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Sensación de plenitud

El alma está siempre satisfecha,
cualesquiera que sean las
circunstancias.

El vacío interior es sustituido por la plenitud. La necesidad de llenarse continuamente de algo desaparece, simplemente; la energía del alma alimenta de tal modo que uno ya no necesita buscar en el exterior algo con lo que llenarse. La búsqueda desenfrenada del placer bajo todas sus formas, directas o indirectas, sencillas o sofisticadas, es sustituida por una tranquilidad, una serenidad y una experiencia de plenitud que nada puede alterar. La sensación de plenitud, que procede del alma y es independiente de las circunstancias exteriores, devuelve al ser humano su libertad.

 

El que sabe contentarse, siempre está contento.
Lao-Tsé.

Desde el punto de vista de la personalidad creemos que, para estar motivados, necesitamos tener alguna insatisfacción que colmar. Y tal vez pensemos que la sensación de plenitud que da el alma haga que nos quedemos en casa sentados plácidamente contemplando el cielo (¡o la televisión!). Al contrario, al sentirnos verdaderamente plenos nos encontramos llenos de tal modo que de forma espontánea tenemos ganas de actuar para celebrar la vida, por el simple placer de descubrir, de crear, de compartir, de contribuir, empujados sencilla y naturalmente por la energía de la vida, sin ninguna expectativa. Es una dinámica totalmente diferente a la del ego.


Insatisfacción creadora

Ese estado de plenitud se experimenta sólo cuando la personalidad está totalmente dirigida por el alma. Pero, en el camino de nuestra realización, cuando están a la vez presentes la voluntad del alma y la del ego (lo que nos ocurre a la mayoría de nosotros), la plenitud del alma puede dar lugar, paradójicamente, a cierta insatisfacción en la personalidad. En efecto, aprisionado todavía entre los mecanismos del ego, el ser humano sufre y se siente insatisfecho. No hay que anestesiar esa insatisfacción, porque puede ser la dinámica que incite a una verdadera búsqueda interior. La plenitud del alma no tiene nada que ver con la plácida satisfacción del ser humano apoltronado en su estrecha comodidad y en sus costumbres, escondiendo sus miedos y contentándose con una vida mediocre. El alma empuja a querer más, a vivir de forma más auténtica y justa; de modo que esa “insatisfacción” que siente la personalidad, como procede del empuje del alma, es muy positiva. Lo que uno ha de hacer es estar alerta para ver cómo se deshace de ese sentimiento. Esta es una de las paradojas del camino que nos llevan desde el ego hasta el alma, desde la sombra hasta la luz...

¿Acaso no es indispensable el descontento en la vida, la insatisfacción? ¿Acaso no es esencial para todo cuestionamiento, para toda investigación, para toda interrogación, para todo descubrimiento de lo real, de la verdad, de lo que está en la base de la existencia?... Para que haya una verdadera investigación, una auténtica profundizarían, un serio cuestionamiento en cuanto a la naturaleza del descontento, hay que mantener viva la llama de la insatisfacción desde el principio hasta el final.

Los jóvenes, todavía en contacto con la energía de la vida, en particular en la adolescencia, tienen ese descontento positivo, esa rebelión contra la rutina y la esclerosis del mundo adulto. Bien dirigida, la rebelión es muy positiva, y puede conducir a una realización original, a una destrucción de lo viejo que favorezca la emergencia de algo nuevo más amplio y más libre.

 

 

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