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LA ACCIÓN EXTERNA ACCIONES PRÁCTICAS PARA PROPICIAR EL CAMBIO II

La retirada

En primer lugar, habrá que identificar qué organizaciones actuales, o qué parte de ellas, están basadas en los mecanismos de la consciencia inferior, y eso en todos los ámbitos: político, económico, social, financiero, educativo, sanitario, etc. Se pueden reconocer esos sistemas, o alguna de sus partes, porque se apoyan en el miedo, el egoísmo, la competición, la impotencia, la autoridad, la ignorancia; es decir, se apoyan, en definitiva, en la manipulación de los mecanismos del ego que ya conocemos. Los mantienen las fuerzas de involución o fuerzas de atracción hacia la materia, también llamadas fuerzas de la sombra o materialistas. Mantienen al ser humano atado a la materia y a las ilusiones del ego. Es su objetivo. No está bien ni mal; es una regla de juego del gran juego cósmico... En la medida en que uno está funcionando en esa parte del sistema, está potenciando las fuerzas de involución, y, por lo tanto, está potenciando la dependencia, la insatisfacción y el sufrimiento para sí mismo y para los demás.

Estamos tan habituados a vivir en un sistema derivado en gran parte de la consciencia inferior y alimentado por la hipnosis colectiva, que lo consideramos normal e imposible de cambiar. Las fuerzas de involución mantienen a los seres humanos en un estado de espíritu impotente, haciéndoles creer que cualquier cambio beneficioso es imposible o utópico, y que, en cualquier caso, tardará mucho tiempo en llevarse a cabo. Es necesario un acto de toma de consciencia valiente, libre y autónomo, procedente de un corazón inteligente, para ser plenamente conscientes de hasta qué punto estamos sustentando unos sistemas inadecuados.

Exige mucha valentía, en efecto, detenerse a examinar y evaluar las costumbres de la vida cotidiana a la luz de una consciencia más amplia y más generosa. Y uno se ve llevado a plantearse preguntas tan concretas como las siguientes:

— ¿Por qué trabajo?
— ¿Para quién trabajo?
— ¿Cómo administro mis bienes materiales?
— ¿Qué representa para mí la autoridad?
— ¿Dónde busco la información? ¿Estoy seguro de sus fuentes?
— ¿Por qué consumo? ¿Para proveer lo esencial, o para satisfacer falsas necesidades del ego?
— ¿Decido libremente? ¿O sigo la masa aborregada de consumidores?
— ¿Cómo paso mi tiempo? ¿Cómo gasto mi dinero?
— ¿Qué modelo de vida ofrezco a mis hijos? ¿Qué sistema de educación les doy?
— ¿A qué le doy importancia en la vida?
— ¿Cuáles son para mí los valores importantes?

Y, de un modo general,

— ¿En qué medida me dejo llevar por los mecanismos del ego potenciando así las fuerzas de la sombra?
— ¿En qué medida propicio las cualidades de mi alma apoyando así las fuerzas de la Luz?


 

Todas las decisiones y cada una de las acciones están dirigidas por un determinado nivel de consciencia. ¿Cuál es el tuyo?

 

Pero, como sabemos, la mente inferior, aprisionada desde hace miles de años en sus miedos y en su visión estrecha de la vida, está muy atada a sus costumbres aunque sean fuente de muchos sufrimientos...

Por eso, cuando uno toma consciencia de esta realidad, se da cuenta de que el pasaje no será fácil. En primer lugar, porque el ego se resiste a soltar las riendas y no está dispuesto a deshacerse de sus mecanismos. Y, en segundo lugar, porque la resistencia del ego se ve reforzada por las fuerzas materialistas de la oscuridad, cuyo objetivo es mantener al conjunto de los seres humanos prisioneros de la materia, utilizando todos los medios de manipulación a su alcance para que permanezcan atados a la consciencia inferior. Los medios de comunicación, en especial la mayor parte de los programas de televisión, propician el mantenimiento del nivel emocional de la gente, y son eficaces instrumentos de manipulación de las fuerzas de involución. (Pero ¿quién decide ver esos programas?) En la actualidad se utilizan otros muchos medios de manipulación, algunos muy sofisticados. La hipnosis colectiva así creada da lugar a una presión social, orientada hacia el materialismo, de la que no es fácil liberarse. La masa es inconsciente de esos mecanismos; se somete a su influencia en el ámbito familiar y social, con lo que los refuerza constantemente.

