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ESTADOS EQUIVOCADOS

Es necesario vivir conscientemente y diferenciar los acontecimientos exteriores de la vida cotidiana y los estados íntimos. Necesitamos con urgencia saber donde estamos situados en un momento dado, tanto en relación con el estado íntimo de la consciencia como en la naturaleza específica del acontecimiento exterior que nos está sucediendo.

La vida en si misma es una serie de acontecimientos que se suceden a través del tiempo y del espacio. Alguien dijo que "la vida es una cadena de martirios que lleva el hombre enredada en el alma". A los efímeros placeres de un instante fugaz, le suceden siempre el desencanto y la amargura. Cada acontecimiento tiene su sabor característico especial y los estados interiores son asimismo de distinta clase. Ciertamente, debemos ser en todo momento totalmente conscientes del estado interior en el que nos encontramos.

En nuestro interior cargamos con muchos errores, y permitimos estados equivocados. Si de verdad queremos transformarnos nosotros mismos y a esta sociedad tan necesitada de un cambio radical, necesitamos con urgencia ser conscientes de estos estados interiores equivocados, en los que la consciencia se enturbia y languidece. La consciencia, el darnos cuenta de los estados equivocados, origina transformaciones completas en el terreno de la vida cotidiana. Cuando uno es consciente de los estados equivocados, los sucesos desagradables de la vida, ya no pueden herirle tan fácilmente.

Estamos diciendo algo que sólo es posible comprenderlo vivenciándolo, sintiéndolo realmente en el terreno mismo de los hechos. Quien no es consciente de sí mismo y de los eventos es siempre víctima de las circunstancias; es como mísero leño entre las aguas tormentosas del océano. Los acontecimientos cambian incesantemente en sus múltiples combinaciones; vienen uno tras otro en oleadas, son influencias.

Pensamos que existen acontecimientos buenos y malos, que algunos eventos son mejores o peores que otros. Pero lo cierto es que cosechamos lo que sembramos, y todo deber servirnos en la escuela de la vida para aprender y para andar el más genuino sendero espiritual.

En nuestro trabajo de ser conscientes y de obrar apropiadamente, podremos incidir y modificar ciertos eventos, pues es posible alterar resultados, modificar situaciones, etc. Todo esto está ciertamente dentro de nuestras posibilidades. Sin embargo, existen situaciones que no pueden ser alteradas; en estos últimos casos deben aceptarse conscientemente y reflexionar para obtener de ellas el néctar de la enseñanza, por muy peligrosas o dolorosas que puedan ser. De todas formas, el sufrimiento desaparece cuando no nos identificamos con la situación y el problema que se ha presentado.

De la misma manera que en general se considera la vida como una sucesión de actos, también debemos aprender a considerarla como una serie sucesiva de estados interiores; una historia auténtica de nuestra vida en particular está formada también por todos esos estados.

Al revisar la totalidad de nuestra propia existencia, podemos verificar por nosotros mismos que muchas situaciones desagradables fueron posibles debido a estados interiores equivocados. Como en todo, debemos aprender a ser conscientes y a obrar apropiadamente, tanto en nuestro interior como en el exterior.

 

 

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