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Autonomía

La libertad respecto a los automatismos garantiza también la autonomía. Si uno ya no es manipulable, se mueve y actúa por sí mismo, es autónomo.

Precisemos que ser autónomo no significa necesariamente actuar solo.

Al ego le interesa actuar solo, porque quiere hacer las cosas como le place, según sus programaciones, y no de otra manera. Quiere demostrar que tiene razón, que es capaz, incluso que es mejor que los demás. Es cierto que a algunas personas puede resultarles útil actuar solas, para definir un ego que está todavía poco formado; pero eso no tiene nada que ver con la verdadera autonomía.

En realidad, uno es autónomo cuando es capaz de actuar con armonía, solo o con los demás, y de colaborar en el seno del grupo (en el trabajo, o en la familia, o en una comunidad, o en una organización cualquiera; en definitiva, en el seno de la humanidad). Uno es autónomo cuando ya no necesita la aprobación de los demás, porque su Ser le da un sentido interno de lo que es justo y correcto, y de lo que no lo es. Uno es autónomo cuando no tiene que probar nada ante los demás; cuando es capaz de recibir su apoyo y sus comentarios, y puede utilizarlos con creatividad; cuando comunica espontánea y naturalmente su punto de vista, pero escucha el de los demás y está dispuesto a modificar y ampliar el suyo, si viene al caso, sin sentirse por ello perdedor; cuando uno es capaz de permanecer en contacto consigo mismo a la vez que está en contacto con los demás con apertura, flexibilidad y sin juzgar; cuando es tan capaz de recibir libremente de los demás como de dar. Uno es autónomo cuando ya no tiene miedo. El contacto con el alma diluye el miedo; por eso le procura autonomía.

 

 

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