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LA ACCIÓN INTERNA. LA PRÁCTICA DE LOS VALORES DEL ALMA
EN LA VIDA COTIDIANA. LOS CAMPOS MORFOGENÉTICOS DE INFORMACIÓN.

La sanación colectiva mediante la sanación personal

Si cambiar nuestro propio nivel de consciencia no es fácil, cambiar el nivel de consciencia de miles de millones de individuos parece una empresa sin esperanza, dado su aparente nivel actual y puesto que el tiempo apremia. El miedo, la violencia, el egoísmo, la ignorancia, la búsqueda del poder y todo lo demás parece anclado en el inconsciente colectivo con demasiada profundidad como para que pueda haber en breve una transformación. Que la masa pase de la consciencia del ego a la del alma en unos años parece una utopía.

Sin embargo, esto podría producirse gracias a un fenómeno bien conocido hoy en día: el de los campos morfogenéticos de información. El principio de ese fenómeno es el siguiente: si en una especie dada (mineral, vegetal, animal o humana), un número suficiente de individuos adquiere un conocimiento específico mediante un aprendizaje concreto, el resto de la especie se hace más receptivo a dicho conocimiento, es decir, que puede adquirirlo con mucha más facilidad, incluso de manera espontánea. No se trata de una simple teoría. El fenómeno ha sido comprobado, no sólo en la conocida experiencia del «mono número cien», sino en otras muchas llevadas a cabo científicamente en especies minerales, animales y humanas.

Aplicado a nuestro propósito, ese fenómeno haría que no fuera necesario que los miles de millones de individuos que componen la población mundial cambiaran de consciencia individualmente para que se elevara el nivel de consciencia de la humanidad. Ni siquiera sería necesario que cambiaran de consciencia la mayoría de los individuos; también sería algo utópico, puesto que son muchos millones de personas. Lo que sí es necesario es que haya un número suficiente de personas que hagan el cambio, las suficientes para crear lo que se llama una «masa crítica». En cuanto se alcance esa masa crítica, puede producirse un vuelco en la consciencia de toda la humanidad en unos años o, en todo caso, en unas décadas. Ésa es nuestra oportunidad, ahí está nuestro poder.

Hace muchísimo tiempo que los grandes maestros de sabiduría conocen el fenómeno de la transmisión de la información. Hace muchísimo tiempo que nos enseñan que todos los seres humanos están vinculados entre sí a través de lo que se llama la Mente Universal. Por ejemplo, cada vez que un ser humano tiene un pensamiento o un gesto de amor, hace crecer un poco el amor que está latente en todos los seres humanos. Y ya sabemos lo sanadora que es la fuerza del amor. Lo mismo ocurre con todos los estados de consciencia, desde los más bajos hasta los más elevados. Cada vez que alguien consigue dominar un poco más la mente inferior y desarrolla la mente superior, más accesible le resulta ese dominio al resto de la humanidad. Cada vez que alguien sana de las memorias del pasado, como su sanación tiene eco en el inconsciente colectivo, más fácil les resulta a otros seres sanar de las suyas.


El cambio de consciencia
individual integrado en la vida
cotidiana es el catalizador que
favorece el cambio de
consciencia colectivo.


O sea, que nuestra transformación personal tiene un impacto mucho mayor de lo que parece en la transformación de la humanidad, siempre que sea real, desde luego, es decir, que se ponga de manifiesto en concreto en la vida de cada día. No se trata ahora de filosofías o de teorías espirituales, por hermosas que sean; hablamos de integrar los valores del alma en la vida cotidiana. Muchas personas que, sin estar enmarcadas en un sistema espiritual concreto, manifiestan naturalmente esos valores de amor, de servicio, de superación, de don de sí, etc., hacen más por la liberación de la humanidad que los que conocen muchas cosas pero son incapaces de dominar su ego en la vida diaria.

Si somos lo bastante numerosos los que actuemos en ese sentido positivo, la consciencia de la humanidad puede cambiar gracias a la dinámica de los campos morfogenéticos de información. La ciencia y el conocimiento esotérico convergen en ese punto. Al trabajar en nuestra propia transformación interior, participamos de un modo natural en la constitución de esa masa crítica que actúa como levadura, como catalizador, para elevar la consciencia del resto de la humanidad. Y si la consciencia colectiva cambia, el mundo cambiará.

Así pues, elevando nuestra propia consciencia contribuimos al bienestar de la humanidad mucho más de lo que pudiéramos imaginar. Y está al alcance de cualquiera. Lo que ocurre es que eso es mucho más exigente para el ego que andar echando las culpas a los demás. Tanto más cuanto que nadie vendrá a felicitarnos por el trabajo que hayamos hecho, porque sólo nuestra alma lo sabrá... Por lo tanto, es un medio efectivo para contribuir a que se instale en la Tierra una nueva consciencia. El trabajo que hagamos sobre nuestro ego, por arduo que sea, no redunda sólo en nuestro beneficio personal; es lo que puede ayudar a la humanidad a salir de las condiciones difíciles en las que se encuentra actualmente.

 

 

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