La Página de la Vida / www.proyectopv.org Página Principal

   Recibe tu Boletín            Vídeos             Libros, presentaciones, posts...

 
   
 
 
 
 
Búsqueda personalizada
 
 

 
 
Ejercicio: autopregunta.
 

Explica a los niños que el método de la autopregunta consiste en utilizar una pregunta como núcleo de la meditación, repitiéndola en cada expulsión de aire, al igual que con un mantra. La selección de las preguntas es algo que compete única y exclusivamente a cada niño, aunque, en general, deben hacer referencia a su propia persona, a su propio ser, y no a hechos o sucesos externos. Quizá deseen preguntar cómo podrían ayudar más a los demás, o ser más apreciados, o trabajar más duro, o fijarse metas a largo plazo, o dónde reside la felicidad, o (en el nivel más profundo) "quién soy". Es muy importante que comprendan que la diferencia que existe entre esto y la forma usual en la que solemos plantearnos preguntas consiste en que:

• La mente se halla en un estado meditativo atento y concentrado.

• Se formula una sola cuestión, evitando que la mente se desvíe de ella.

• No se intenta responder a la pregunta conscientemente; en realidad, los intentos conscientes de respuesta son distracciones que hay que evitar.

• El meditador espera la respuesta pacientemente, sin urgencia ni ansiedad; es evidente que desea obtenerla, pero si no lo consigue, no pasa nada. La importancia reside en la pregunta en sí misma, y en el reconocimiento, por parte del meditador, de que merece la pena preguntar.


Explícales que si obtienen una respuesta, deberán retenerla, pero no explorarla. En este caso, pueden optar por seguir planteando la misma pregunta o por concentrarse de nuevo en la respiración o en cualquier otro núcleo de meditación que les haya propuesto. Al concluir la meditación es cuando tienen que trasladar la respuesta a la mente consciente y analizarla detenidamente. Por otro lado, díles que no deben aceptar las respuestas a ciegas, sino que, de hecho, sólo es alimento para el pensamiento.

Con frecuencia, los niños experimentan la necesidad de ser orientados, guiados. En este sentido, la técnica de la autopregunta, durante la meditación, les ayuda a darse cuenta de que tienen un amigo muy sabio en su interior y que siempre está allí, listo para echarles una mano. Sin embargo, ese amigo interior, al igual que los amigos en el mundo exterior, no es infalible. Siempre hay que examinar a fondo y discernir sus respuestas mediante la mente consciente, para aceptarlas o rechazarlas según convenga.

Es interesante reflexionar entre todos de dónde proceden las respuestas que se obtienen con este tipo de ejercicios de meditación. ¿Tienen su origen en los niveles creativos e interiores del inconsciente del meditador o proceden de alguna fuente exterior a la mente? La respuesta depende, en gran parte, del propio sistema de creencias y, por ahora, es mejor dejarlo así.

 

 

 

Menú de este tema

Home