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El funcionamiento ideal o el objetivo a alcanzar

El objetivo ÚLTIMO de la mente inferior es ser:

— un instrumento que registre y transmita al Ser la información procedente de los tres mundos, y

— una herramienta que transmita fielmente la respuesta del Ser a la personalidad a fin de que ésta pueda ejecutar su voluntad en los tres mundos (el cochero está totalmente al servido del amo).


La mente inferior es la parte de la personalidad que registra la información procedente del entorno a través de los cinco sentidos físicos. Desde el punto de vista ideal, debería estar silenciosa, y limitarse a transmitir la información a la mente superior sin distorsión alguna, la cual, a su vez, la transmite al Ser. Éste da su respuesta, que es recibida por la mente superior en forma de ideas y de intuición, y la transmite a la mente inferior, la cual, siempre silenciosa y receptiva, la transforma en pensamientos que activan tanto el cuerpo emocional como el físico. Entonces se pasa a la acción de forma justa y buena, expresando en el mundo la voluntad del alma. De modo que, en ese funcionamiento ideal, la mente inferior no es más que un intermediario dócil y fiable entre el mundo físico y el alma, a través de la mente superior. El cuerpo emocional está dominado por la mente superior activa y la mente inferior neutra. Está siempre en calma, no pierde su energía, y ya no tiene impacto en las reacciones de la personalidad. (El caballo está dominado por un cochero inteligente, el cual, a su vez, está totalmente a la escucha de su dueño y obedece sus órdenes.) La voluntad del ego y la del Ser se han unido en una sola voluntad. La personalidad es entonces un instrumento dócil y perfecto de la expresión del Ser (Ver el siguiente esquema). En la actualidad, todavía son muy pocos los seres humanos que han conseguido ese dominio. En cambio, son muchos los que han comenzado su búsqueda.

En algunos momentos ya actuamos así, de modo que no está tan fuera de nuestro alcance. La consciencia humana ha ido evolucionando a lo largo de millones de años de aprendizaje, y ya se han establecido algunos circuitos que vinculan directamente a la personalidad con el Ser. Gracias a esos «caminos» de la consciencia superior, ya construidos, tenemos acceso a todas las cualidades que la personalidad ha ido integrando a lo largo de los



 

siglos. Mozart, por ejemplo, se encarnó con una mente inferior muy receptiva a la gran música del Ser, y con una competencia suficiente para que su consciencia la expresara de modo concreto, poniéndola de manifiesto en el mundo físico. Su riqueza no consistía en recuerdos acumulados, sino en la capacidad de la personalidad de conectar directamente con el Ser. Construir esa conexión, preparar esa receptividad, tal vez lleva «mucho tiempo», miles y miles de años, pero, una vez establecido el contacto, el conocimiento es instantáneo. No se adquiere, se entra en contacto con él al instante (siempre y cuando la mente inferior esté silenciosa...).Eso explica por qué algunos Maestros de sabiduría dicen que la transformación no se «trabaja». Efectivamente, las cualidades divinas no se cultivan. Están ahí. Para tener acceso a ellas, basta que la personalidad sea receptiva y que se deshaga de los obstáculos del pasado. Pero ese pequeño «basta», ¡es todo un programa! (es el desarrollo de ese programa lo que lleva tiempo,..). Así que, el pasado no hace lo que somos, pero sus aspectos no integrados nos limitan. Cuando lo hayamos armonizado e integrado plenamente, poseeremos un instrumento fiable y disponible para expresar lo que somos en los tres mundos. Esta manera de ver las cosas es contraria al principio racional de causa y efecto lineales. Nos lo han dicho con frecuencia: «no hay nada que aprender, basta con que volvamos a ser lo que somos realmente» (pero, además, con un instrumento que nos permita manifestarlo en el mundo...).

 

El conocimiento verdadero
no procede de una acumulación de recuerdos.
Proviene directamente del Ser.

A veces vivimos esos momentos de gracia, momentos en los que nos encontramos en un estado de serenidad y de amor que procede del Ser. Pero, en otros, no nos conducimos con tanta armonía. No conseguimos paz, ni alegría, ni energía, ni dominio de nosotros mismos, y la vida se nos hace difícil e insatisfactoria. Nuestra mente surjerior no está todavía completamente desarrollada, y todavía tenemos una menté inferior cargada con toda clase de recuerdos no integrados, que proceden de experiencias pasadas y en los que se apoya la voluntad independiente del ego, y que no favorecen en modo alguno la experiencia de bienestar y de libertad. Es un mecanismo que nos concierne a todos; por eso lo describiremos cuidadosamente. Porque, para desactivarlo, primero hemos de reconocerlo. De lo contrario, arruinará todos los esfuerzos que hagamos para avanzar en el camino de la realización espiritual.

 

 

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