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El mecanismo de la mente inferior abandonada a sí misma VI
 

6. ALGUNOS EJEMPLOS

He aquí algunos ejemplos sencillos, historias verídicas, que permiten ilustrar los mecanismos de la mente inferior.

JULIE Y EL SOCORRISTA. Julie tiene cuatro años y está pasando unas maravillosas vacaciones al borde del mar con su familia. Un día, su primo, un poco mayor que ella, le propone dar una vuelta en la barquita del abuelo. Muy contenta, Julie acepta. Los dos niños empiezan a remar y se dirigen hacia alta mar, pero cambia el tiempo y el mar empieza a encresparse. Cuando intentan volver bada la orilla, una ola gigantesca vuelca la barca. El socorrista de la playa acude de inmediato a rescatar a Julie que, muerta de miedo, está apunto de ahogarse. Lleva a la niña a tierra firme, la tiende sobre la arena y la reanima. Cuando abre los ojos, sintiéndose salvada, ve a ese guapo muchacho de cabello rubio y grandes ojos azules, de tez bronceada, que le sonríe y la reconforta entre sus brazos. Como se encuentra en un estado de fuerte impacto físico y emocional, en su inconsciente se graba profundamente la imagen que tiene ante sus ojos.

Cuando Julie llega a la edad adulta, hace mucho tiempo que ha olvidado los detalles de aquel incidente. Pero su inconsciente no lo ha olvidado, ni mucho menos... Como por casualidad, a Julie le atraen poderosamente los hombres rubios con grandes ojos azules, y sobre todo si tienen la tez bronceada. Cuando se cruza con alguno por la calle, el corazón le late con fuerza. Ella cree que son sus preferencias, sus gustos; pero, en realidad, es una antigua memoria que se proyecta una y otra vez.

Como ése es el tipo de hombre que le atrae, siempre acaba por entrar en relación con alguno de ellos. Hasta que, un buen día, se compromete con uno y se casa. Al principio se siente profundamente colmada y feliz por esa presencia masculina que le da seguridad y protección. El mecanismo de la mente inferior está en marcha. Pero su percepción deformada de la realidad pronto tropezará con la realidad misma.

Con el tiempo, Julie empieza a darse cuenta de que muchas cosas de ese guapo rubio, que se ha convertido en su marido, no le gustan nada: se levanta todos los días de malhumor; le gustan las películas del Oeste, que ella detesta; la deja sola para que ella se ocupe de los niños; le prohíbe salir con sus amigas; hace con ella el amor de manera más bien fría; es muy avaro; le exige que vaya con él a pescar ¡cuando eso a ella le aburre soberanamente! Y, por fin, se da cuenta de que no están en absoluto en la misma longitud de onda. Durante algún tiempo, todos esos detalles habían sido enmascarados por una reacción emocional grabada en el inconsciente muchísimo tiempo atrás, y fue ese registro el que hizo que Julie se casara con él... Su elección estuvo determinada por un mecanismo procedente del pasado y no por una percepción clara de la realidad y de sus verdaderas necesidades.

Es evidente que todos nosotros creemos conocer nuestras verdaderas necesidades y que eso no nos ocurrirá. No es tan seguro...

Los ESPAGUETIS. Jacques tenía seis años cuando sus padres, tras varios meses de disensiones y disputas, optaron por separarse. No sabiendo qué hacer con el niño, decidieron, por consejo de una amiga, ponerlo interno en un colegio de religiosas para que se ocuparan de él y le dieran una buena educación. En la tarde de un sombrío domingo del mes de noviembre, mientras llovía a cántaros, le dicen a Jacques que recoja sus cosas porque van a llevarlo al internado, Jacques sube con su madre a un coche que lo lleva fuera de la ciudad y que, al poco rato, se detiene ante un imponente edificio. Su madre baja, le dice a Jacques que coja su maletita y ambos entran en un gran hall. Los recibe una hermana sonriente y amable. Jacques tiene el corazón oprimido. No ha podido ver a su padre antes de salir de casa; y ahora sabe que su madre va a marcharse y que se quedará solo en aquel lugar en el que no conoce a nadie. Después de algunas formalidades, su madre le da un beso, le dice que allí estará muy bien y que aquella señora lo llevará a cenar. En efecto, la hermana lo coge de la mano. Jacques gira la cabeza para ver otra vez a su madre, pero ella está atravesando ya el umbral de la puerta. Entonces le invade un miedo terrible y una gran desesperación. La hermana, amable, lo lleva hasta un refectorio donde se sirve la cena. Jacques se sienta y le ponen delante un plato de espaguetis con salsa de tomate. No tiene hambre, come un poco porque le dicen que coma. Pero tiene el estómago encogido y esos espaguetis le dan náuseas. Poco después lo acompañan a su habitación, y allí se pone a llorar. Tiene miedo. Los pocos espaguetis que ha comido los tiene en la boca del estómago, y al rato los vomita. Está enfermo. Está asustado. Y está solo.

