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Dinamismo

El deseo constante de superar los límites y asumir riesgos reemplazan a la pereza y a la búsqueda de comodidad.

El ego busca la facilidad, pero cuando actúa el Ser, uno busca desafíos sin cesar. Lo que ya domina no presenta para él ningún interés. La búsqueda de retos y de nuevas experiencias no proviene de una falsa necesidad creada por diversas memorias (huir, hacer cosas extraordinarias, tener sensaciones fuertes, etc.). Atreverse a ir al encuentro de lo desconocido para jugar libremente en el mundo el juego de la vida y dominarlo es inherente a la voluntad del alma.

La comodidad es el cementerio
de la consciencia.

En los niños, más próximos a su Ser que la mayor parte de los adultos, vemos muy clara esa búsqueda de lo nuevo y la falta de interés por la comodidad o la facilidad. Un juego demasiado fácil no les interesa. Si la vida no les presenta desafíos, los crean a fin de hacerla apasionante; contrariamente a los adultos, que casi siempre nos resistimos a las dificultades y esperamos que algo exterior haga interesante nuestra vida.

Estaba de vacaciones con mi hija, que tenía entonces seis años; nos alojábamos en un hotel en el que había una piscina. Después de jugar un rato en el agua, vino a buscarme. “Ven, mamá —me dijo—, voy a enseñarte una cosa”. Cuando llegamos al borde de la piscina, se metió en el agua y me dijo: “Mira, mamá, sé dar una voltereta bajo el agua”. Hizo la voltereta y salió del agua muy contenta; yo la felicité y volví a mis cosas. Un rato después, vino otra vez a buscarme para que la acompañara de nuevo al borde de la piscina. Cuando llegamos, me dijo: “Fíjate bien, mamá, ahora puedo hacer dos volteretas seguidas bajo el agua”. Hizo sus dos volteretas y salió del agua toda orgullosa. Una inmensa sonrisa iluminaba su rostro, estaba radiante de alegría...

Esta anécdota es toda una metáfora. El ser humano no es feliz más que cuando crea y se supera a sí mismo, libremente, por el solo placer de hacerlo. La alegría y la energía son naturales en él, no son más que una respuesta a la fuerza de la vida del Ser.


¿Problemas?

El ego desea una vida “sin problemas”, una vida fácil donde todo le sea dado sin esfuerzo. ¿Quién no ha soñado, en efecto, con una vida en la que pueda tener siempre lo que quiera y hacer lo que le venga en gana, como si eso fuera el no va más de la felicidad? Todos estamos atrapados en la misma ilusión. Podemos desear tener una vida sin problemas, por supuesto, pero la Vida, que nos quiere verdaderamente libres y en posesión de todo nuestro potencial, se encargará de dárnoslos, es decir, de darnos ocasiones de superación para que aprendamos a controlar nuestra personalidad y a integrar en ella las cualidades de nuestra alma. Podemos llamar problemas a esas oportunidades de crecimiento. Ante ellos, tenemos dos opciones: resistirnos, negarlos y limitarnos a esperar que desaparezcan; en ese caso, como ocurre con toda resistencia, persisten y no nos dejan avanzar. O bien, podemos considerarlos como ocasiones de aprendizaje, como situaciones que nos permiten poner en práctica las cualidades del Ser. En ese caso, ya no tenemos problemas, sino oportunidades de crecimiento. Sabemos que, si dejamos de resistir, nuestra energía está totalmente disponible, y entonces encontramos soluciones con mucha más facilidad.

Tal vez se está uno preguntando: Entonces, cuando haya dejado de resistir a mis viejos problemas, cuando me haya desprendido de las ataduras que quizá arrastraba desde mucho tiempo atrás y haya solucionado mis problemas, entonces, ¿ya no tendré nada que hacer? ¡No, no se trata de eso! Una vida sin problemas, sin retos, es una vida muerta. Cuando hayamos superado una dificultad, empujados por la energía del alma, elegiremos consciente y voluntariamente nuevos “problemas”, nuevos retos, con lo que seguirá creciendo nuestra contribución al gran juego de la vida. Nada más lejos de la búsqueda egoísta de la comodidad y del adormecimiento en la rutina.

¿Tendremos una vida fácil y cómoda algún día? En el sentido limitado del ego, ciertamente no. Pero tendremos mucho más: una vida apasionante...

De todas formas, si no nos buscamos nosotros mismos, consciente y voluntariamente, oportunidades de crecimiento en forma de actividades de superación, la vida se encargará de dárnoslas de modo menos agradable: enfermedades, accidentes, pérdidas, etc. En cualquier caso, tendremos que afrontarlas.

 

Lo que se necesita para estar en
forma no es descanso, sino
superación y don de sí...

Buscar retos y aceptarlos, nos mantiene en contacto con la voluntad del Ser, que quiere experimentar continuamente en la materia. Su energía es una continua fuente de vitalidad, de modo que, si estamos en armonía con la voluntad del Ser, estaremos siempre llenos de energía, dinámicos, creativos. Es la mejor cura de juventud. No hay mejor manera de estar en forma, tanto física como interiormente, que superándose continuamente... Pero, insisto, una superación libre, alimentada por el alma, no forzada por las demandas alienantes del ego. El alma también sabe descansar, y lo hace cuando es el momento. Pero entonces la inacción se integra con armonía en la acción, no es un objetivo en si misma.

 

 

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