que les ha sido encomendada, así como también hacia los padres y los profesores que insisten, una y otra vez, en la necesidad de llevarla a cabo hasta que, por fin, la han finalizado.

 

 

Jorge.

Jorge, un chico tailandés, aprendió a meditar con sus padres desde una edad muy temprana, mucho antes de trasladarse a Inglaterra. Ahora tiene quince años y goza de una gran popularidad entre sus compañeros de clase, no sólo por su naturaleza serena y afable, sino también por su impresionante éxito en el deporte y en el estudio. En una ocasión le invitaron a hablar sobre la meditación, y dijo: "No podría imaginar mi vida sin ella. Sería como vivir sólo en una parte de mí. La meditación enseña que nada exterior puede afectar a mi verdadero "yo". Me tomo todo tal como viene. Disfruto de casi todas las cosas, pero no me disgusto cuando se tuercen o salen mal. Forma parte de la vida. La meditación no sólo no me aleja del mundo, sino que acerca más a las cosas y me permite verlas tal y como son, sin sufrir esa especie de succión constante a la que la mayoría de las personas están sometidas hoy en día".

 

 

 

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