Van pasando los días, y acaban por pasar los años. La vida cambia. Jacques crece, cambia de colegio, se hace adulto. No le quedan más que vagos recuerdos de aquel episodio siniestro. Pero el inconsciente lo ha registrado todo.

Jacques lleva ahora una vida normal. Sin embargo, hay algo extraño con relación a su salud, y es que es alérgico a los espaguetis con salsa de tomate. En cuanto intenta comerlos, su estómago se contrae y los vomita con violencia; se vuelve irritable, se deprime, se pone de muy mal humor. Ni siquiera tolera ver un plato de espaguetis en la mesa, porque sólo de verlos se vuelve agresivo. Los espaguetis no le sientan bien. Como quisiera poder comerlos, como todo el mundo, consulta a algunos médicos que le dan todo tipo de pastillas para mejorar la digestión y diversos tratamientos, que no sirven para nada. Todo sigue igual. Jacques no puede comer espaguetis sin ponerse enfermo.

Es evidente que la causa no está en los espaguetis ni en su estómago. Lo que ocurre sencillamente es que cuando Jacques ve el plato de espaguetis, su inconsciente lo lleva de inmediato a la edad de seis años. Y le recuerda: espaguetis igual a abandono, miedo, soledad y mucho sufrimiento.

Aparte del problema con los espaguetis, a Jacques le causa, horror el mes de noviembre. Es un período del año en el que está terriblemente deprimido y ansioso. Le han dicho que es normal, porque empieza el invierno y hay menos sol. Para contrarrestar su depresión, le han dado medicamentos... que no le han hecho ningún efecto. Ha intentado viajar en esa época del año, pero tampoco le ha servido para mejorar gran cosa. Para el inconsciente de Jacques, noviembre significa soledad y abandono... Mientras no se haya curado el sufrimiento, es decir, mientras no se desactive esa memoria, Jacques seguirá teniendo en su vida esas limitaciones y reaccionando de ese modo tan desagradable.

Se puede pensar que la situación de Jacques no es muy grave. Puede comer cualquier otra cosa que no sean espaguetis y tomarse vacaciones en noviembre, y con eso está todo resuelto. Pero no. Cuando hay un choque emocional de ese tipo, no son solamente los espaguetis o el mes de noviembre lo que suscitará reacciones violentas y negativas físicas y emocionales, sino que cualquier otro detalle registrado por el inconsciente en aquel momento tenderá a proyectarse sobre la realidad presente en otras muchas circunstancias. Veremos, cuando estudiemos las estructuras fundamentales del inconsciente, cómo ese tipo de memorias condiciona todo un conjunto de comportamientos concretos en nuestra vida.

La historia de los espaguetis nos hace ver cuan triviales pueden ser las fuentes de reactivación en la mente inferior. Y eso es precisamente lo que condiciona nuestra vida cotidiana. ¿Cuántas cosas nos gustaría hacer en la vida y nunca las hemos hecho porque un recuerdo alojado en el inconsciente ha bloqueado la energía, nos ha impedido pensar de forma inteligente y libre, y nos ha hecho creer que no era posible, que no era interesante o que resultaba peligroso? O, por el contrario, ¿cuántas veces nos hemos dejado llevar por el entusiasmo al actuar de determinada manera o al tomar ciertas decisiones que luego han resultado inapropiadas? ¿Cuántas limitaciones y dificultades psicológicas arrastramos que tienen su origen en nuestro pasado? ¿Cuántos males físicos tienen su origen en ese tipo de experiencias, sin que el organismo funcione mal en ningún sitio?

