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Sistema de defensa de la estructura psicópata II

Consecuencias internas de este sistema de defensa:

1. Pérdida de la verdadera identidad, falta de confianza en sí mismo

La persona ha dado tanta importancia al reconocimiento y a la gratitud de los demás que se ha identificado con ello y ha perdido el sentido profundo de su propia identidad, que viene del alma y que es totalmente independiente de lo que los demás piensen o perciban de nosotros.

Encontramos aquí la noción de «persona», tal como la definen el Diccionario del Psicoanálisis Larousse y la Enciclopedia Universalis, respectivamente:

«persona, concepto introducido por Jung y definido por él de la manera siguiente: "Una complejidad de funciones que se ha formado por necesarias razones de adaptación o de comodidad, pero que no es idéntica a la individualidad. [...]" O bien: "La persona es un compromiso entre lo que el individuo es y lo que parece ser ante la sociedad". Se trata pues de una máscara que sólo funciona de forma positiva en la medida en la que el individuo no se identifica con ella [...]»

En términos muy generales, la persona da a todo sujeto social un triple juego de posibilidades: «mostrarse bajo un aspecto u otro», «esconderse detrás de una u otra máscara», «construirse un rostro y un comportamiento determinados y hacer de ellos un muro de defensa» (diálogo entre el yo y el inconsciente). Adoptamos un rostro u otro según las circunstancias, representamos un papel social, o nos diferenciamos de los demás por un título (doctor, profesor, coronel, etc.) que son otros tantos efectos de la función psíquica que ocultan a la persona. [...] Esa tarea de integración social exige de cada sujeto una inversión considerable de energía. Obliga a esconder facetas completas de la vida interior y dejar yermas la casi totalidad de las posibilidades del individuo. [...] El sujeto tiene que aplicarse a dominar las estructuras de adaptación. Pero la adaptación, más o menos conseguida, según el caso, no es la finalidad de la vida psíquica, según Jung. No es más que una condición que le llevará a intentar «descubrir su alma» en la segunda parte de su vida.

Es curioso constatar que esta estructura, la psicópata, que con frecuencia hace a la gente arrogante, orgullosa e imbuida de sí misma, se apoya de hecho en la falta de confianza en uno mismo, en la incertidumbre del propio poder.

Porque, cuando uno ha perdido la noción de su verdadera identidad, tiene una constante inseguridad frente a lo que es. Y, si esto da lugar a un comportamiento tan desmesurado en cuanto a la seducción y a la manipulación, es debido a que la pérdida es muy dolorosa. Intenta a la desesperada encontrarse a sí mismo a través de los demás y hallar el poder real y auténtico de su alma, que ha perdido. Pero es una búsqueda sin esperanza, porque no se encuentra uno a sí mismo realizando acciones fuera de lo común, ni tampoco a través de la admiración o del amor de los demás. Observemos que esta falta de confianza en sí mismo es muy distinta de la que se tiene en la estructura maso. En esta última, el sistema de defensa es la sumisión y la rebelión. La propia identidad queda aplastada, pero uno no pierde su sentido: el maso sufre, pero, aunque haya perdido confianza en su propio poder, siente perfectamente quién es él. El psicópata, en cambio, ya no sabe quién es: buscando el amor de los demás, se ha perdido a sí mismo. Ha perdido su verdadero poder, lo ha sustituido por el poder del ego.

 

2. Dependencia frente a la opinión de los demás

Es una dependencia muy generalizada, hasta el punto de que parece formar parte intrínseca de la naturaleza humana. Es origen de grandes sufrimientos. La independencia frente a la opinión de los demás es prueba de una gran madurez y garantiza la verdadera libertad. Hablamos aquí de una independencia real, flexible y abierta, no de una insensibilidad rígida, que encontraremos en la próxima estructura, la rígida.

 

3. Incapacidad de aceptarse uno como es, perfeccionismo

Cuando uno pierde el contacto con su propia identidad, no puede amarse verdaderamente a sí mismo, y le resulta muy difícil aceptarse tal como es, con sus cualidades y defectos. Se exige uno mucho a sí mismo, pero no de forma libre y creadora, sino por miedo. Quiere uno ser «perfecto», bien por puro y simple orgullo, bien porque cree que así será amado. Pero, perfecto... ¿según qué criterio? Eso origina una gran tensión interior.


4. Ansiedad permanente

La inquietud frente a la propia identidad y a la necesidad de ser perfecto genera un estado permanente de ansiedad, con frecuencia oculto bajo una intensa actividad. Siempre se pregunta uno, de forma más o menos inconsciente, si será lo suficientemente bueno y lo bastante interesante, brillante y perfecto para ser apreciado y querido por los demás, y, sobre todo, para no ser nunca traicionado. El miedo a la traición, siempre presente, no sólo hace crecer esa ansiedad sino que, además, lleva consigo una absoluta desconfianza en la gente; todo eso hace vivir con un estrés permanente.

 

5. Búsqueda del poder de influencia para sentirse amado

El que está atrapado en esta estructura desea influir en los demás para que lo quieran. El poder que le interesa es el que va acompañado de gratitud, admiración y amor de todo el mundo; tener poder sintiéndose odiado no le interesa en absoluto (cosa que no ocurre en la estructura siguiente, la rígida).

Además, no sólo quiere ser amado, quiere ser el único amado; en todo caso, el preferido. Que otro reciba tanto amor como él o más le causa un gran sufrimiento. Así que está constantemente compitiendo por acaparar la energía de los demás, pues recibir amor y aprobación es recibir energía. Quiere tener el monopolio. Eso entraña una envidia distinta de la del maso. El maso envidia a los demás por su (aparente) felicidad; el psicópata es celoso, compite (la mayoría de las veces de forma inconsciente) con todo el que pueda arrebatarle su situación de preferido. Se comprende fácilmente que esta actitud deteriore o incluso destruya toda relación.

Amar y ser amado es algo sencillo y natural para el alma. Pero, como la estructura psicópata lleva consigo una carga emocional no resuelta, el que está aprisionado en ella transforma ese movimiento natural en una necesidad traumática. Por eso nada le basta para sentirse amado, reconocido y liberado de sus temores; haga lo que haga, obtenga lo que obtenga, nunca le parecerá suficiente. Nunca tendrá la dulce, serena y profunda sensación de SER que da la presencia del alma. Siempre le hará falta más, y vivirá en una inquietud permanente.

Los mecanismos que en la estructura psicópata intentan contrarrestar la pérdida de la verdadera identidad generan determinados comportamientos, que vamos a describir a continuación.

 

 

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