La presión actual es muy fuerte, de modo que cualquier persona que quiera salir del condicionamiento colectivo se siente desgarrada interiormente debido a su propio ego y a la presión social construida sobre el materialismo y el miedo. A medida que va evolucionando la consciencia, se hacen más evidentes las estrategias de las fuerzas de la sombra, y mejor puede uno evitarlas. Pero eso requiere valor y el apoyo de la luz del alma, puesto que hay que luchar a la vez contra el propio ego y contra la influencia del entorno social. No obstante, eso forma parte del juego. El ser humano tiene el gran privilegio de poder elegir su nivel de consciencia.

En concreto, si nos interesa que las cosas cambien, tendremos que empezar por ver los límites y mecanismos de funcionamiento del sistema actual. Hecho esto, tendremos que tener el valor de negarnos a seguir participando en ellos, cesando así de apoyarlos. Eso exige ser muy consciente y muy valiente.

Para ello, dicho sea de paso, es importante no quedarse solo. Las fuerzas presentes y en juego son muy grandes, y el apoyo de otras personas que compartan la misma visión de las cosas es indispensable para poder hacer frente a las resistencias, tanto interiores corno exteriores, con las que uno se encuentra cuando quiere salir de los viejos caminos trillados.

Si es cierto que hoy en día todavía actúan las fuerzas de involución e intentan, en la medida que pueden, mantener el control, también hay que ver que son sus últimas convulsiones. Porque, por otro lado, las fuerzas de evolución que, a través del amor, de la fraternidad y de unas relaciones humanas justas están poniendo de manifiesto cada vez con mayor intensidad la luz del alma, están empezando a crear un nuevo tipo de entorno.

En realidad, esas fuerzas positivas están actuando desde hace miles de años; son las que han ayudado al ser humano a modelar su consciencia, a desarrollar el conocimiento, a integrarse mejor en el mundo. Pero su influencia es muchísimo más intensa desde el comienzo del siglo XX. Incluso si nos parece que el estado del mundo es bastante deplorable, podemos contemplar los acontecimientos actuales como un gran proceso de sanación y de transformación. La agudeza de las crisis y la gravedad de las dificultades empujarán a los seres humanos a encontrar soluciones nuevas; la humanidad está preparada para ello.

Es posible describir en términos muy claros los paradigmas que sustentan los dos mundos y constatar lo que ocurre actualmente en el mundo. En efecto, están ya establecidos en nuestra sociedad dos tipos de funcionamiento. Con tranquilidad, pero con firmeza, la luz del alma está abriéndose camino y disolviendo la oscuridad; está emergiendo un nuevo mundo, y nosotros podemos contribuir conscientemente a esa emergencia.

La manera de proceder respecto al viejo sistema consiste en una retirada simple y tranquila, pero firme. No hay que declararle la guerra. Luchar para intentar destruir es dilapidar una energía que se debe utilizar para construir. Las energías de guerra son energías de la consciencia inferior; no se puede manifestar la consciencia superior utilizando medios de la consciencia inferior. El fin no justifica los medios. Si las fuerzas materialistas tienen poder, es porque la gente entra en su juego. El mejor medio de «combatir» las fuerzas de involución y de hacerlas desaparecer del planeta es reconocerlas y retirarse conscientemente de su influencia. Cuando ya nadie responda a su espejismo, habrán perdido todo su poder sin que haya habido que luchar. Entonces tendremos un mundo diferente.
 

El fin está en los medios, como el árbol está en la semilla.

Gandhi.

 

 

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