Las vivencias que hemos presentado son ejemplos sencillos que muestran cómo la mente inferior interfiere en cada instante de nuestra vida con una percepción de la realidad que interpreta según su propio sistema, determinando así nuestro comportamiento. La siguiente historia mostrará cómo puede estar condicionada toda una vida por una memoria activa no resuelta. En este caso se trata de un fuerte impacto emocional:

AMÉLIE Y LAS ESTRELLAS. Amélie tenía cinco años y quería mucho a su mamá, quien, de carácter dulce y afectuoso, la rodeaba de todo el amor que la niña necesitaba. Le contaba unos cuentos maravillosos y, al comienzo de aquel verano, habían tomado la costumbre de salir todas las noches al jardín para mirar las estrellas. Para Amélie era el mejor momento del día, su madre le contaba cuentos en los que intervenían personajes que vivían en las estrellas. Después, Amélie se iba a acostar acompañada por esos seres maravillosos que cuidaban de ella desde el mundo encantado de los cielos. Un día su mamá, que había ido a hacer unas compras a una ciudad próxima, no regresó a la hora de cenar. Su padre recibió una llamada de teléfono y tuvo que marcharse con urgencia, y una vecina vino a ocuparse de Amélie. Se quedó muy decepcionada. Aquella noche no hubo cuentos ni estrellas. Fue a acostarse muy triste, preguntándose dónde estaría su mamá, porque, en general, cuando iba a algún sitio, se lo decía. Al día siguiente por la mañana llegó a casa su abuelita, y todo el mundo parecía consternado. Pero su mamá seguía ausente. Cuando Amélie preguntó dónde estaba, su abuela le dijo que había tenido un accidente de coche y la estaban cuidando en el hospital. Amélie no comprendía por qué no la cuidaban en casa, y se puso a llorar. Su abuela, la consoló lo mejor que pudo. Por la noche, Amélie salió a mirar las estrellas ella sola; su abuelita se sentó a su lado enseguida. Amélie le habló un poco del mundo de las estrellas tal como su mamá se lo había descrito. La abuela suspiró profundamente, le caían gruesas lágrimas por las mejillas, y le dijo a Amélie que su mamá se había ido con los seres de las estrellas, que no volvería del hospital. Amélie tardó en comprender, basta que su abuela le explicó que no volvería a ver a su mamá, que se había marchado para siempre. Algo se clavó entonces en el corazón de Amélie.

Miró las estrellas por última vez. Después su abuela la llevó a su habitación y la metió en la cama, pero Amélie no se podía dormir. Tenía demasiada pena, era demasiado para ella, le parecía que iba a estallarle el corazón. Lloró mucho tiempo sobre la almohada, pensando en su mamá, que estaba en las estrellas. Al fin se durmió.

Todo aquello le hacía demasiado daño como para que guardara un recuerdo consciente. El dolor que le causaba la pérdida que acababa de sufrir era demasiado intenso para su corazón de nina.

Y fueron pasando los días, y los meses, y los años, y Amélie olvidó por completo aquellas dulces noches. No conservó ningún recuerdo consciente de los momentos que pasaba en el jardín con su madre ni de su exploración de las estrellas. Sin embargo, tenía en el inconsciente una marca profunda que iba a condicionar una gran parte de su vida.

Cuando llegó a la universidad Amélie optó por la rama científica. Le iba muy bien. En un determinado momento, en el programa de estudios se ofrecía un curso facultativo de astronomía, con especialización en astrofísica. Al verlo, algo muy fuerte se despertó en ella. No sólo se inscribió en aquel curso, sino que siguió otros dos complementarios. Su carrera estaba decidida, había descubierto su pasión: la astrofísica. Estudiaba noche y día, y superó todos los exámenes con sobresalientes. Al poco tiempo, entró a formar parte de un grupo de estudio avanzado en un centro estatal de investigación. Era una apasionada de su trabajo. Por la mañana era la primera en llegar al laboratorio y la última que se marchaba por la tarde; con frecuencia iba incluso los fines de semana para terminar un informe o acabar algún experimento. El espacio la fascinaba, quería saber lo que había en aquellos lejanos planetas. Pasaba días enteros anotando con infinita paciencia el desplazamiento de alguna estrella. Su entrega al trabajo asombraba a sus colegas. Hubiera querido formar parte del equipo de exploración espacial, y lo solicitó varias veces, pero no fue aceptada a causa de su precaria salud y de su estrés. Compensó su decepción intensificando el trabajo en el laboratorio. Hizo interesantes descubrimientos en astrofísica, pues era muy inteligente. Pronto fue muy conocida en ese medio, y tomó parte en algunos de los coloquios de mayor prestigio. A menudo se sentía cansada y al límite de sus fuerzas, pero no cesaba de trabajar para profundizar en sus investigaciones. Toda su vida estaba condicionada por el trabajo. Salía, poco. Se había casado con un colega y tenía dos hijos. Pero la familia ocupaba, en su vida un lugar secundario; lo principal era su trabajo de investigación.

