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La manifestación del Ser, ¿el paraíso en la Tierra?

Sí y no, depende de lo que se entienda por paraíso... Todas las consecuencias de la manifestación del Ser que acabamos de exponer parecen muy positivas, pero son muy poca cosa comparadas con la realidad. En efecto, cuando el ego esté totalmente dominado y el alma se haya hecho cargo por completo de la personalidad, estaremos en condiciones de vivir en un estado de consciencia que va mucho más allá de lo que hemos descrito aquí y de lo que podemos imaginar.

Pero todavía no tenemos dominado el ego y, por el momento, hay en nosotros una mezcla de dos voluntades: la del ego y la del alma. Estamos realizando un aprendizaje, y si queremos avanzar hacia ese estado de consciencia superior y de libertad absoluta al que aspiramos, debemos comprender todas las incidencias del camino.
 

La vida que conduce a la
manifestación completa del alma
es esencialmente una vida de
superación.

Como ya hemos subrayado al comienzo de este espacio, no avanzamos hacia la expresión del alma mejorando progresivamente el ego. Avanzamos soltando una atadura tras otra, con desprendimientos cada vez más difíciles. Eso significa que, mientras el ego esté presente, tratar de poner en acción la energía del alma no hará nuestra vida más agradable o más fácil. Al contrario. En la situación intermedia en la que nos encontramos, vivir en la luz del alma puede no ser cómodo en absoluto, porque la luz permite ver todos los aspectos del ego que todavía no han sido resueltos.

Es muy importante que comprendamos esa dinámica porque, a lo largo del camino de la transformación, quizá tengamos la impresión de que la vida es tanto más difícil y nos presenta tantos más retos cuanto más presente está la energía del alma, al menos durante algún tiempo. En el camino de la liberación del ego y de la manifestación del Ser no hay lugar para el descanso. Es un camino de conquista, de superación, de fracaso, de desesperanza..., y de liberación, de paciencia, de donación, de desprendimiento, de perseverancia y de valor.

La vida en esas condiciones no es fácil ni cómoda, pero es apasionante y fascinadora. Es un olvido de sí que permite encontrarse a sí mismo, es un don permanente que enriquece interiormente; no aporta ninguna satisfacción a la personalidad, pero proporciona una gran alegría y una gran libertad al ser.

El alma quiere manifestarse plenamente a través de la personalidad. La comodidad no le interesa, no le satisface. Se siente satisfecha cada vez que ha realizado una acción de servicio, cada vez que ha curado una herida o ha aportado ayuda; cada vez que el amor ha triunfado sobre el miedo, cada vez que una parte de sombra ha sido transformada en luz en el interior de uno mismo y en el planeta. Que la personalidad resista todavía en sus últimas trincheras, que considere el juego muy exigente, eso le importa poco al alma. El alma ama su instrumento, pero no por eso va a dejar de exigirle que rinda al máximo de su capacidad.

Es en ese aspecto en el que todavía existe mucha confusión. Algunas enseñanzas de la nueva era o de crecimiento personal atraen con el señuelo de que si uno «se engancha» espiritual-mente, vivirá cada vez más feliz y en medio de la abundancia, tendrá buena salud, realizará todos sus deseos, y todo irá bien. Eso es pura ilusión. No es eso lo que ocurre. Cuando uno avanza en el camino espiritual y va adquiriendo cada vez más control de sí mismo, tiene cada vez más posibilidades de entrar en contacto con toda la alegría y la plenitud del alma, y con todos sus aspectos positivos, tal como acabamos de describir. Pero, al mismo tiempo, mientras no seamos capaces de vivir desde el alma –o, mejor aún, que el alma viva en uno mismo-, mientras quede la más mínima parcela de voluntad del ego, tendremos que enfrentarnos a él, y la vida no será fácil. Al contrario. Los retos son grandes; las pruebas, difíciles; pero tendremos fuerza y recursos internos suficientes para hacerles frente. Y el que esté dispuesto a ello ha de saber que, desde luego, vale la pena.
De modo que las cualidades de la manifestación del alma que acabamos de describir no aportan satisfacción al ego. Sólo se pueden vivir en la energía del alma, es decir, en un estado de consciencia muy distinto del que tenemos en la vida corriente. Eso se olvida con frecuencia y, sin embargo, es lo más importante. Para acceder a tan hermosos resultados, tenemos que haber soltado las ataduras de todos nuestros miedos, de nuestras inseguridades, de todas las expectativas mentales-emocionales del ego, de nuestros deseos de comodidad, de facilidad, de posesión, de todas nuestras creencias e ideales de la mente. La motivación del alma no es satisfacer el fárrago mental-emocional del ordenador, sino todo lo contrario, está orientada hacia el servicio y el don de sí, algo que le da horror al ego. Por eso, por magnífica que hayamos encontrado la descripción de los aspectos positivos que se derivan del contacto con el alma, hemos de comprender que eso le costará muy caro al ego. Y, mientras el ego no haya soltado sus ataduras, habrá mucho sufrimiento. Lanzarse a la búsqueda espiritual esperando (consciente o inconscientemente) satisfacer un deseo cualquiera o una falsa necesidad del ego es una ilusión que mantiene a muchas personas bastante perdidas en caminos llamados espirituales o de crecimiento, y que no tienen salida.

