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LA ACCIÓN EXTERNA. ACCIONES PRÁCTICAS PARA PROPICIAR EL CAMBIO I

El contexto

Para contribuir al cambio de consciencia de la humanidad, y dada la urgencia de la situación, la actuación concreta de cada uno ha de ser tal que ponga de manifiesto en la práctica su propio cambio de consciencia. Pero las acciones sólo serán eficaces si la motivación que subyace en ellas procede del alma y no del ego.

Tiene uno que estar siempre vigilante, aun cuando sus acciones parezcan ser de las más generosas o valiosas, y no olvidar que el resultado de una acción no proviene de la acción en sí misma sino de la intención que subyace en ella. Actuar es esencial en nuestro mundo en transformación, es cierto, pero no se trata de actuar de cualquier forma. Si la acción procede del ego, tarde o temprano causará violencia y sufrimiento; en cambio, si procede de un ámbito de amor, de servicio, de desprendimiento y, en definitiva, de las cualidades del alma, los resultados serán siempre beneficiosos para uno mismo y para los demás.


El resultado de una acción no
proviene de la acción en sí
misma, sino de la intención que
subyace en ella.

Teniendo esto presente, puede uno pasar a la acción de forma concreta en la vida cotidiana aunque no tenga línea directa con el alma para saber si hace «bien». Porque es evidente que no se trata de quedarse cada uno en su rincón y esperar a estar iluminado para pasar a la acción de forma eficaz. El proceso tiene lugar por aproximaciones sucesivas. Es decir: actúa uno conscientemente lo mejor que puede; los resultados de sus acciones le indican hasta dónde ha llegado y cuál es su nivel de consciencia, con lo que puede mejorar el dominio de sí mismo. Por otra parte, pasando a la acción es como puede uno comprobar si su realización espiritual es verdadera o ilusoria. La acción es el crisol que le permite a uno profundizar en el dominio de sí mismo, es el entrenamiento espiritual por excelencia porque es donde uno se ve confrontado a sus fuerzas y a sus debilidades si es consciente, si está vigilante.
 

 

La acción es el fuego purificador de la visión.
Carlos Castañeda

El verdadero proceso de transformación de la consciencia no tiene lugar fuera del mundo, sino a través de las acciones de la vida diaria. A través de los pequeños acontecimientos cotidianos es como uno aprende de sus errores y se esfuerza por adquirir dominio de sí mismo. Es una actitud de responsabilidad constante de las acciones y de sus resultados; una actitud de replanteamiento permanente, de apertura, de buena voluntad, de esfuerzo para poner de manifiesto en nuestras acciones cotidianas los valores superiores. Es una actitud consciente e inteligente que hace que uno actúe por el bien de todos con los recursos de que dispone, aceptando sus límites y trabajando para superarlos. Nuestra alma no nos pide más. Una vez precisado el contexto, veamos ahora cuáles son las grandes líneas de acción concreta que contribuyen eficazmente al cambio. En la actualidad podemos llevar a cabo dos tipos de acciones. El primero consiste en la retirada de las viejas organizaciones procedentes de la consciencia inferior, a fin de quitarles poder (digo bien: retirada, no combate); el segundo, la construcción concreta en nuestra sociedad de unos sistemas nuevos procedentes de la consciencia superior.

 

 

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