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La enseñanza de los iniciados.
 

De lo que hemos expuesto hasta ahora se ve claramente que las instrucciones que emanan de la ciencia espiritual ejercen una influencia determinante hasta en lo más íntimo de la naturaleza humana. De esta índole son las instrucciones que se refieren a las cuatro cualidades, y ellas figuran, en una u otra forma en todas las concepciones del mundo que tienen en cuenta el mundo espiritual. Los fundadores de semejantes cosmovisiones han dado a la humanidad esas instrucciones, no partiendo de un nebuloso sentimiento, sino en virtud de ser grandes iniciados. Basándose en su conocimiento espiritual formularon sus preceptos morales. Sabían cómo actúan éstos sobre lo sutil de la naturaleza humana y deseaban que sus adeptos gradualmente desarrollaran esa parte sutil de la naturaleza humana.

Vivir de acuerdo con tales concepciones del mundo significa trabajar por el propio perfeccionamiento espiritual. Sólo si el hombre sigue estas indicaciones, servirán al universo entero. El deseo de perfeccionarse no es, de modo alguno, egoísmo, ya que el hombre imperfecto es también servidor imperfecto de la humanidad y del mundo. Cuanto más perfecto sea el hombre tanto mejor sirve a la sociedad en su conjunto. "Si la rosa es bella, embellece el jardín".

Así se entiende que los fundadores de las grandes cosmovisiones sean los grandes iniciados. Lo que de ellos emana se difunde en las almas humanas, de modo que, junto con la humanidad, progresa el mundo entero. Los iniciados han trabajado conscientemente para propiciar este proceso evolutivo de la humanidad. Sólo se comprenderá el contenido de sus enseñanzas si se tiene en cuenta que tienen su origen en el conocimiento de lo más recóndito de la naturaleza humana.

Los iniciados poseían profundos conocimientos, y en base a ellos crearon los ideales de la humanidad. El hombre se acerca a estos grandes guías si, mediante su propio desarrollo, se eleva hasta su altura.

 

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