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Abundancia, dominio del poder creador

Cuando está en acción el poder creador del alma, estamos en condiciones de crear la abundancia, porque precisamente es la abundancia y la belleza lo que el alma desea para todos los seres del planeta. Pero hay que comprender de qué abundancia se trata.

En el mundo corriente, cuando hablamos de abundancia, nos referimos en general a una acumulación de dinero o de bienes materiales. Eso no es la abundancia del alma. Incluso dejando aparte el deseo de bienes materiales, hay una gran confusión en torno a la idea de abundancia.

En muchos cursos de crecimiento personal, está muy de moda trabajar sobre la abundancia y sobre el «poder de creación», diciendo que cada uno de nosotros se merece prosperidad. En cierto sentido, es verdad. Pero ese enfoque puede ocultar también una gran ilusión. Puede uno buscar la abundancia porque vive en la ilusión de que la satisfacción de sus deseos lo hará sentirse mejor. Comienza entonces a practicar diversas técnicas de «creación»: visualización, meditación, etc., que, en sí mismas, son buenas; pero no ve que lo que hace es alimentar la máquina de los deseos y seguir prisionero de la personalidad, es vivir en la ilusión, y la ilusión acaba trayendo, tarde o temprano, la decepción y el sufrimiento. Tanto si obtiene lo que desea como si no, seguirá moviéndose en el «ciclo de insatisfacción».

La mente tiene poder creador, en efecto. Pero, en cuanto al ego, la potencia creadora es muy limitada, afortunadamente. Nuestros pensamientos tienen un gran poder de atracción, por supuesto; los conscientes y, sobre todo, los inconscientes. Sabiendo de qué está cargado el inconsciente del ser humano en la actualidad, ¡más vale que su potencia creadora sea limitada!

 

La verdadera abundancia es la
capacidad que tiene el alma para
crear lo que necesita cuando lo
necesita, a fin de poner de
manifiesto su voluntad.

Es muy importante subrayar que no son las necesidades de la personalidad las que satisface la potencia creadora del alma, sino las suyas propias. Para un violinista, por ejemplo, la abundancia no consiste en poseer tres Jaguar y dos residencias secundarias, sino en disponer del mejor violín posible, tener a su alrededor personas que lo apoyen y disfrutar de unas condiciones físicas que le permitan expresar su arte. Nada más lejos de la definición corriente de abundancia. No se trata, pues, de acumular. La abundancia consiste en tener una energía creadora, libre y permanente, que permita crear en cada instante (nunca con antelación) las condiciones necesarias para la expresión del alma, es decir, para servir y colaborar con lo mejor de nuestra capacidad. Cuando uno está en contacto con esa clase de abundancia, consigue crear los recursos que necesita en todos los aspectos (material, personas, energía, inspiración, etc.) de una forma que parece mágica. Es una abundancia que no se apoya en ningún caso en el deseo, sino en la intención del alma de crear y de servir, en medio del silencio, de la no resistencia y de la paz.

Atrapado en la dinámica de la involución y de la atracción de la materia, el ego busca la abundancia-llenado, física o psicológica; el alma busca la abundancia para servir mejor. Dos motivaciones opuestas. El tipo de «abundancia» que buscamos, que es lo que subyace en todas nuestras acciones, determina la calidad de nuestra vida.

Por otra parte, es muy posible que el alma quiera que la personalidad experimente ciertas limitaciones materiales por diversos fines: para que adquiera dominio de lo material, para que desarrolle la humildad, el valor, la voluntad, la creatividad, etc.

 

 

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