Para encontrar la paz hay que haber dejado de desear la paz, para encontrar la seguridad hay que haber dejado de desear la seguridad, para encontrar el amor hay que haber dejado de desear el amor, para encontrar la libertad hay que haber dejado de desear..., y haber sustituido los deseos de la personalidad por la voluntad luminosa del alma.

Y cuando el ego haya sido dominado completamente, entonces serán nuestras la plenitud, la magia y la libertad absoluta del Ser esencial que somos.

Es posible alcanzar un punto en el que nada de lo que ocurra pueda turbar la serenidad interior; en el que sea conocida y experimentada la paz que sobrepasa toda inteligencia porque la consciencia nace desde el alma y el ser humano está viviendo en el alma, que es la paz misma, el santuario de la vida búdica; así se llega a una felicidad basada, no en lo que ocurre en los tres mundos, sino en la realización interior de una existencia independiente y por encima del “yo”, una existencia que permanece cuando el tiempo y el espacio, con todo lo que contienen, ya no existen; esa felicidad se alcanza cuando, después de haber recorrido y padecido todas las ilusiones de los planos inferiores, éstos se han transformado por medio de la consciencia, del ver la verdad de lo que es y se han superado; permanece cuando el pequeño mundo de las empresas humanas se desvanece ante nuestros ojos; se basa esta felicidad plena en el conocimiento y vivencia del YO SOY.

Aunque no lleguemos a percibir en su totalidad la belleza, la potencia y la libertad infinitas que puede aportar la experiencia de vivir desde el alma, y aunque sepamos que el camino puede ser exigente, podemos no obstante darnos cuenta de hasta qué punto el cambio de consciencia puede aportarnos lo que todos buscamos: la paz, la alegría, la potencia, el amor, la plenitud y, en definitiva, LA LIBERTAD DE SER en plenitud la esencia profunda de lo que somos.

Las preguntas que nos planteamos entonces son las siguientes: ¿Cómo profundizar y realizar ese pleno contacto con el alma? ¿Podemos actuar conscientemente para acelerar ese proceso? Desde hace miles de años los seres humanos han intentado responder a esas preguntas. Todas las disciplinas espirituales y de crecimiento han sido, y son todavía, intentos, más o menos afortunados, de responder a esa llamada. Se han dado numerosas y variadas respuestas, pero el camino no es fácil en ningún caso y está lleno de trampas. A lo largo de todo esta espacio Web presentamos una perspectiva global de los recursos, herramientas, procesos –y también vivencias que pueden resultar útiles- para la transmutación o transformación. De esa forma se puede comprender mejor la dinámica de la transformación espiritual. Deseamos así ayudar al viajero que camina hacia su luz y hacia su libertad, cualquiera que sea el método que siga, del mismo modo que un buen mapa de carreteras o unas buenas indicaciones pueden facilitar el viaje sea cual sea el medio de locomoción utilizado.

 

 

 

 

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