Así fueron pasando los años hasta el día en que Amélie se encontró exhausta y sola. Sus hijos, de los que nunca se había ocupado demasiado, se habían marchado de casa, y su marido también, cansado de una mujer con estrés permanente y siempre tensa a causa del trabajo, tan poco disponible para vivir, y nunca verdaderamente dichosa. Además, Amélie empezaba a sentirse enferma. No sólo había pasado largos años sin realizar la más mínima actividad física, sino que, además, siempre había vivido en un estado de tensión interior al que ella misma no encontraba explicación. El trabajo en sí mismo era interesante, y no le causaba estrés. No obstante, Amélie tenía siempre el ceño fruncido, como si algo no fuera bien. Y todo eso empezaba a tener repercusiones dolorosas en su cuerpo físico. Sola y enferma, Amélie empezó a hacerse preguntas. Intentó cambiar algunos aspectos de su vida. Todo el mundo le decía que trabajara menos, pero no podía. No trabajar era como si le arrancaran el corazón...

Pasó mucho tiempo antes de que Amélie emprendiera un trabajo interior y descubriera al fin las bases sobre las que había construido su vida. ¿Qué hacía Amélie, en el fondo, al llevar a cabo un trabajo científico tan bueno que la había hecho célebre? Inconscientemente buscaba a su mamá... Es decir, la energía bloqueada en la infancia buscaba un exutorio y había mantenido a Amélie en un estado de estrés y de tensión interior permanentes, arruinando su salud, sus relaciones familiares y su realización personal. Mientras estuviera activo el mecanismo del inconsciente, Amélie no podría nunca estar verdaderamente satisfecha, ni de su trabajo ni de ninguna otra cosa. Porque la voluntad del inconsciente no era en realidad ejercer su profesión, sino encontrar a su mamá para deshacerse de aquella experiencia no integrada. Pero, aunque la hubiera encontrado, eso no hubiera sido suficiente. Para liberarse de aquel mecanismo, tenía que curar la herida, es decir, desactivar la carga emocional acumulada en el recuerdo.

En el curso de un trabajo interior, Amélie trajo a la memoria la experiencia de la niña profundamente herida, y, sobre todo, consiguió la sanación (No es necesario conocer la historia para obtener la sanación). En cuanto pudo desembarazarse de aquella memoria activa mediante un trabajo adecuado, liberada de la tiranía del inconsciente, continuó enriqueciendo a la comunidad científica con sus conocimientos e investigaciones, realizando una gran contribución en el campo de la astrofísica. Pero con equilibrio, sin compulsión, sin tensión, sin estrés inútil y, sobre todo, con una gran satisfacción.

Para Amélie, el exutorio para la energía bloqueada había sido el trabajo, mezclando su propia voluntad consciente con la voluntad del inconsciente que controlaba y limitaba su energía. Para otras personas, en otros casos, será otra cosa. Pero el resultado es siempre el mismo: insatisfacción, fracaso, estrés, ansiedad, tensión física y emocional, fatiga o hiperactividad; en una palabra, todas las variantes del malestar interno.

Este caso particular, como otros muchos que hemos podido observar en la práctica de nuestra profesión, muestra con claridad cuál es el mecanismo de la personalidad. Por positivo que sea lo que hagamos o lo que obtengamos, siempre estamos insatisfechos, siempre nos falta algo. Entonces resulta fácil quejarse, deprimirse, echarles la culpa a los demás o a las circunstancias, perder energía, caer enfermo o forzar una y otra vez las situaciones. Es un pozo sin fondo. La compulsión de Amélie, aunque había echado a perder un aspecto de su vida, la llevaba por fortuna a realizar estudios e investigaciones valiosos, o sea, una actividad positiva. Es decir que, a pesar de todo, actuaba en cierta forma la voluntad de su alma. Por eso le resultó fácil rectificar las cosas.

En otros casos, los mecanismos procedentes del inconsciente son menos positivos. Algunas personas tienen una gran dependencia afectiva y se pasan la vida corriendo detrás del amor y de la aprobación; otras tratan de llenarse hasta la saciedad con todo aquello con lo que pueden llenarse físicamente (alimentos, drogas, sexo, alcohol, tabaco), o interpretan el papel de víctimas, o se mueren de miedo y de inseguridad; otras intentan controlar a los demás de forma compulsiva, o reaccionan con obcecación, o con violencia y abuso de poder. La dinámica de la personalidad puede ser muy destructora física o psicológicamente. En realidad, encontramos todos los comportamientos descritos en un especio anterior.

La mente inferior no se limita a proyectar las experiencias y decisiones pasadas sobre la realidad presente, sino que, además, protege ese amasijo de memorias mediante determinadas estrategias que forman parte integrante de su mecanismo. A fin de completar la explicación básica del funcionamiento del ordenador, vamos a describir algunas de ellas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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